Elena Mendoza López. Compositora y profesora

“Alucino con la servidumbre de la cultura hacia la política”

  • Representa el éxito de las jóvenes que quieren dedicarse a lo que les gusta y son capaces de de hallar el sustento aunque sea una actividad a priori tan difícil de rentabilizar como la creación de música clásica contemporánea.

ANTES de las becas Erasmus ya había  jóvenes sevillanos  (pocos, eso sí) que hacían las maletas tras alcanzar la mayoría de edad para una emigración proactiva en busca de satisfacer sus expectativas e inquietudes. No podía imaginar Elena Mendoza  con 20 años, cuando se fue a Alemania con una amiga germana, que 19 años después (febrero de este año) la Universidad de Columbia, en Nueva York, la iba a invitar para que durante dos horas presentara su música en conferencia-audición.

Hija del arquitecto Fernando Mendoza (conservador de la Iglesia del Salvador) y de María Luisa López, coordinadora de actividades en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Elena nació en Sevilla hace 36 años. Su único hermano, físico, tras  trabajar en Gran Bretaña ha regresado para enrolarse en Vorsevi. Elena estudió en el Colegio Alemán y después en el IES Velázquez, tan cercano a la casa familiar en Alhóndiga.

–La música, ¿cómo y por qué?

–Era una alumna con buenas notas en las asignaturas de ciencias, pero al final del bachillerato me decidí por estudiar música.

Ya tocaba el piano, cantaba en el coro del Conservatorio Superior, y pensé: Sólo se vive una vez, haz de tu vida lo que quieras ser. Y me decanté por la música, y dentro de ella por la composición, era en lo que me sentía más realizada como medio de expresión. Fui radical en la decisión y ahora me alegro. Fue un camino difícil, porque en Sevilla tenía muy buena relación con profesores del Conservatorio, que hacen una labor estupenda, pero sentía aislamiento a la hora de acceder a bases culturales. Por eso me fui a Alemania.

–¿Cómo inició esa odisea?

–Estudié en un conservatorio de Augsburgo y después me adentré mucho más en el estudio de composición en Düsseldorf, teniendo como maestro a Manfred Trojahn, y en Berlín con Hans Peter Kyburz. Pero llega un momento en el que hay que distanciarse de para poder crear tu propio lenguaje musical y afrontar desde tu experiencia lo que has aprendido.

–¿En qué se diferencia la enseñanza y el estatus del creador en Alemania respecto a Sevilla?

–En Sevilla ha mejorado mucho el Conservatorio Superior. Y  en general todo lo relacionado con la música clásica, ahora hay tres grupos de contemporánea de nivel internacional: Taller Sonoro, que han tocado obras mías (Díptico y Gramática de lo indecible); Zahir Ensemble y Solistas de Sevilla. Antes no había ni uno. Pero Alemania tiene la ventaja de que su modelo de enseñanza es menos rígido, profesores y alumnos están mucho más en contacto con intérpretes y creadores.  Las becas de creación han sido importantes para crecer artísticamente, las he tenido en Weimar, en Frankfurt y ahora en Stuttgart. Suelen ser de 3 a 6 meses, y te dan una asignación mensual de mil euros al mes para vivir. Te alojas en una residencia de artistas de géneros diversos y te estimulan para que crees con libertad absoluta y te relaciones con artistas de esa ciudad.

–Berlín es ahora su ciudad ideal.

–Con mi pareja, un editor literario,  traductor y crítico, vivo en el  barrio de Prenzlauer Berg, de los más revitalizados tras la reunificación. Doy clases de composición en la Universidad de las Artes que hay en el barrio de Charlottenburg, con horario perfecto para compagina mi carrera artística. Tengo cuatro alumnos (dos españoles, un alemán y un norteamericano) y además un grupo más grande para análisis de composiciones. En Berlín hay mucho intercambio de ideas, experiencias y culturas. Es una ciudad ideal para el desarrollo multidisciplinar.

–Defina su música.

