Lencina y los caramelos: al cielo con ellos

Calle Rioja

Homenaje. El Ateneo dedicó una sesión necrológica a quien fue coordinador de la Cabalgata de Reyes Magos, además de ser Gran Visir de Melchor y rey Gaspar.

Vázquez Perea, Pineda Llorca, Amidea Navarro, Pérez Calero, Campos Camacho y Antonio Bellido.
Vázquez Perea, Pineda Llorca, Amidea Navarro, Pérez Calero, Campos Camacho y Antonio Bellido.
Francisco Correal, Sevilla

29 de noviembre 2011 - 05:03

MURCIANOS. Su padre era de Jumilla; su madre, de Yecla. Pero no se podía ser más sevillano. Diego Lencina nació el 16 de febrero de 1938 en la calle Conde de Barajas, tan becqueriana, la misma donde su madre tenía la peluquería.

No existe el sevillano unidireccional. Y Lencina Giménez no iba a ser una excepción. Ayer el Ateneo, que sobre sus hombros metafóricos y literales trasladó desde Tetuán hasta Orfila, le dedicó una sesión necrológica ante su viuda, Rosario, sus cuatro hijas Charo, Soledad, Eva María y María Jesús, su nieta Solete, y José Antonio Lencina, su hermano mayor.

Había otro hermano mayor, José Ramón Pineda Llorca, que ocupa esa jerarquía en la hermandad de la Soledad de San Lorenzo de la que Lencina murió con el número 63. No había cumplido los 20 años cuando vivió en 1956 la creación del Sábado Santo y organizó en 1957, en el cuarto centenario de su hermandad, la exposición de soldaditos de plomo en la plaza del Duque.

Amidea Navarro, delegada de Casco Antiguo, no fue por compromiso ni por protocolo. Conoció a Lencina en su casa paterna, hija la munícipe de Francisco Navarro Sánchez del Campo, que fue muchos años delegado de la Madrugá. "Todos los días pasaba por mi despacho y me decía que se había pasado toda la tarde anterior contando coches en la calle Baños, a la que estoy por ponerle calle Diego Lencina".

De un médico, Antonio Hermosilla, a otro, Alberto Máximo Pérez Calero. Dos presidentes del Ateneo para calibrar la presencia de quien ya trabajó para sus predecesores José Jesús García Díaz, que lo nombró coordinador de la Cabalgata, y Ramón Espejo Pérez de la Concha. A un mes y pico de la próxima Cabalgata, Pérez Calero recordó el ritual de Lencina lanzando al cielo los primeros caramelos de la Cabalgata.

Su reino fue de este mundo. Fue el Gran Visir de Melchor en 1983, fue rey Gaspar en 1997, compartiendo trono con Juan Foronda y Hugo Galera Davidson. Su hija Rosario se encargó de los beduinos. Francisco J. Vázquez Perea recordó los temores de Lencina a que la Cabalgata derivase "en Carnaval". Lo situó en su despacho de Tetuán, entre la casa del conserje, la buhardilla y el estudio de posado de los pintores.

La relación de José Carlos Campos Camacho con Lencina fue capicúa: en 1969 en el Consejo de Cofradías, que no existía como tal, miembros de una comisión de Penitencia cuyos miembros hicieron un viaje a Madrid, donde Utrera Molina les gestionó una entrevista con el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, que les dio 200.000 pesetas. En 1996 se reencuentran en el Ateneo, Campos Camacho de vicepresidente, Lencina de tesorero. Con otro viaje a Madrid, ya en el AVE, y una entrevista con el ministro Javier Arenas menos fructífera que la de Licinio: no consiguieron dinero para la nueva sede del Ateneo. La ayuda estaba se la gestionó Isisdoro Beneroso, presidente del Monte, que sería rey Baltasar.

stats