Los Invisibles | Manuel Gordillo Torres

“Si la figura compartida de familia y escuela no funciona, es un desastre”

  • Este maestro de escuela se ha convertido en el Profe Manolo con un libro en el que da una lista de tareas y deberes para aprender a disfrutar de la vida

Manuel Gordillo, el Profe Manolo, con un ejemplar de su libro en la terraza de La Raza. Manuel Gordillo, el Profe Manolo, con un ejemplar de su libro en la terraza de La Raza.

Manuel Gordillo, el Profe Manolo, con un ejemplar de su libro en la terraza de La Raza. / Juan Carlos Muñoz

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VER una puesta de sol. Cuidar una planta. Volar una cometa. Reír a carcajadas. Son Deberes de Vida que plantea en su libro el Profe Manolo, nombre magistral del maestro de escuela Manuel Gordillo (Córdoba, 1977).

–Le pregunta a los lectores. ¿Un recuerdo bonito de su infancia?

–Irme con mi abuelo Antonio a volar cometas, o en su motillo a pescar. Me contaba cuentos, dormíamos al raso en el patio.

–Dice algo que decía Belmonte: no se es valiente sin miedo...

–Tenemos idealizado lo bonito, lo bueno, al que gana, pero hay que pasar por muchos fracasos. El gran error de la educación es que sólo contempla el resultado, no el camino.

–¿Quién le puso los ‘Deberes’?

–La editorial. El año pasado saqué una lista de Deberes de vida, una madre lo compartió en las redes sociales y tuvo más de cincuenta mil seguidores, se hizo viral. Al principio me asusté, eso fue un jueves y el sábado estaba Matías Prats hablando en el telediario de los Deberes de Vida. Me daba un poco de tristeza, porque eso no debería ser noticia.

–¿Aceptó el reto?

–Me puse a hacerlo con el apoyo incondicional del equipo A. Es que se llaman Agustina, Alejandro, Azucena, Ángela Rocío y también Francisco y Juanma.

–¿La palabra deberes es tabú?

–Pues yo creo que fue la clave.

–El primer nombre propio es el de Julio Verne...

–El primer borrador lo tenía lleno de citas, pero la editorial me sugirió suprimirlas. Julio Verne es fundamental, en sus libros está el niño que llevamos dentro.

–¿Cuánto tiene que durar un abrazo?

–Lo habitual es que duren tres segundos, pero un buen abrazo debe llegar a los veinte segundos.La presentación del libro siempre la termino con un taller de abrazos, mi hijo Tomás es técnico de abrazos. No creo en los cariños sociales e impuestos.

–¿La familia perturba el trabajo del educador?

–Cuando la figura compartida familia-escuela funciona, puedes hacer en educación lo que quieras. Si no funciona, es un desastre. Es como cuando papá dice una cosa y mamá otra. El niño no percibe los límites, ve la brecha y se pierde. Eso se agudiza en esta sociedad donde los padres están más tiempo trabajando.

–Reivindica el error...

–Hay niños muy perfeccionistas que no admiten el más mínimo fallo. La educación es para ser independiente y ser feliz. Y para eso hay que equivocarse mucho.

–Una ruta ciclista matemática y matemáticas para cocinar...

–La palabra enseñar es mostrar algo donde el otro no participa. En todo hay matemáticas y lengua. Cuando le enseñas a un niño a volar cometas hablas de energía eólica, de China, de Leonardo da Vinci. Se aprende mejor cuando se divierten y emocionan.

–¿Hay deberes para la casa?

–En el libro les propongo al menos dos tareas en la casa. Les hará valorar el trabajo de su familia.

–¿El primer libro que leyó? ¿Y el último?

–El primero, uno es políticamente correcto, los Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari, que me leía mi madre. El último, 39 cuentos filosóficos, me lo ha regalado mi mujer.

–¿El políticamente incorrecto?

–Una Biblia ilustrada que me regaló mi abuela Mercedes.

–Aprobados, suspensos...

–Hay que regatear con las normativas, con los currículos, con las leyes educativas, que responden como hace doscientos años.

–Ningún niño crece de pie. ¿Crecen cuando duermen?

–Crecen más, enferman menos. Son cosas científicas. No me las invento. Tenemos que afrontar la obesidad, el sedentarismo.

–¿Y cambiar videojuegos por el pañuelito y carreras de sacos?

–Las nuevas tecnologías no son malas per se, hay que utilizarlas con equilibrio. Hay menos niños y salen menos a la calle.

–¿Los deberes del político?

–Sir Ken Robinson escribió un libro, El elemento, en el que defiende que la educación debe tener como elemento dos cosas, algo que te guste y se te dé bien. Estamos en una educación de café para todos, de homogeneizar a 25 chicos y chicas sin potenciar la diversidad y la particularidad. Eso choca con los recursos y nos mete en el terreno de la utopía.

–¿Les asombraría a nuestros hijos que el hombre llegara a la Luna?

–Marc Prensky, autor de El mundo necesita un nuevo currículum, acuñó el término nativos digitales. Somos inmigrantes digitales que enseñamos a niños que piensan de otra forma, que aprenden de otra forma, que no entenderían una máquina de escribir, un teléfono de ruedas ni les parecería tan increíble lo de la Luna.

–¿Una afición?

–Sobre todo la música. Hice Magisterio Musical y toqué el bajo en un grupo de Córdoba, Limousine, que actuamos en Grecia y vendimos discos en Japón.

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