"La Expo trajo mucho, pero rompió Sevilla, la ciudad ya no huele igual"

Los invisibles

El 061 lo pusieron en práctica los americanos en Vietnam. En Andalucía es empresa pública desde el 1 de octubre de 1994. El día que se incorporó este médico y flamante escritor.

Alfonso Salazar, en la Bodega Salazar, en García de Vinuesa, uno de los escenarios de su novela.
Alfonso Salazar, en la Bodega Salazar, en García de Vinuesa, uno de los escenarios de su novela.

11 de diciembre 2010 - 05:03

EL pequeño de 12 hermanos, Alfonso Salazar Murillo (Sevilla, 1959) es primo de las 14 hijas del farmacéutico Aurelio Murillo. Lleva 17 años en el 061 y ha publicado El Faro, su primera novela.

-¿Antes médico o escritor?

-Yo no podía elegir. En mi casa sólo había dos ramas, la de los abogados y la de los médicos.

-¿Cómo llega al 061?

-Porque me cansé de trabajar en la UCI, siempre la misma rutina. Empecé el 1 de octubre de 1994, el mismo día que se pone en marcha como empresa pública.

-¿Prefiere la calle al hospital?

-Es mucho más variable. Un día tienes un tráfico, otro un infarto de miocardio, otro no tienes nada. Yo he venido a la bodega Salazar a atender un infarto, le hicimos en la misma bodega la fibrinolisis al paciente.

-¿Quién inventó el 061?

-Los americanos en el Vietnam.

-¿Dan de sí las guardias?

-Mucho. En una guardia me vino la idea del libro. En otra llegó una chica joven para una intervención extracorpórea, a corazón abierto. Hice cinco guardias seguidas. Me quedé prendado de ella y a los cuatro meses nos casamos. Y al salir de otra guardia, todo sea dicho, volcó el coche, me rompí el cuello y mi mujer decidió que nos fuéramos a vivir a Córdoba, donde había sacado la plaza.

-Uno de los escenarios de su libro...

-No es una autobiografía. Es una novela romántica en Sevilla a lo largo de veinte años.

-¿Sevilla es muy romántica?

-Sevilla son sus barrios, pero ni Triana es Triana ni Nervión es Nervión ni el Porvenir es el Porvenir. El gran cambio vino con la Expo. Trajo cosas muy buenas, pero rompió Sevilla. La ciudad ya no huele igual, hay menos naranjos.

-Y uno no se imagina, como en su novela, a alguien parando la vespa en Felipe II esquina con la Borbolla para besar a su chica, cual Marcello Mastroianni con Sofía Loren o Gregory Peck con Audrey Hepburn...

-Yo se lo digo a mi hijo y no se lo cree: de chicos jugábamos al tenis en la calle Montevideo. Si pasaba un coche, sabíamos que era de los Bermúdez o de los Conradi.

-¿Qué le dijeron cuando fue con su libro a las editoriales?

-Que en España sólo venden tres. Pero mi sueño, mi ilusión, era ver el libro en cuatro librerías.

-¿Cómo surge la vocación literaria?

-Por mi padre. Un hombre muy activo. Tuvo 12 hijos y operaba muchísimo. Hoy, con la paroscopia, se opera menos, pero antes un cirujano operaba de cadera, de estómago y de amígdalas. Mi padre intervino los partos de sus doce hijos en la casa de la calle Bailén. Era tan activo que, al jubilarse, mi hermano Pepe le regaló uno de los primeros ordenadores del mercado. Se puso a escribir y mandó un relato al concurso de relatos del restaurante La Albahaca. Yo me animé, escribí otro, titulado La Capa. Lo mandé y gané. Mi padre se cogió un cabreo del diez. El pobre. Me legó la medicina, la literatura, hasta el nombre. Yo me llamo Alfonso por Alfonso XII. Se lo sugirió mi abuelo.

-Música de los Beatles en diciembre de 1980, el mes que muere John Lennon...

-Todo el que viva en Sevilla y tenga 50 años se verá reflejado en algún pasaje del libro. Todos los de mi quinta hemos estado en la Bodeguita Salazar, en Nova Roma.

-¿Los personajes son reales?

-Digamos que prestados. Cuando estaba escribiendo el libro, nos compramos una casa. Para la escritura, el notario estaba borracho como una cuba. Sin dar pistas, aparece en la novela. Y a mi profesor de Anatomía, Fidel García Anguiano, que fumaba Bisontes y sabía el perfume que usaba cada alumna, lo convierto en catedrático de Cirugía Plástica. Pensaba que había muerto. El otro día lo vi paseando por la calle Asunción. Fui a Beta, quedaban tres ejemplares y le dediqué uno.

-¿En qué escritores se mira?

-Mis autores favoritos son Antonio Gala y García Márquez.

-¿Qué diferencia hay entre Urgencias y Emergencias?

-La urgencia admite demora. La emergencia es sí o sí. Lo más increíble que me ha pasado en tantos años es tener que decidir en muy poco tiempo si le cortaba la pierna a un joven camionero que sufrió un accidente frente al aeropuerto. Tenía parada cardiorespiratoria y se le quedó pillada entre los hierros. Se la corté con la cizalla hidráulica de los bomberos.

-¿Qué faro es el de la portada?

-No es un faro. Es una lámpara. El de la novela tampoco existe. En la Redondela nunca hubo faro. Hay una torreta. Es lo gratificante que tiene escribir un libro. Además de verte en el escaparate junto a Ken Follet. Llamé a mi hijo para verlo.

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