Calle Rioja

Homenaje a la Niña de los Peines, manifiesto con ecos de petenera

  • Demanda. En la ofrenda floral por el cincuentenario de la muerte de Pastora Pavón, piden un nomenclátor flamenco, llevarlo a los colegios y buscarle un espacio propio a la estatua

Patricia del Pozo, consejera de Cultura de la Junta, y Clara Macías, delegada del Ayuntamiento en el distrito Macarena, depositan el ramo de flores junto a la estatua de la Niña de los Peines. Patricia del Pozo, consejera de Cultura de la Junta, y Clara Macías, delegada del Ayuntamiento en el distrito Macarena, depositan el ramo de flores junto a la estatua de  la Niña de los Peines.

Patricia del Pozo, consejera de Cultura de la Junta, y Clara Macías, delegada del Ayuntamiento en el distrito Macarena, depositan el ramo de flores junto a la estatua de la Niña de los Peines. / Juan Carlos Muñoz

MEDIO centenar de buenos aficionados recorrieron los callejones de la Macarena, atravesaron la Resolana y llegaron a la Alameda para honrar, como vienen haciendo desde hace casi cuarenta años, a Pastora Pavón, Niña de los Peines. La Peña Flamenca Torres Macarena cumple con ese rito cada último domingo de noviembre, antesala del alumbrado navideño y de la Inmaculada. Pero esta vez era diferente. Mañana se cumplen cincuenta años de la muerte de Pastora Pavón (1890-1969) y la ofrenda tenía que ser especial.Era tan grande que consiguió lo que ahora parece un imposible. Dos manos del PP, las de Patricia del Pozo, consejera de Cultura, nacida justo un mes antes de la muerte de Pastora, y dos manos del PSOE, las de Clara Macías, delegada del Ayuntamiento en el distrito de la Macarena, de una generación más joven –ella nació el año que murió Elvis– colocaron el ramo de flores bajo la estatua que hizo Antonio Illanes y que se inauguró en 1968, un año antes de la muerte de Pastora Pavón... y de Pepe Pinto, que la precedió en unos días en el viaje.

Manuel Camacho, de la Peña Flamenca Torres Macarena, leyó un manifiesto de homenaje y reivindicación. Pastora Pavón encarna un arte que es producto de tres mil años de mezcla cultural. “Sin el flamenco, Andalucía sería un error”, dice ante las dos damas de la política. Pide a la Administración un nomenclátor del flamenco –“Pastora no tiene calle ni plaza con su nombre en su ciudad natal”–, que el flamenco llegue “a los centros docentes”, que más allá de fanfarrias de la Unesco se le reconozca como una música “tan culta como la ópera o la música clásica”.

Una música con una alquimia especial en la que “los innovadores le devuelven al pueblo con claridad lo que del pueblo recibieron confusamente”. Pastora Pavón no está sola en su cincuentenario. El crítico de flamenco Manuel Martín recordó –y criticó– que hayan pasado desapercibidos los 150 años de don Antonio Chacón en un año de medio siglo sin las Niña de los Peines que también conmemora el siglo de la muerte de Gabriela Ortega, la suegra de Pastora Imperio, y del nacimiento de Luis Caballero, ese aristócrata del cante nacido en Aznalcóllar.

La peña de la calle Torrijiano pretende que la Niña de los Peines tenga un espacio propio para esa estatua que se hizo a propuesta de la tertulia flamenca de Radio Sevilla donde tenía la voz cantante Antonio Mairena.

No es que le desentonen los dos varones que le acompañan, Manolo Caracol y Chicuelo, el torero. “Eran muy habituales los festivales en los que había cante flamenco y corridas de toros”, dice Manuel Cerrejón. “Pastora era muy amiga de Ignacio Sánchez Mejías y cantó muchas veces en su cortijo de Pino Montano”. Amiga del torero y de los poetas del 27 más sensibles a esta manifestación: Lorca y Alberti.

En cuanto a las afinidades con Caracol, a Cerrejón le sale una variante flamenca de Canciones para después de una guerra, la película de Basilio Martín Patino. “A Manuel Vallejo la guerra le cogió en Castro del Río con la CNT, viene para Sevilla y salva su vida cantando para los falangistas. A la Niña de los Peines, como a Marchena, Caracol o Pepe Pinto, les cogió en Jaén. Ellos se fueron para Madrid. Hay carteles de 1937 en los que aparecen Pastora y Pepe Pinto cantando para el batallón Pasionaria que combatía en el frente republicano”.

Una mujer adelantada a su tiempo. “Empoderada”, la llama Manuel Camacho con palabras de hoy. “Con Pastora cambia el papel de la mujer en el flamenco”, dirá Manuel Martín. Una cantaora que revitaliza la petenera y le da su personalidad a los tangos y a la bulería moderna. Cerrejón cuenta una anécdota de la capacidad de esta artista por asumir nuevos palos del flamenco. “Mi padre era de Alosno y me dijo que Pastora y Vallejo llegaron allí después de haber cantado para los ingleses en Riotinto. Poco después sacó un disco de tangos alosneros”.

La admiración entre la Niña de los Peines y Vallejo era recíproca. “Y es raro que una gitana hable tan bien de un payo”, comenta Cerrejón. “Pepe Pinto tenía celos de Vallejo, pero celos artísticos”. Ha sido una semana entera de recuerdo de La Niña de los Peines. Rocío Albéniz, hija de su hermano Arturo Pavón –Tomás Pavón era el mayor– contó vivencias familiares, hija de un hombre a quien en el mundo del flamenco conocían como el cazatalentos. “El Monchi del flamenco”, bromea Jerónimo Roldán, presidente de la peña Torres Macarena.

Patricia del Pozo y Clara Macías han tomado buena nota del Manifiesto de la Niña de los Peines. La primera recuerda sus navidades infantiles con Amparo y María, las hijas de Manuel Torre. La malagueña Antonia Contreras, con la guitarra de Juan Ramón Carro, cerraba con sus cantes el homenaje en la Alameda. Una ofrenda floral que coincidía con el espectacular desmontaje del escenario del Monky Week que la noche del sábado llenaba el Teatro Alameda, en los dominios de Pinto y Pastora, con Derby Motoreta’s Burrito Cachimba.

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