Memoria de un día memorable
Los Reyes Magos y la Estrella de la Ilusión de la Cabalgata 2010 recordaron sus vivencias en la tradicional cena que todos los años organiza el Ateneo de Sevilla, que ya piensa en la del próximo año
La tradicional cena de homenaje a los Reyes Magos fue la catarsis de una noche mágica. El psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán, presidente de la Academia de Medicina, habría suscrito la palabra. Un intercambio de vivencias, una catarata de epítetos, la convicción de que las palabras no bastaban para definir algo inenarrable.
En el hotel Renacimiento se reunió lo más granado de la Sevilla epifánica, si así denominamos a quienes de un modo u otro participan en llevar a buen puerto una complejísima maquinaria prendida de unos alfileres llamados ilusión y esperanza. Marita Rufino fue la Estrella de la Ilusión. La primera en salir de donde todo se había preparado al detalle y al minuto. Un ejército en son de paz, una expedición que debía paralizar la ciudad de puro asombro.
"Algo tendrán ustedes para haberlo logrado". Se lo decía Carmen Rus Velázquez, la madre de la Estrella de la Ilusión, a Manuel Codes, jefe de Oncología del hospital Macarena que encarnó al rey Melchor. Se refería su interlocutora a esa variante doméstica del cambio climático de conseguir para la mágica jornada el único día sin lluvia de toda la Navidad.
Ello les permitió vivir la ciudad a vista de pájaro, los ojos de los niños, las manos de los padres, la memoria de los abuelos. "Yo nunca he vivido nada igual", decía el doctor Codes, sevillano de la Macarena, el barrio donde nació, vivió y donde en el hospital de ese nombre lleva trabajando más de treinta años.
"La visita al hospital ha sido la experiencia más intensa de toda la jornada", decía Antonio Rodríguez de la Borbolla, presidente del Círculo de Labradores y rey Baltasar. "Nos quitamos el maquillaje cuando llegamos al Mercantil y vimos a esos niños esperándonos tan tarde, es algo muy difícil de olvidar". Entraba en pormenores de su noche mágica con el empresario Gonzalo Madariaga y con Antonio Dichas, jefe de la Guardia Civil de la Región Sur y hombre fundamental en la ceremonia. "Puso a disposición de la Cabalgata todos los vehículos de la Guardia Civil", decía el ex rey mago Luis Miguel Martín Rubio.
A Rodríguez de la Borbolla le salían manos de remero, de esos cientos de remeros recordados en los 150 años de historia del club que preside, para lanzar caramelos. Remaba entre ríos de gente, con un timonel invisible. Felipe Cecilia, presidente de Cáritas Diocesana, todavía estaba cogido por la emoción de la víspera. Curtido en trabajar con niños con carencias, le resultó apasionante ver a tantos niños sonrientes, expectantes. "Ha valido la pena, ha sido un día pletórico, único".
Enrique Barrero, presidente del Ateneo, hizo balance de la Cabalgata en su último año al frente de la institución. Sucesor en el cargo de Antonio Hermosilla, la presidencia volverá con toda probabilidad a un médico en la persona del doctor Alberto Máximo Pérez Calero, ex rey mago.
Antiguas majestades se dieron cita en el hotel Barceló Renacimiento: Juan Miguel Salas Tornero, Francisco Baena Bocanegra, Nicolás Jesús Salas o el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín. Felisa Tomás, su esposa, también fue Estrella de la Ilusión y dice que su marido no ha borrado todavía de su retina la visita que como monarca de oriente hizo al hospital, que entonces fue a Valme.
La Cabalgata del Ateneo echó a andar en 1918. Una tradición a la que se suman otras. Desde que en 1959 el orfebre Fernando Marmolejo encarnó al rey Baltasar, que no debía andar muy lejano en vestimenta y utensilios a los documentados por el tesoro del Carambolo, cada año su taller diseña unos reyes personalizados para cada uno de los que llevan las riendas de sus Majestades. Medio siglo de orfebrería oriental.
Monarcas de diseño, joyas de miniaturista con fondo de caramelos que antes realizaba el titular de la saga y ahora realizan sus hijos Alejandro, Juan José y Manuel. Unos juguetes para quienes tantos juguetes repartieron por toda la ciudad a horas en las que todos los niños, salvo los del hospital Macarena, dormían después de una jornada tan larga.
El Ateneo hispalense ya prepara la Cabalgata 2011, año de elecciones municipales, aunque esas cosas en Oriente no preocupan mucho. Empezó la cuenta atrás. La cena fue multitudinaria. Entre los asistentes, el pintor Juan Valdés, el escritor Rafael de Cózar y los cerebros de la Cabalgata Juan Ortega y Anselmo Valdés.
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