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Jardines del Valle: El abandono de un remanso

  • 'Botellonas', chabolismo, suciedad y abandono se adueñan del parque del casco antiguo

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Un remanso de sombra convertido en estercolero. Los Jardines del Valle constituyen la zona verde más importante del casco antiguo junto con los Jardines de Murillo. El hecho de que su perímetro se encuentre totalmente amurallado lo aísla del mundanal ruido. Una especie de oasis junto a la transitada ronda histórica. Lugar idóneo para el descanso, especialmente en estos días de intenso calor. La altura de sus árboles protege al viandante del sol. Sin embargo, desde hace tiempo, las bondades de este enclave han pasado a un segundo plano. Cuesta disfrutar de unos jardines que a diario se convierten en un vertedero de botellas. En un pipican de los animales de compañía de muchos vecinos. Y en dormitorio de numerosos indigentes.

Lo primero que percibe quien se adentra en este recinto es el intenso olor a orines que hay en el pórtico de entrada, el que se encuentra en la ronda histórica. La sensación de abandono, a partir de entonces, va en aumento. Las sendas de tierra que conforman estos jardines están cubiertas por una densa capa de hojas. En algunos tramos la espesura resulta bastante notoria. Alcanzan los tres dedos, síntoma evidente de que no se recogen desde hace varios días. Si se fija la mirada en los arriates, se constata la falta de limpieza. Las botellas de vidrios se multiplican. Objetos que se mezclan con las plantas. Si se avanza hacia los restos de la muralla almohade, nos encontramos con varios desperdicios que rebelan la celebración de una botellona, aunque sólo de cerveza, a juzgar por el predominio de botellas que contenían hasta hace poco este líquido elemento. Son las 11:30 y los residuos aún se encuentran en el suelo, a la vista de todos los usuarios de los jardines, que no muestran ningún asombro ante una estampa que se ha convertido, al parecer, en bastante habitual.

Bolsas y botellas son una constante en los senderos. En uno de los bancos hay un grupo de adolescentes, menores de edad, fumando porros. Entre cuatro consumen una litrona que se van pasando de boca en boca. Una vez que se agota la cerveza, lanzan el vidrio directamente al suelo. Sin ningun pudor. Justo detrás, un hombre aprovecha la vegetación de los parterres para que su perro deposite en ellos las heces. Todo el suelo es una colección de cagajones. Algunos más viejos, otros tan recientes que aún huelen. Las papeleras están atestadas. Rebosan. Otro síntoma más de que los resposanbles de la limpieza hace días que no acuden al lugar.

Operarios de Parques y Jardines dice que últimamente hay más actos incívicos aquí

El parque infantil se mantiene en buen estado, a pesar de que el tobogán está repleto de grafitis, que también decoran la trasera de los bloques de pisos que rodean los jardines. En este rincón, la hierba, de considerable altura, ha brotado sobre el suelo empedrado. Entre la maleza hay todo tipo de basuras. Desde envases de yogur hasta preservativos. No sólo el interior de esta zona verde deja bastante que desear en cuanto a su cuidado y mantenimiento. La entrada desde el lateral de la iglesia de los Gitanos es una auténtica cochambre. En una esquina hay desperdicios de comida con un olor nauseabundo: tomates podridos y cabezas de pescado. Junto a unos naranjos hay instalado un sofá muñido con manchas de grasa. Sirve de cama improvisada de cuantos sin techo campan en la zona llegada la noche. Junto al sofá, un colchón hace las mismas funciones. Los mendigos dejan estas pertenencias arrinconadas durante el día, una imagen que a las familias les resulta poco alentadora para entrar con sus hijos en el parque.

Entrada principal a los Jardines del Valle desde la Ronda Histórica Entrada principal a los Jardines del Valle desde la Ronda Histórica

Entrada principal a los Jardines del Valle desde la Ronda Histórica / reportaje gráfico: julián venegas

José María de Burgos es un vecino del barrio. Acude casi a diario a los jardines. "Esta zona se ha convertido en un refugio de indigentes", expresa el residente. A ellos se suman jóvenes que acuden a beber "a cualquier hora del día, ya que al haber mucha sombra y estar apartados, no se les ve". "Esto se ha convertido en un cagadero de perros. Muchos vienen aquí a pasearlos y a que hagan sus necesidades, que luego no recogen", refiere Burgos.

Este vecino mantiene que Lipasam "tiene olvidados los jardines". "Los operarios no acuden nunca, por lo que los empleados de Parques y Jardines se ven en la obligación de limpiar la zona. Esto provoca que no tengan tiempo de hacer sus propias labores. Hay árboles sin podar desde hace varios años. La falta de mantenimiento es evidente, una situación que nos preocupa después de que se hayan perdido tres palmeras por el efecto del picudo rojo", alerta Burgos.

El propio Ayuntamiento de Sevilla es consciente de la situación. Fuentes municipales defienden que el servicio de limpieza de estos jardines depende de Parques y Jardines. Sus operarios han constatado últimamente "un aumento de actos incívicos en los mismos". Por tal motivo, este viernes comienza un plan especial de limpieza que se intensificará la próxima semana, cuando hay previsto en esta zona verde el acto oficial de clausura de curso de un colegio.

La hierba del suelo guarda todo tipo de basura. La hierba del suelo guarda todo tipo de basura.

La hierba del suelo guarda todo tipo de basura.

Estos jardines son unos de los más antiguos que posee la ciudad. Datan del siglo XV y su superficie supera los 10.500 metros cuadrados. Ocupan el antiguo solar donde en su día se levantaba el Convento del Valle, que desapareció con la Desamortización de Mendizábal, en la centuria decimonónica. La marquesa de Villanueva compró en 1886 los terrenos para construir en ellos un colegio de religiosas que conservaría el nombre del anterior cenobio. Este centro de enseñanza permitió que se mantuviera en pie el tramo de muralla almohada que lo delimita en nuestro días, conformado por tres torreones.

Los jardines se pudieron conservar gracias a una gesta ecológica en 1977

El colegio desapareció a mediados del siglo pasado. A partir de entonces, el inmenso solar que ocupaba se convirtió en un terreno abandonado que a punto estuvo de acabar en manos de la especulación inmobiliaria en los 70. Nació entonces una de las gestas medioambientales más importantes de la Sevilla contemporánea. Los biólogos Juan Eugenio Mena Cabezas y Curro Oñate, el ingeniero Carlos Gómez Camacho y el fotógrafo Luis Jiménez decidieron emprender una campaña para evitar que en estos jardines la inmobiliaria del Banco Granada construyera bloques de pisos de tres plantas. Hicieron fotos para demostrar el valor botánico de este vergel y, pese a que fueron arrestados, e iniciaron una campaña de protesta que caló pronto en una sociedad donde el valor medioambiental no estaba muy en boga en aquellos tiempos. Finalmente, en 1978, el Ayuntamiento sevillano denegó la licencia de obras. Una placa cerámica en la entrada de los jardines recuerda la gesta.

En 2010 fueron reinaugurados tras unas obras de mejora y acondicionamiento que costaron a las arcas municipales 300.000 euros. Siete años después, el abandono y la dejadez que sufren dejan en dique seco la inversión y el logro de aquellos ecologistas.

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