Guardiola volvió al Villamarín

Calle Rioja

Partido benéfico. María Luisa Guardiola, vecina de la Palmera y que se ha convertido en Madre Coraje del Virgen del Rocío, obró este domingo un milagro en el Benito Villamarín.

Las autoridades y participantes en el encuentro deportivo entregan un ramo de flores a María Luisa Guardiola.
Las autoridades y participantes en el encuentro deportivo entregan un ramo de flores a María Luisa Guardiola.
Francisco Correal, Sevilla

18 de noviembre 2013 - 05:03

MI hijo lleva dos años seguidos vistiéndose de monaguillo para salir con los Javieres. Dos Martes Santos chafados por la lluvia. Ayer salió el sol del Moncayo, frío y luminoso, y con el atuendo de su inédita Semana Santa, monaguillo de noviembre, lo acompañamos a la iglesia de Ómnium Sanctórum para que se estrenara en la custodia de la Virgen de Gracia y Amparo. Un día que nunca olvidará. Una mañana completa porque de la iglesia nos fuimos a la catedral.

Perdón por el símil bilbaíno, pero es que la mañana de estrenos no había terminado. Era la primera vez en su vida que mi hijo Paco entraba en un campo de fútbol. Betis-Real Madrid en los carteles. Se llevó una avioneta e hizo muy buenas migas con el niño que tenía a su lado, Miguel Ángel. Compramos las entradas en la puerta 23 y accedimos por la 17, el mismo número de este domingo de otoño en el que mi hijo se estrenó en el besamanos y en el balompié.

Jugaban los veteranos, pero era el partido de los niños. Con un apellido por megafonía. El mismo apellido Guardiola del entrenador que ocupó este mismo banquillo como técnico del Barcelona en su último partido en la Liga española antes de fichar por el Bayern Múnich.

De Pep Guardiola a María Luisa Guardiola, presidenta de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Andalucía (Andex). Hasta su casa de la avenida de la Palmera habrán llegado las tardes de gloria los ecos del estadio, que también se oyen en la unidad oncológica del Hospital Virgen del Rocío que tanto se humanizó por el tesón y la imaginación de esta Madre Coraje.

Todos ganaron con el dos-tres. De padre madridista, a mi hijo lo hicieron bético los Eulogios: su abuelo y su tío, el padre de su primo Eulogio que vino con nosotros al partido. El mismo que el año pasado me acompañó al Betis-Madrid de Liga una semana después de la goleada sevillista en Nervión. Ahora el derbi viene detrás de este Betis-Madrid con tanta enjundia. Como escribía Carlos Colón, hubo sevillistas con el Betis, y barcelonistas con el Madrid: delante había un niño con la camiseta de Neymar.

En el partido convivían desde un tetramundialista como Fernando Hierro a un jugador como Rubén de la Red que con un partido en la selección tuvo que abandonar el fútbol por una dolencia cardiaca. Allí estaban casi treinta años después del España-Malta dos de los héroes del 12-1: Rafa Gordillo, con sus medias caídas, y Paco Buyo, que defendió la portería en aquel partido de diciembre del 83.

Alfonso, Stosic, Alexis, Cañas, Pier. El Betis de Serra Ferrer que volvió de una de sus travesías del desierto. Enfrente, exponentes del Madrid de los García y de la quinta del Buitre. Una mañana de domingo con dos preceptos. Dos goles de Pavón reeencarnado en Zidane para que cicatrizara aquella dialéctica dual de Valdano. El sabor más dulce del manque pierda verdiblanco, el de la generosidad. En el descanso, niños de una escuela de fútbol le lanzaron penaltis a Buyo y a Doblas. Para que la pena máxima sea mínima.El Betis tenía dos nueves en su delantera. Uno de ellos era Pepe Mel, aquel crack que llegó a Heliópolis de ser Pichichi de Segunda con el Castellón. Probó de cabeza, salió rozando el palo. ¿Los últimos? Ayer fueron los primeros.

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