“Chamizo nos dijo en el camerino que habían matado al doctor Cariñanos”

Los Invisibles | Juan Ramón Pérez Julio

Se estrenó como figurante de ‘La venganza de don Mendo’. Segunda generación de acomodadores en el teatro Lope de Vega. Conoció a Narros y Marsillach

Juan Ramón Pérez, portero-acomodador del Lope de Vega, en su barrio de la Alameda.
Juan Ramón Pérez, portero-acomodador del Lope de Vega, en su barrio de la Alameda. / José Ángel García

SU padre jugó en el Betis y fue acomodador del Lope de Vega. Oficio que mantuvo Juan Ramón Pérez Julio (Sevilla, 1960), memoria viva del teatro y sus variantes como drama y comedia.

–¿Primera vivencia teatral?

–De figurante en La venganza de don Mendo de Muñoz Seca, en versión de Gustavo Pérez Puig. Tengo el programa de mano firmado por Manolo Gómez Bur, Amparo Baró y Alejandro Ulloa.

–¿Sus credenciales?

–Tengo dos días más que Antonio Banderas.

–¿Lo vio en el Lope?

–Vino con un Julio César de Lluis Pasqual. Después volvió como productor de un documental sobre el lince al Festival de Cine.

–¿Cuándo empezó en el teatro?

–El Lope lo cerraron por obras en 1985 después del festival de la OTI que ganó México el año del terremoto en ese país y lo vuelven a abrir para el Mundial de Ajedrez de Karpov y Kasparov. Nombran director a José Luis Castro. Yo soy licenciado en Derecho y quería alguien educado, culto, dotes de tratar al público.

–Se estrenó con los rusos...

–Ración doble. Primero los ajedrecistas, con el teatro oliendo a pintura, y el primer espectáculo fue la Orquesta de Leningrado.

–¿Le sirvió el Derecho?

–Nada sobra. Una vez vino al teatro con sus escoltas Pedro Cruz Villalón, presidente del Tribunal Constitucional, que me había dado Derecho Político en primero.

–¿De qué promoción es?

–De la 78-83. La de la Constitución. Compañero de Alberto Jiménez-Becerril y Ascen. En el viaje de fin de carrera a Niza, por sorteo me tocó ser compañero de habitación de Alberto. Gran tipo.

–¿Su padre lo ‘acomodó’?

–Cuando él trabajaba en el Lope, Derecho estaba en la Fábrica de Tabacos y yo me escapaba para ver El diluvio que viene, Dagoll Dagom o Tenorio on the rock, una obra con la que Agustín Embuena y Eulogio Serrano estuvieron dos meses llenando.

–¿Conoció las propinas?

–Las quitó José Luis Castro, pero nos subieron el sueldo.

–Hasta el 92, el Lope acogió el pregón de Semana Santa...

–Soy hermano del Baratillo desde hace más de cincuenta años. Me quedo con el pregón de Garrido Bustamante. Hace poco estuvo su hijo Antonio, el actor, con una comedia.

–Habrá visto tantas cosas...

–Le cuento una desagradable y otra agradable. Andrea D’Odorico, el escenógrafo, se murió de un infarto en el taxi a diez metros del teatro. Estaba de gira con una obra. Como era arquitecto, estaba enamorado del Casino.

–¿Y la agradable?

–Adolfo Marsillach dijo un día que qué pena el Lope de Vega, un teatro tan pequeño. Mientras su compañía ensayaba, le enseñé el Casino, le dije que no había un teatro con un hall tan grande en España. Desde entonces, todos los estrenos absolutos de la Compañía del Teatro Clásico fueron en Sevilla, pero con entrada por el Casino. Recuerdo una Celestina sublime con Amparo Rivelles.

–¿Con quién se sentía cómodo?

–La duquesa de Alba ha sido la mejor clienta del Lope de Vega. Le gustaba todo. He pasado mucho tiempo en la puerta hablando con Manolo, su chófer, que murió antes que ella.

–Conoció a Muñoz Cariñanos...

–Una noche cantaba Charo Reina. Su tía, la mujer de Cañete, me dejó una entrada para el doctor Cariñanos, yo no lo conocía, me dijo que era alto, fuerte, que llegaría un poco tarde. Así fue. Al día siguiente lo mataron. La noticia nos la dio Chamizo en los camerinos, cuando se suspendió el recital de Carlos Cano.

–¿La copla tiene adeptos?

–Al cura Diamantino le gustaba mucho Juanita Reina. Siempre iba a verla. Una vez llevó a Rigoberta Menchú y me la presentó.

–¿Un mito de carne y hueso?

–En el 92 me fui con mi mujer quince días a Italia. En el avión de Sevilla a Milán iba Vittorio Gassman, que había hecho en la Expo Moby Dick. En el Lope lo hizo José María Pou.

–¿Ha visto la exposición de los noventa años del Lope de Vega?

–Dos o tres veces. Con una jovencísima María Galiana. Yo creía que iba a ser ella la primera pregonera de la Semana Santa de Sevilla. Es muy de la Carretería.

–Hay programas con Alfonso Guerra y Amparo Rubiales...

–Guerra va mucho al teatro. Del Ayuntamiento las que más iban eran Enriqueta Vila y Paola Vivancos. A Rojas-Marcos y a Zoido no les gusta mucho. Manuel del Valle iba todos los domingos con su mujer, creo que iba por ella.

–¿Es aficionado al teatro?

–Me vi del tirón las tres Comedias Bárbaras de Valle-Inclán. Me gusta mucho el fútbol. Mi padre, Espejín, jugó en el Betis. Un día vi en el Lope a DiStéfano con Pelé en un acto de Mastercard. Le presenté a mi padre y lo recordaba. “Me acribillaste a patadas”, le dijo don Alfredo recordando un partido de Copa contra el Rayo.

–Han hecho una ‘Fuenteovejuna’ de Lope africana y un ‘Perro del hortelano’ feminista...

–Paco Algora decía que un texto clásico no se tocaba.

Anecdotario

El flechazo no fue en el Lope, fue en el Tremendo

Se casó con Reme. No la conoció en el teatro. “Nos conocimos en el Tremendo, y ella no bebe”. Dos hijos: Alejandro, futbolista como el abuelo, y Laura. Es vecino de la Alameda.

Fecha nupcial para recordar a su abuelo

Se casó el 15 de junio de 1991. Eligió la fecha porque ese día de 1940 las tropas de Hitler tomaron París y para celebrarlo, fusilaron a su abuelo y a otros republicanos en una fosa de Paterna (Valencia).

Con respeto a Galiardo, Távora y Arturo Fernández

El curso lo abre Imanol Arias con ‘El coronel no tiene quien le escriba’ de García Márquez. Y música de Kiko Veneno, Paco Ibáñez, Martirio, Valderrama. Recuerda con respeto a Távora, Galiardo y Arturo Fernández.

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