El Carmen Doloroso: una mili con mucha enjundia

De izquierda a derecha, José Ramón Mateo, Dolores López y José Manuel Rodríguez, en la puerta de Ómnium Sanctórum.
De izquierda a derecha, José Ramón Mateo, Dolores López y José Manuel Rodríguez, en la puerta de Ómnium Sanctórum.
Francisco Correal

08 de abril 2009 - 01:00

EN la muy Mariana Ciudad de Sevilla a las santas horas de las 7:30 p.m. (en primera convocatoria) y las 8:00 p.m. (en segunda) del día 28 de abril de 1984 se reúnen una serie de hermanos... Así comienza el primer acta de la hermandad del Carmen Doloroso. Una reunión fundacional de la que el martes de Feria se cumplirán 25 años y en la que se planteó la reorganización como hermandad de Gloria de la hasta entonces llamada de la Santísima Virgen de las Maravillas.

En el orden del día se constituyó una primera junta gestora. La mayordomía la formaban Mercedes Marín y María del Carmen Pazo-Parga. Junto al nombre de Luis Luque, diputado de Caridad y relaciones públicas, había un asterisco. A pie de página se leía: "Al estar cumpliendo el servicio militar se le permite que si alguna vez no puede realizar su tarea delegue en otra persona".

El servicio militar del primer diputado de Caridad del Carmen Doloroso es mucho más que una anécdota. Esta hermandad nace en el cuartel de San Fernando y forman su junta oficiosa 14 marineros sevillanos que coincidieron en la Isla haciendo el servicio militar.

José Manuel Rodríguez Núñez, sevillano de la Puerta Osario, y José Ramón Mateos, de Santa Clara, coincidieron de niños en el colegio San Luis Gonzaga de Trajano. Pero no fue eso lo que los unió para siempre y los hizo, en palabras de uno de ellos, "más que amigos, hermanos".

El 2 de marzo de 1982 empieza su servicio militar en San Fernando José Manuel Rodríguez, que acababa de aprobar sus oposiciones a funcionario judicial con destino en el juzgado de Mairena del Alcor. El 2 de mayo llega José Ramón Mateo. "A San Fernando; yo, que le tenía miedo a las barquitas de la plaza de España". Mateo era entonces electricista en Casa Márquez, oficio que sigue ejerciendo. Ellos son los que animan el cotarro castrense. "Los catorce éramos cabos de Marinería". El trío lo completa Julio Cabrera, de la misma promoción. Sevillano de Nervión, tiene una empresa de toldos en Madrid. Es hermano mayor de la Hermandad de los Gitanos de la capital de España.

En San Fernando, patria chica del cardenal Spínola y de Camarón, empieza a germinar una hermosa historia. "Poníamos 20 duros cada uno para comprarle flores a la Virgen en la misa", recuerda Ramón. "A veces lo cogíamos del dinero para la comida". Las reuniones cofrades las hacían donde podían: en la brigada, en dependencias de la segunda comandancia. Contaron con la complicidad de Salvador García Prat, capellán del cuartel, que les acompañó al frustrado intento de conseguir del párroco de San Marcos acogida para la hermandad. "Era un cura navarro y se cerró en banda. Decía que lo de los costaleros era una animalada", recuerda Mateo, que acudió a la cita recién llegado del cuartel con uniforme de la Marina.

En la mili de San Fernando, Mateo le propuso a José Manuel Rodríguez que fuera pregonero de la Virgen de los Dolores de Gines. La imagen que años después, el Domingo de Ramos de 1990, se quemó en un incendio de la iglesia y fue reconstruida por Miñarro. Fue en el curso del pregón, con los soldados de permiso, cuando le dieron el impulso definitivo, al cielo con Ella, a la hermandad. José Manuel Rodríguez consta como fundador, aunque el número 1 lo ostenta Julio Cabrera, seguido en el escalafón por Rodríguez y Mateo. "Los números los echamos a suertes en el cuartel, porque ninguno queríamos ser el número 1", recuerda Rodríguez, primer hermano mayor del Carmen Doloroso, funcionario de Justicia, la misma profesión que ejercen quienes ocuparon sucesivamente el cargo: Miguel Bermudo, que llevó la hermandad a la Catedral, y Antonio Saldaña, que la sacó como hermandad de penitencia y le corresponden los preparativos de las bodas de plata.

Una mili de guardias y corrillos cofrades. Mateo se encargaba de la intendencia. "Nos reuníamos en la brigada y con huevos que rapiñaba en la cocina del cuartel me ponía a hacer tortillas de patatas a granel. También hacía el ali-oli y la mayonesa". Hace diez años, volvieron de paisano al cuartel para entregar a los mandos un cuadro de la Virgen del Carmen.

No hay mili sin novia. Dolores López, que compartía noviazgo con José Ramón Mateo, es la número 4 de la hermandad, la milady de estos tres mosqueteros. "Sólo le faltó hacer la mili", dice su marido. Porque no estaba Carme Chacón de ministra de Defensa. La esposa de José Manuel Rodríguez, Silvia, es hermana. "Nos conocimos cuando yo hacía en Radio Corazón el programa Corazón Cofrade y fue con su hermandad Calle Real de Castilleja".

Son vidas muy cofrades las de estos marineros de una hermandad que hoy estrena la Dolorosa de Paco Berlanga. Rodríguez es por cuna hermano de San Roque y por tradición familiar del Silencio. Dimitió como secretario de una hermandad con cinco siglos para abanderar otra de incierto futuro. "Una aventura". Es delegado de las hermandades de Vísperas. Mateo fue hermano y costalero de la Soledad de San Lorenzo. Sacó pasos en Gines y en Gerena. De su quinta eran Juan Castro, hoy en la Hiniesta, o Rafael, capataz en el Cerro. El primero, trabajador de Mercasevilla, ya no es de la hermandad, pero se vinculó de forma simbólica: suyo, 27 años lo contemplan, es el lepanto (gorro de marinero) que hoy sale a los pies de la Virgen con las inscripción CIM (Centro de Instrucción de Marinería) Cádiz. La contraseña de esta historia.

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