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"El Guadalquivir se desborda con menos caudal que antes porque urbanizan las zonas inundables"

  • Es quien ha estudiado más a fondo el río Guadalquivir, desde su geomorfología hace millones de años a la revisión de todos los puentes de vía férrea o rodada para alertar de su reparación antes de que las aguas socaven sus bases. Denuncia que las inundaciones se han producido con menos caudal que en crecidas anteriores por la ocupación de las zonas inundables

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SU periplo vital, como investigador, es un enorme viaje en el tiempo. "Hice la tesis sobre el Guadalquivir en el Cuaternario, hace 3 millones de años, y a partir de ahí he ido aplicando a mis estudios sobre el río actual todos los conocimientos estratigráficos, geomorfológicos, etcétera, sobre sus cambios naturales o transformaciones inducidas por el ser humano en cualquiera de sus épocas, incluida la actual".

-¿Este color achocolatado es el que tiene siempre el río?

-Cada vez más. Uno de los grandes problemas es la enorme cantidad de suelo vegetal que perdemos por falta de cuidado de los espacios naturales y desaparición del bosque de ribera. Las lluvias lo arrastran todo y el río se colmata de limo. Basta ver lo que sucede en Puerto Gelves, han de dragar mucho porque les atora.

-¿Es normal este periodo tan continuado de lluvias?

-Es recurrente un periodo largo de lluvias al que sucede un periodo seco. Ese contraste sucesivo es una de las causas de que los suelos se oxiden y tengamos mucha tierra de color rojo.

-¿Por qué hay tantas escombreras en las orillas, entre Sevilla, Camas y San Juan?

-Es la tradición, ilegal pero consentida, de ir aportando material de relleno para recrecer zonas inundables a modo de muros o pantallas. Con el paso del tiempo, llegan a ser urbanizables.

-¿Es el Guadalquivir uno de los ríos más transformados de Europa?

-Sí, desde hace dos mil años. Antes era un sinnúmero de brazos y meandros que han sido eliminados para convertirlo en un canal de mejor navegación. Siempre fue un río de caudal muy variable. En época romana llegaba a secarse en Sevilla. Igual que ocurrió en 1995, la última gran sequía. Más arriba de la presa de Cantillana el río tenía tramos sin agua.

-¿Qué resultados dio el estudio que coordinó para el Ministerio de Fomento sobre el estado de los puentes y pasos viarios?

-Los analizamos todos, son unos 500, tanto de ferrocarril como de coches, en las cuatro provincias de Andalucía Occidental. El 12% tiene daños relevantes. Los puentes de finales del siglo XIX y principios del XX están mejor hechos que los actuales. Los ingenieros de entonces eran observadores como los naturalistas, hablaban con las gentes del lugar para tener la mejor información sobre el comportamiento del río, por dónde busca su salida, etcétera. Hoy se están perdiendo esas dotes de observación, y se tira de modelos informáticos hechos por una consultora que no trabaja sobre el terreno, que no tiene en cuenta las pistas que da el río de cuáles van a ser sus necesidades, a las que hay que adaptarse.

-La mayoría de los puentes dañados en la provincia de Sevilla son recientes. ¿Cuál es la causa?

-Una es el desplazamiento paulatino y lateral del río, por evolución natural, respecto al cauce que existía cuando se diseñó el puente. Además, en algunos casos, se ha estrechado el cauce más de la cuenta y el agua lleva entonces más velocidad, por lo que erosiona más. Al moverse hacia un lado el río, el agua ya no pasa por los arcos previstos sino que percute en muros y pilas, socava los basamentos y va dejando al aire las zapatas. Todos los pasos viarios que se han venido abajo son de la Junta de Andalucía, al optar por un modelo constructivo más barato. Son sustentados por una base de relleno en la que el caudal se canaliza entubado. Cuando el agua desborda la capacidad de la tubería, o salta por encima de la carretera o comienza a socavar la base de relleno de ese paso viario, hasta que lo debilita estructuralmente.

