Doctora en Farmacia busca hospital junto a la Macarena

A pie de obra. Desde Julio Anguita no había un político tan pegado a la Alameda como Fuensanta Coves. Esta ilicitana llegó a Sevilla con escalas en Granada y Almería.

Doctora en Farmacia busca hospital junto a la Macarena
Doctora en Farmacia busca hospital junto a la Macarena

06 de septiembre 2011 - 05:03

DESDE Julio Anguita no se conoce otro político tan apegado al microcosmos de la Alameda como Fuensanta Coves, presidenta del Parlamento de Andalucía. No es raro encontrársela como un ciudadano más camino de sus quehaceres o de sus benditas debilidades, que un día puede ser el videoclub y otra la sesión de yoga, cuando no el acarreo sosegado de las compras del supermercado.

Es una sinécdoque andante: la parte por el todo, síntesis perfecta de los millones de electores andaluces que eligieron a los 109 diputados autonómicos que la auparon por unanimidad a ocupar el segundo cargo más relevante desde el punto de vista institucional. Quizás nunca se ha hecho ese planteamiento cuando va por la calle ajena a toda curiosidad mediática, pero esa normalidad es el ajuste perfecto de esa cabriola gramatical: va como una más porque es la punta del iceberg de muchos más. El capitel del sufragio universal, de esa representación ahora cuestionada por contestatarios de pitiminí que ignoran el esfuerzo de quienes sacrificaron su juventud, su tranquilidad e incluso su hacienda por conseguirlo.

Fuensanta Coves nació en Elche y no hace mucho me contó que estaba con su familia ilicitana el día que el Granada consiguió en el nuevo Altabix el retorno a Primera División 36 años después. Esta mujer tendría el corazón dividido: su cuna alicantina se había enriquecido con un mestizaje andaluz: años de estudiante en Granada, donde se licenció en Farmacia, y de residencia en Almería, donde se dedicó a la docencia universitaria y donde se estrenó como diputada del Parlamento que ahora preside.

Fuensanta es un vocablo que rezuma Andalucía por los cuatro puntos cardinales de su nombre: hay una Fuensanta de Martos en Jaén a la que volví como enviado especial de la Vuelta Ciclista a Andalucía de 1998, el año que reapareció Lance Armstrong preparándose para ganar siete ediciones consecutivas del Tour de Francia. Hay una Fuensanta cerca de Loja, en Granada, donde suelen parar los que vienen desde el Levante al litoral andaluz. Mañana empieza en Córdoba la velá de la Fuensanta en honor de la Virgen aparecida a mediados del siglo XV.

Conozco una Fuensanta Ramírez periodista que tiene alma de Cahiers de Cinema y con la que coincidí hace unos cuantos años en el Avenida Multicines viendo Los puentes de Madison.

Bajó el Almería y subió el Granada. Las dos escalas de Fuensanta Coves antes de llegar al antiguo Hospital de las Cinco Llagas. El lugar perfecto para una doctora en Farmacia. Antes fue ocho años consejera de Medio Ambiente. Mujer de equilibrios, lo fue cuatro años con Aznar en La Moncloa -tiempo que aprovechó para hacer la transición del lince ibérico- y otros cuatro con Zapatero.

Es la segunda dama de Elche que como el universal busto íbero también salió del terruño. Sirva este escrito para recordarle a la presidenta del Parlamento de Andalucía que desde Sevilla viajaron hasta Elche, su ciudad natal, los cuadros que Pablo del Barco realizó para la exposición que hasta finales de mes tiene lugar en la Universidad Miguel Hernández de la ciudad alicantina. Cuadros que simbolizan un oleoducto de sentimientos: bajo el epígrafe de Esto es literatura?, el burgalés afincado en Sevilla se arropa en versos de La realidad y el deseo de Cernuda.

Paradoja y paradigma de esta ciudad: sus hijos se marchan, sus ahijados se quedan. Mestizaje de querencias y ausencias. La presidenta del Parlamento de la Macarena fue primero andaluza del Mediterráneo, alma de Alpujarras y espetos; siendo consejera de Medio Ambiente, para unir los dos mares que Pérez Villalta hermanó en Tarifa, certificó la creación del Parque Natural del Estrecho, con lo que la mediterránea de Serrat se hacía atlántica con Carlos Cano. Todos los que vinimos de fuera conocimos ese proceso. Mi océano era mesetario y manchego, ínsula barataria, y obtuve un salvoconducto con la rúbrica de Emilio Lemos Ortega. El 14 de agosto de 1979, días después de homenajear a Blas Infante en un nuevo aniversario de su fusilamiento, me hacía esta cariñosa dedicatoria en su libro Cartas de un ciudadano a la conciencia de los intelectuales: "Para el dinámico y estupendo periodista... en premio a su labor andalucista".

Con la actual presidenta del Parlamento Andaluz ha crecido exponencialmente la biblioteca de la Cámara: le ha sacado la veta literaria a diputados de todos los grupos políticos y ha incorporado a sus estanterías el libro de Jorge Molina, su jefe de prensa -homónimo del futbolista del Elche que fichó por el Betis- sobre Doñana. La Arcadia del lince consagrado en novela por Caballero Bonald cuando escribió Ágata ojo de gato.

El mismo sábado que me crucé con Fuensanta Coves por una de las calles perpendiculares a la Alameda, saludé a Diego Romero de Solís. Al catedrático de Estética, discípulo de García Calvo, le sorprendió la algarabía infantil de la antigua laguna. "No me gusta el diseño, ¡pero qué viva está!". Vale para la política, tan refutada, tan ninguneados los próceres: no nos gusta el diseño, pero qué viva está. Otro día hablaremos de la Ética.

stats