Calle Rioja

“Perdone, pero con perro no se puede pasar”

  • El bar Habanilla, un histórico local de la Alameda, acogió rodaje de un corto cómico

El director del corto, con Jorge, guionista, y Montse, actriz, ambos camareros del Habanilla. El director del corto, con Jorge, guionista, y Montse, actriz, ambos camareros del Habanilla.

El director del corto, con Jorge, guionista, y Montse, actriz, ambos camareros del Habanilla. / A.N.

EL bar Habanilla es de 1926, el año que nacen Caballero Bonald, la reina de Inglaterra y Clavero Arévalo. Lugar de paso de muchos artistas, epíteto que se le puede aplicar a sus camareros. Ayer se llevó a cabo el rodaje fulgurante de un cortometraje. Un gag cómico, un chiste transformado en una historia. El guión es de Jorge León, camarero del local, sangre escocesa de una abuela que nació en Marruecos. La actriz principal es Montse, compañera al otro lado del mostrador, repleto de radios antiguas.

“El chiste me lo contó un amigo que se ha muerto”, dice Jorge en recuerdo de Carlos Encina. También se murió Titán, el perro cachorro de pitbull que iba a protagonizar una de las escenas. Cambiaron sobre la marcha y la frase de Montse, “Perdone, pero con perro no se puede pasar”, hilo conductor de la historia, se la dice a un cliente que entra en el establecimiento con Julieta, una perra chihuahua del tamaño de una sortija que hacía bueno el aserto de Hitchcock, que decía que no hay en cine nada más complicado que rodar con niños y con animales.

Los repartidores de Cruzcampo aparcan la furgoneta en la plaza de la Mata y llegan al bar donde Peris Mencheta hace esquina con Alameda de Hércules. Esperan a que termine de rodar con su ipad el director, Tridi, apócope artístico de Tridimensional, de la productora Malasangre. El ruido de los barriles recordaban esa onomatopeya cervecera del capítulo séptimo del Ulises de Joyce.

El ventanal del Habanilla es un traveling donde una vez se sentaron Los Compadres para hablar de su primera aventura cinematográfica. El rodaje del rodaje es apasionante: pasa el dueño de Muebles Ávila, un clásico de la calle Feria; las hermanas propietarias de la Norte, damas del Sur; Miguel, el antiguo toldero que vende cupones, al que le compran un cliente del Habanilla y un camarero del Amanecer.

Hace un alto en una de las mesas, atraído por la movida del corto del Habanilla, colega del Corto Maltés, un transeúnte muy especial. Carlos Yáñez fue alcalde de Coria y es hermano de Luis Yáñez, que quiso serlo de Sevilla. El vocablo Habanilla le remite a un archipiélago donde experimentó como marinero la crudeza del Atlántico Norte. A este Yáñez le gustaría contarle a María Elvira Roca, la autora de Imperiofobia y Leyenda Negra, que en Angra do Heroísmo, en las Azores, está la fortaleza más grande que construyeron los españoles. Yáñez es el apellido del amigo portugués de Sandokán, el personaje televisivo de Salgari, y el primer apellido de Vicente Yáñez Pinzón, capitán de la carabela La Niña. El segundo apellido de éste es el primero de Emilia Pinzón, que canta el 13 en Malandar en homenaje a Silvio, evocado allí al lado en Avanti con la Guaracha.

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