–Sobre todo hago música de cámara y teatro musical. Ópera hice una infantil que se estrenó en 2002 en Nuremberg. Mi música es más bien puntillista a través de una idea subyacente, me gusta narrar con los sonidos. Claves: mi interés por encontrar sonidos en instrumentos tradicionales y no tradicionales, sin electrónica; y la dramaturgia de los sonidos: las tensiones que generan los sonidos intrínsecamente. Jugar con la percepción del tiempo y con la percepción natural del sonido. Y es importante el sentido del humor, la ironía sutil. Como para toda mi generación, el gran referente es Ligeti. También me interesan Lachenmann, Sciarrino y Furrer.

–¿Cuándo debutó con orquesta de gran formato?

–La primera obra fue Dibujaba ventanas en el tiempo, en 1999, encargo de la Filarmónica de Freiburg.  

–¿Qué conjunto es su  preferido?

–El grupo con el que me siento más satisfecha a la hora de interpretar mi música es el Ensemble Recherche, de Freiburg. También con el Taller Sonoro, en Sevilla, el Ensemble Modern en Berlín, el Klangforum de Viena, el Neue Vocalsolisten de Stuttgart.

–¿Experimenta en la creación trabajando a la vez con intérpretes y directores escénicos?

–Sí, el Centro Europeo de las Artes, en Dresde, me hizo un encargo para crear una obra trabajando con los músicos y el director de escena en la propia creación de esa obra, no sólo a partir de ensayos en los que reciben la obra terminada. Son formas de trabajar mucho más fructíferas aunque más lentas y complejas. Son modelos de producción cultural que obligan a un cambio de mentalidad. Por ejemplo, a menguar el sentido del ego en el artista y la exclusividad de la autoría, asumiendo que en ocasiones otra persona te aporta mejores propuetas o soluciones. Con el director de escena Matthias Rebstock trabajo muy bien y me siento orgullosa. En absoluto me siento disminuida en mi capacidad de expresión.

–¿Cuál es su próximo estreno?

–Estoy terminando un ciclo de obras cortas, con el titulo de Fragmentos de teatro imaginario. Las seis juntas se estrenarán en Stuttgart con el Ensemble Ascolta. En estas obras quiero explorar el límite entre el gesto técnico y el gesto performativo del intérprete, con su componente escénico. Además, en el sello discográfico Kairos se ha editado música de cámara, y está previsto otro disco con fragmentos de Niebla, más la obra Fe de erratas, con texto de Felipe Benítez Reyes, que hice a la Neue Vocalsolisten.

–¿Cuáles son sus músicas predilectas fuera de su ámbito?

–En clásica me gusta sobre todo Bach, también Mozart, más que Beethoven porque me siento más ligada al espíritu mozartiano. Me gusta mucho el Impresionismo, con Ravel y Debussy. El jazz clásico, con Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Duke Ellington. El flamenco, me gusta el cante jondo, los palos serios. Ajusto mi calendario de estancias en Sevilla para coincidir con la Bienal. No tengo una relación exhaustiva con el flamenco pero me gusta su lenguaje, su capacidad de suscitar la emoción del momento, es algo que le falta a la música clásica a través de la interpretación y el artista flamenco lo logra, el control de la dinámica temporal, está en su sitio el ritmo, el melisma, el timbre, lo crean en el momento mientras que en la música clásica debe ser prefijado.

–¿Desde su experiencia germana, qué le llama la atención de la vida cultural española?

–Es primordial que haya más separación entre la política y la cultura. La gestión de ambas está demasiado ligada en España. Se avanza, pero con iniciativas a corto plazo. Y se podría progresar más y mejor sembrando iniciativas a largo plazo. Cuando vengo desde Berlín, alucino con la servidumbre hacia la política de muchos temas de gestión cultural en Sevilla y Andalucía. En Alemania no dependen de las elecciones ni de los nombramientos derivados de éstas, la gestión cultural es libre respecto a los avatares partidistas.

–Y ahora todo bajo el peso de una recesión económica.

–En España se está temblando por los recortes que puede deparar, aquí siempre es la cultura lo primero que se desmocha. Y tanto esfuerzo en poner en pie estructuras e iniciativas puede irse al traste. Triste paradoja que una crisis creada por especuladores amenace a quienes especulan científica y culturalmente, que son quienes mueven el avance de una sociedad.

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