memoria

Réquiem con música de Falla, Turina y Albéniz

  • El recuerdo del doctor Muñoz Cariñanos sigue vivo en la calle Jesús del Gran Poder veinte años después de su asesinato

  • ETA asesinó a 23 personas en 2000 tras un año sin víctimas

El coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos. El coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos.

El coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos. / m. g.

El año 2000 era bisiesto y mediado el mes de octubre ya habían terminado los Juegos Olímpicos de Sidney, que a diferencia de los de Melbourne 1956 España no boicoteó, y la Bienal de Flamenco, que dirigía Manuel Herrera, un sabio de Los Palacios que acaba de fallecer. En septiembre de 1998, ETA se había comprometido a una tregua de sangre que convirtió 1999 en el único año del último cuarto de siglo en el que no se produjo ningún atentado con víctima mortal. El efecto 2000 no se hizo esperar. El último año del siglo XX, o el primero del XXI según las cuentas, ETA asesinó a 23 personas y dejó un reguero de casi medio centenar de huérfanos.

El llamado Comando Andalucía le dio la vuelta al mapa del Manual para viajeros de Richard Ford y empezó su orgía de sangre el 15 de julio asesinando en Málaga a José María Martín Carpena, concejal del PP en el Ayuntamiento de la ciudad, que acompañaba a su hija a un concierto de Maná. El 9 de octubre, mataron en Granada a Luis Portero, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Uno de sus cuatro hijos, Daniel, mantiene viva la llama de la condena de ese crimen y todos los de la banda terrorista. Los asesinos del juez y del concejal, Jon Igor Solana, que tenía 26 años, y Harriet Iragi, de 23, ya habían hecho alguna visita a la consulta del doctor Antonio Muñoz Cariñanos en la clínica de la calle Jesús del Gran Poder, frente a la casa de los Jesuitas. Una enfermera que prefiere ocultar su identidad los reconoció al ver las fotografías. "Estaban bicheando pasillos y consultas". Veinte años después, Pablo Muñoz-Cariñanos, médico como su padre, sigue su estela en la misma clínica. Aquel 16 de octubre en el que se quedó huérfano estaba de guardia en Madrid, en el Hospital 12 de Octubre. Le llamó su hermana Macarena desde Sevilla para darle la noticia. Estaba embarazada de siete meses cuando mataron a su padre. Al nieto que el coronel médico no llegó a conocer le puso Antonio. Está a punto de cumplir 20 años.

La fecha siempre coincide con la campaña del Domund. La víspera era la festividad de Santa Teresa de Jesús, fecha elegida por el editor José Manuel Lara para la entrega del Premio Planeta como guiño a su esposa, Teresa Bosch. El mismo día del crimen se conoció el fallo del jurado. El año 2000 ganó el Planeta Maruja Torres. El finalista fue Salvador Compán, escritor nacido en Úbeda, compañero de pupitre de Joaquín Sabina, que vivía en la Alameda de Hércules, muy cerca del lugar del crimen, y daba clases de Lengua y Literatura en el instituto San Isidoro. De gira por España con sus novelas, a Maruja Torres y Compán les llegó en Zaragoza la noticia de que el 21 de noviembre de 2000 ETA había asesinado en Barcelona al ex ministro de Sanidad y catedrático Ernest Lluch.

Cada 16 de octubre un réquiem de recuerdos se pasea por los edificios Turina, Albéniz y Falla de los que salen los diferentes alumnos de los Conservatorios de Música. Alfonso, el zapatero, llegó a conocer al doctor Muñoz Cariñanos. Paco Gallardo, médico y novelista, vivía entonces en la misma calle donde está la clínica Nuestra Señora de Aránzazu. "La última vez que coincidí con él fue cuando los dos salimos al escuchar el ruido para atender a una chica que se había caído de la moto por la cera todavía reciente de las procesiones".

La calle Jesús del Gran Poder sigue prácticamente igual, aunque muchos comercios han cambiado de negociado. El año pasado cerró el Alameda Multicines. El martes pusieron en La 2 la película Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, que también dirigió Verano del 42. El verano, 2 de julio de 1942, en que vino al mundo este médico que dedicó buena parte de su vida a resucitar las voces de tantos ruiseñores. Su hijo Pablo lo había visto por última vez en julio de ese año, en la fiesta que organizó su padre en su casa de Gines para celebrar que su vástago había conseguido trabajo en el 12 de Octubre. A la fiesta acudieron, entre otros, Rocío Jurado, Raphael o María Jiménez. Tres de los muchos ruiseñores a los que atendió, nómina en la que aparecen José Menese, Julio Iglesias, Mónica Naranjo, María José Santiago y un larguísimo etcétera de artistas de primer nivel.

