Día Mundial del Ictus

Cómo detectar un ictus

Detectar un ictus a tiempo es fundamental. Detectar un ictus a tiempo es fundamental.

Detectar un ictus a tiempo es fundamental.

El ictusaccidente cerebrovascular, está provocado por la rotura o bloque por un coágulo de una vena del cerebro.  Según los últimos estudios, cerca de 15.000 andaluces lo sufren al año, lo que convierte a Andalucía es la comunidad autónoma española con más mortalidad por esta enfermedad. Además, es la primera causa de discapacidad.

Pero, ¿cómo puede saberse que estamos sufriendo un ictus? Pues hay varios síntomas más evidentes y otros más difíciles de interpretar, pero éstas son algunas de las claves:

  • Un dolor de cabeza muy fuerte y que llega de repente es uno de los síntomas más comunes.
  • Normalmente, puede producirse una alteración del habla, con dificultad para expresarse de manera lógica.
  • Además, hay que vigilar una pérdida repentina de fuerza en alguna parte del cuerpo o incluso en todo un lado del mismo, así como la falta de coordinación.
  • Además, el ictus puede ir acompañado también de vértigos o de imposibilidad de guardar el equilibrio. Una caída repentina y sin causa aparente es un claro síntoma de ello.
  • Asimismo, puede producirse una alteración en la visión ya sea en los dos ojos o solamente en uno de ellos.
  • Tener la boca torcida o ser incapaz de sonreír son otros de los síntomas a los que hay que prestar atención.

Pruebas de detección

Con tres sencillas preguntas, es posible detectar si una persona está sufriendo un ictus. ¿Eres capaz de sonreír?, ¿puedes repetir una frase? o ¿puedes levantar los brazos? son cuestiones importantes para saber si estamos ante este tipo de cuadro clínico. 

Si alguna de estas preguntas no es resuelta de forma satisfactoria, habría que acudir con urgencia al hospital más cercano y que se activara el protocolo de Ictus.

También hay que prevenir

Con la práctica de rutinas saludables y con una serie de pautas, es posible disminuir el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Realizar ejercicio físico moderado, pero con regularidad y mantener una alimentación sana, con un consumo mínimo de azúcares es clave.

Además, es recomendable controlar la presión arterial y el contenido de grasas en la sangre

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