Fallece Mauricio Domínguez-Adame, el hombre invisible
Obituario
El cardenal Amigo, Javier Arenas, Manuel del Valle, Alejandro Rojas-Marcos y Jaime Raynaud recuerdan la figura del ex jefe de Protocolo del Ayuntamiento
Su objetivo era pasar desapercibido, ser el hombre invisible en el protocolo de la ciudad y cuidar de que ningún atisbo de tensión rompiera en polémica. “Mauricio fue un hombre entrañable y, sobre todo, absolutamente leal. Y créame si le digo que cuando uno está política sólo hay una cosa impagable, que es la lealtad”. Manuel del Valle Arévalo fue presidente de la Diputación Provincial de Sevilla de 1979 a 1983 y alcalde de la ciudad de 1983 a 1991. Siempre trabajó junto a Mauricio Domínguez y Domínguez-Adame (1936-2018), que ayer falleció de forma repentina. Ambos se conocieron en la antigua sede de la Diputación, en la Plaza del Triunfo, cuando en el edificio se instaló de forma provisional la presidencia de la preautonomía andaluza con Plácido Fernández Viagas al frente y con Manuel del Valle como director de gabinete. El político y el experto en protocolo congeniaron desde entonces.
Domínguez-Adame, licenciado en Derecho, había entrado muy joven en la Diputación Provincial como letrado en tiempos de la presidencia de Carlos Serra y Pablo-Romero. Fue reclamado por Ramón Muñoz González Bernaldo de Quirós para apoyar el protocolo del Gobierno Civil. Ganó su plaza de Protocolo en la Diputación y, finalmente, también la ganó por concurso –una vez jubilado el padre de Rafael Carretero– en el Ayuntamiento de Sevilla.
Aquella primer hornada de políticos de la democracia supo dejarse llevar por este jefe de protocolo, como reconoce Manuel del Valle: “Nos guiaba, nos decía cómo había que estar y dónde había que estar. Éramos políticos que no sabíamos de protocolo, pero que teníamos claro que el protocolo servía para algo. Él fue indispensable para todos nosotros”.
Domínguez Adame, vecino del barrio de Los Remedios, enviudó de María Asunción Rodríguez Matamoros en el año 2000. El matrimonio tuvo una hija, Marita, casada con Carlos Raynaud Ferrer, funcionario del Ayuntamiento y sobrino de Jaime Raynaud Soto, ex concejal y actual diputado autonómico por el PP. Al quedarse viudo potenció sus pasiones: sus nietos, los libros y la investigación. Raynaud Soto recuerda su figura: “Nunca se significó políticamente, tenía un gran sentido institucional. Fue un responsable directo del éxito de Sevilla como ciudad anfitriona en todos los actos del 92. Era muy respetado por todos los políticos”. Organizó el protocolo de más de 50 recepciones a jefes de Estado en el Salón Colón. Y siempre con una discreción que era un rasgo definitorio de su personalidad.
El cardenal Amigo
El cardenal Amigo tuvo una relación muy especial con Domínguez-Adame en los últimos años: “Más que un especialista en protocolo era un caballero en el saber relacionarse con los demás. A cada uno le daba su puesto. No sólo por una cuestión de protocolo, sino por el valor personal. Saludaba, se interesaba por la gente, daba las gracias... Tengo el recuerdo de una persona admirable –añadió– que supo salir adelante en momentos delicados, como al quedarse viudo. Nos hicimos muy amigos. La verdad es que don Mauricio nunca veía problemas si ocurría algo de última hora en cualquier acto. Nunca. Sacaba sus tarjetas del bolsillo y asignaba un puesto a quien fuera”.
El recuerdo de Javier Arenas
Lector empedernido, autor de numerosos artículos y textos sobre protocolo. Siempre se caracterizó por el temple. “La única guerra que le dimos fue en la Semana Santa de 1984 con aquella polémica de los chaqués. Qué disgusto se llevó cuando vio a los del PP con chaqué y a los del PSOE, alcalde incluido, en traje de chaqueta”, recuerda Javier Arenas, concejal aquellos años, ex vicepresidente del Gobierno y actual senador. “Lo que Mauricio decía iba a misa. Era respetado por todos. Tenía auctoritas, y eso era muy importante”.
Rojas-Marcos
Alejandro Rojas-Marcos lo trató mucho antes de coincidir ambos en el Ayuntamiento. “Era impresionante su sentido del humor, la gracia que tenía, una virtud que es probable que mucha gente no alcanzara a apreciar”. Como jefe de protocolo recuerda su “señorío”. Para Rojas-Marcos, Domínguez-Adame era “un señor de los pies a la cabeza que hacía poesía del protocolo y que tenía una autoridad reconocida orbi et orbe”. En el 92 se le pidió que las recepciones no fueras gravosas para el Ayuntamiento ni de excesiva duración: “Diseñó un modelo sin comidas ni cenas, un tipo de acto sencillo, barato y elegante, con guardia de gala, banda de música y discursos en el Salón Colón”. Y un rasgo en el que todos coinciden: “Sabía mantener su independencia”.
El hoy delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis evoca la reflexión que le oyó cuando era concejal: “Hijo, recuerda siempre, en protocolo quien importa no protesta y quien protesta no importa”.
Fue devoto del Gran Poder. Llegó a ejercer como teniente de hermano mayor en la cofradía, cuando era presidida por el catedrático José León-Castro.
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