Las calles de Sevilla se llenaron de coches de Policía al conocerse el execrable crimen cometido mientras el doctor Muñoz Cariñanos escribía una receta a una paciente que vio el asesinato con sus propios ojos y requirió de asistencia psicológica. No existía todavía la comisaría de la Alameda, cuyo solar despidió un mes antes la última temporada como cine de verano.

Sevilla siempre estuvo en la agenda de los terroristas. El primer zarpazo lo dieron el 28 de junio de 1991 con un paquete-bomba enviado a la cárcel de Sevilla-I que provocó la muerte de dos reclusos, un funcionario de prisiones y el familiar de un interno que había venido desde Santander. El 30 de enero de 1998, ocho meses antes de firmar la tregua-trampa, asesinaron en la calle Don Remondo al teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, Alberto Jiménez-Becerril, y a su esposa, la procuradora Ascensión García Ortiz. A esta macabra trayectoria se le podría haber unido una auténtica masacre de no haber sido por un control de la Guardia Civil en Santiponce, junto a las ruinas de Itálica, que permitió la detención de Henri Parot, que con otros integrantes del comando Argala pretendía hacer volar unos grandes almacenes en el corazón de la ciudad. El valor y el olfato de tres agentes de la Benemérita evitó una tragedia y propició la desarticulación del siniestro comando Argala, formado íntegramente por ciudadanos franceses y con un historial de 41 asesinatos, incluidas las once víctimas de la casa-cuartel de Zaragoza el 11 de diciembre de 1987, entre ellas cinco niñas.

El 16 de octubre por la tarde Sevilla se paralizó. Carlos Cano suspendió su concierto de homenaje a la copla en el teatro Lope de Vega, donde la noticia fue difundida por José Chamizo, Defensor del Pueblo. Andrés Sorel anuló la presentación de un libro sobre los que cruzan el Estrecho en pateras que iba a tener lugar en La Carbonería. El doctor Muñoz Cariñanos formaba parte de una reunión de amigos que todas las semanas comían en La Raza. Entre ellos, Rafael Álvarez-Colunga, Valentín Álvarez Vigil, José Cañete o Gregorio Conejo. La Tertulia El Patio, apadrinada por una página periodística de José Luis Montoya, tenía cinco presidentes y entregaba premios todos los años. "El doctor Cariñanos es el único que fue premiado dos veces por su participación como piloto y como médico en la guerra del Golfo", dice su amigo Montoya.

El 2 de julio de 2004, día de su cumpleaños, su esposa murió de cáncer. Pablo dice que su padre se hizo otorrinolaringólogo porque perdió al suyo de un cáncer de garganta. "Las gargantas que cuidaste te cantarán ahora la copla más triste", le dijo por radio Antonio Burgos. Carlos Herrera, periodista que vive de su voz, acudió numerosas veces a su consulta. El periodista había sido objetivo de ETA ese mismo año. El 27 de marzo de 2000 sospechó de un paquete de puros que llegó a la emisora de Radio Nacional de España en Sevilla y consiguieron desactivarlo. Un año después dio el Pregón de Semana Santa. La primera sin el doctor Cariñanos viendo pasar nazarenos por la calle Jesús del Gran Poder. En la clínica Nuestra Señora de Aránzazu la placa que reivindica su figura comparte espacio con la que recuerda que esta clínica fue un tiempo colegio San Francisco de Paula y tuvo entre sus alumnos a Gustavo Adolfo Bécquer, a cuyo réquiem en los 150 años de su muerte se suman Falla, Turina y Albéniz. Y las sevillanas de la Academia de Alicia Vega.

En cuanto a los asesinos, Jon Igor Solana, autor material de los disparos, en lugar de pedir el acercamiento a cárceles de su tierra, pidió ser trasladado a la prisión de Algeciras donde cumplía su condena su compañera, también militante de la banda. Harriet Iragi huyó por las calles de Sevilla con una herida y fue detenido en la calle Antonio Buero Vallejo. Desde la cárcel de Valdemoro fue trasladado para una intervención en el hospital 12 de Octubre, el mismo donde estaba de guardia Pablo Muñoz-Cariñanos cuando le comunicaron el trágico final de su padre.

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