Los días imaginados

Misericordias que van y vuelven

  • Volverán recuerdos de Semanas Santas antiguas cuando Santa Cruz pase por la calle Francos. La noche recuperará a Cristo en la Alcazaba para regresar en silencio a su barrio.

HAN pasado tres años sin verte en las calles de Sevilla y hoy es Martes Santo. Renace la ternura de una mirada vidriosa entre el azahar de los naranjos de la calle Mateos Gago, cuando Cristo desciende hacia la Catedral, parsimonioso, rotundo, elocuente, frágil también, perdonando a un lado y a otro, con sus infinitas Misericordias. Los nazarenos negros de Santa Cruz recorren hoy unos caminos que evocan otros tiempos. Recuerdos de Semanas Santas antiguas, de cofradías pobres, de calles sin bullas, de un barrio de Santa Cruz con menos bares y sin apenas turistas. Tiempo de otros Martes Santo, cuando el Cerro del Aguila era un barrio remoto sin cofradía de penitencia, o cuando los Javieres salía del templo jesuita de la calle Jesús del Gran Poder, y cuando la Universidad donde se aprendía la lección de Cristo muerto aún permanecía en la calle Laraña.

Y sí que eran otros tiempos cuando el Cristo de las Misericordias pasaba por esas calles que hoy lo volverán a ver, y se reencontrarán con su mirada de postrimerías. Calle Francos, donde todo parece perfecto para los silencios entre los que se desliza la brisa que roza el ruán al andar, o el chorreo de la cera, que es un sonido casi imperceptible. Es la calle donde Cristo volverá a mirar hacia los balcones abiertos, en busca de todos, para que entre en las conciencias el Miserere de su muerte ya intuida. En esa mirada suya se resume el Martes Santo, que vuelve a ser como antes, tras unos años de no ser nada más que recuerdos (y de tres años de no ser nada,absolutamente nada, por el mal tiempo).

Un paso de palio pequeño, recogido, proporcionado a las estrecheces de su barrio, íntimo, cálido, nostálgico, impregnado de una gasa que se nubla ante las lágrimas, limitado por su dolor, que es el espanto ante el Hijo que se muere, mientras camina y perdona. La Virgen de los Dolores también pasará por esa calle Francos que la esperaba con ansia en años anteriores. No la encontró, tan sólo la monotonía de la lluvia que castigó a tres Martes Santo, uno tras otro, con una contumacia empedernida en frustrar tantos anhelos, tantos sueños que no se cumplieron.

Y por la calle Cuna también, que es la otra gran calle de las cofradías de negro que la añoraba. Todo el camino que se recorre es de vida, como todos los caminos por los que no pasará serán de de pérdida, de sentir la ausencia, de nostalgia,o ni siquiera eso.

Hoy Santa Cruz por Francos. Hoy Santa Cruz por Cuna. Pero nadie verá a Santa Cruz por Castelar y Molviedro, no por donde pasaba como de puntillas y recuperaba esa Semana Santa casi secreta que también evocaba otros tiempos. O en silencio por la calle Carlos Cañal, ante el convento de San Buenaventura, antes de salir a Méndez Núñez, que es una calle de las más céntricas, pero casi siempre olvidada en los itinerarios de las cofradías. Quizá con más motivos en estos tiempos, cuando se ha consolidado más para el ocio que el negocio, y ha pasado s er una calle especializada en gin-tonics y copas de balón, al menos en la parte colindante con la Plaza Nueva,

Hoy le faltará Santa Cruz a esta calle Méndez Núñez, pero cuidado, máximo respeto, son palabras mayores, se encontrará con la cruz de la Buena Muerte. Será cuando el Cristo de los Estudiantes vaya desde la plaza Nueva a la Magdalena, de una plaza a otra, custodiado por el vuelo de los vencejos, que siguen como centinelas de los aires al leño de la cruz, en la tarde de primavera que declina, que le acompaña hacia la muerte anunciada.

La noche volverá a Santa Cruz y recuperará a Cristo en la Alcazaba. Su paso frente al azulejo que lo recuerda en la plaza de la Alianza, candelas que titilan como suspiros de ánimas. También se había perdido esa estampa, cuando la cofradía cambió la vuelta por la ida. Existía la creencia de que el regreso por la Alcazaba era más tumultuoso, puede que más irrespetuoso. Pero esos temores no son fundados, porque cuando el Cristo de las Misericordias vuelva a la Alcazaba nocturna, su mirada (esa mirada de perdón, que es inigualable) podrá con todo y callará a todos.

Dolores de Santa Cruz para cerrar otro Martes Santo. Cristos y Vírgenes vuelven hoy a las calles, por fin, durante una larga jornada que comienza de mañana en El Cerro del Águila y que culmina de madrugada avanzada en San Lorenzo. Ahí el Dulce Nombre dejará su última lágrima, junto a una puerta cerrada tras la que se adivina al Señor en Sevilla.

Joaquín

León

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