-¿Y son reparados para no incurrir en el mismo error?

-Nosotros aportamos el diagnóstico pensando en el largo plazo. Pero incurren en otro error cuando se intenta restaurar esta situación con más cemento y hormigón, que a su vez provocan cambios en el río contraproducentes para lo que se busca.

-¿Nadie indica esos riesgos?

-En Tocina se hundió un puente de ese tipo en 1996. Cuando se estaba construyendo, los ancianos del pueblo que iban a entretenerse viendo la obra, le indicaron a los ingenieros que estaba mal planteado el puente, que por ahí buscaba el río su salida cuando se desbordaba. Se lo alertaron al alcalde. No se rectificó y el tiempo les dio la razón.

-¿Qué opina de las inundaciones en municipios como Lora del Río?

-Tras la crecida de 1996, su Ayuntamiento me encargó un estudio sobre las medidas a tomar y las posibles zonas inundables. Le diagnostiqué que el periodo recurrente de inundación en su pueblo es cada 14 años. Y le expliqué cuáles eran las zonas inundables. Con esos informes acudieron a las autoridades para pedir la construcción de muros de defensa. Tenían intención de aprovechar algunos de esos terrenos para promociones inmobiliarias, que se han inundado hace escasos días. Y la culpa no es de la naturaleza, ni de que hay partes donde no se ha hecho el muro. El problema lo causa edificar ahí. Y volverán a anegarse. La solución es demoler esas casas y darles a esas familias vivienda o parcela en otro lugar a salvo de esa amenaza.

-¿El río bajaba con un caudal semejante al de riadas anteriores?

-No, estas riadas se han producido con menos caudal que antes. La de 1963, que afectó tanto a la capital como a muchos pueblos, llevaba 7.000 metros cúbicos de agua por segundo. La de 1996, que no inundó Sevilla y volvió a perjudicar a Cantillana, Lora, Tocina y Alcolea, fue de 3.400 metros cúbicos de agua por segundo. Y la de este año en Lora ha tenido menos de 3.000 metros cúbicos. Lo que falla es la gestión del cauce y no respetar las zonas inundables como salida natural de la crecida, disminuyendo su altura y fuerza.

-¿Se ha gestionado bien el escalonamiento de los embalses?

-En algunos pueblos se quejan, pero es muy difícil calcular cuándo es imperiosa la necesidad de aliviar los embalses de cuatro provincias. Cuando estaban al 80% de su capacidad, sus responsables ya estaban nerviosos. Y lo comprendo, porque la previsión era de más lluvias, para regular hay que tener sangre fría porque la prioridad es evitar que la presa se colmate y se venga abajo, eso sí causa catástrofe.

-¿Cabe achacarle algo a las presas hidroeléctricas de Cantillana y Alcalá del Río?

-Están muy colmatadas de fango. En la de Cantillana, a veces parece que hay mucha agua pero en ocasiones no llega al metro de altura, lo que hay debajo es mucho fango. Habría que sacarlo en época seca con máquinas para permitir que la presa tenga más capacidad de almacenar agua cuando llegan las crecidas. Porque, así, el agua no encuentra cauce y busca su salida fuera. Ese lodo es buenísimo para las tierras de cultivo, con toda la materia orgánica que tiene. Pero ya no se demanda como antes, porque la rentabilidad del terreno agrícola ya no tiene comparación con la de urbanizarlo.

-¿Qué opina de la respuesta política a las inundaciones?

-Los discursos políticos se cuidan y se habla de riesgos naturales. Pero son riesgos inducidos. Hay muchas presiones y muchos intereses en juego para ocupar los terrenos. Y, cuando sucede el gran problema, con las familias evacuadas y sus casas anegadas, el Gobierno promete ayudas para todos, sean legales o ilegales las edificaciones. Pero seguir habitando ahí equivale a volver a gastar en vano mucho dinero público.

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