Las agresiones de hijos a padres se cuadruplican en cinco años
En 2015 se registraron 461 denuncias judiciales en Sevilla, pero el 70% fueron archivadas
Los casos de violencia filioparental se han multiplicado por cuatro en los últimos cinco años. Según datos del Consejo General del Poder Judicial, el pasado año se registraron en la provincia de Sevilla 461 denuncias de padres que aseguraban haber sido agredidos por sus hijos, aunque "el 70% de estas denuncias fueron sobreseídas", explica Cosette Franco, de la Fundación Ariadna. "En la mayoría de los casos, los padres quitan la denuncia y sólo se resuelven en los juzgados el 20% de los casos".
Desde ayer, y durante dos días, expertos en violencia de hijos a padres debaten sobre este tipo de agresiones en el ámbito familiar desde el punto de vista jurídico, psicosocial y socioeducativo. En el último año, las denuncias han caído un 6%, pero los expertos consideran este descenso como algo "puntual" y "anecdótico".
La Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz alerta del aumento de este tipo de violencia, que define como "un problema en auge": "Vivimos en un mundo muy competitivo en el que cada vez es más difícil dedicar tiempo a los hijos, a educarlos", anota María Teresa Salces, asesora responsable del área de menores, que asegura que fue en 2005 cuando comenzaron a recibir quejas de familias por agresiones físicas y verbales por parte de sus hijos. "Desde 2007 a 2013, último año analizado, las sentencias condenatorias en Andalucía aumentaron un 60%", matiza Salces.
Gonzalo Cañestro, presidente del Colegio Profesional de Trabajo Social de Sevilla, destaca que estos datos reflejan los procesos que han culminado en juicios y condenas; "se quedan fuera las familias que no han completado todo el proceso", anota. "Solamente estamos viendo la punta del iceberg frente a la verdadera realidad de la violencia filioparental en Andalucía y España", explica Cañestro.
El número de chicas que ejercen este tipo de violencia ha "aumentado exponencialmente" frente al de los chicos, que disminuye; y la edad en la que se desarrolla ha bajado de los 16 y 17 años a los 14 y 15. Según los expertos que participan estos días en el foro organizado por el Colegio Profesional de Trabajo Social de Sevilla y Ariadna-Proyecto Mentoris, cada vez es mayor el número de familias de clase media alta que sufren este problema, ya no se centra únicamente en familias en riesgo de exclusión social.
"La violencia filioparental empieza con un insulto y luego pasa por un empujón. La situación puede ser muy sórdida, especialmente para el que lo sufre, en la gran mayoría de los casos la madre, que acaba perdiendo la autoestima", explica Javier Urra, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filioparental. "Normalmente, empiezan en una edad muy corta. Son niños caprichosos que disfrutan machacando. Familias muy permisivas que nunca han puesto límites. Conozco el caso de un alto cargo de la Guardia Civil que no puede con su hija de 8 años", comenta. Urra describe a estos menores como "pequeños dictadores" que se acostumbran no a pedir, sino a exigir. "Hay padres que duermen con el pestillo echado y profesores que no se atreven a regañar a sus alumnos porque sus padres actúan equívocamente como abogados de sus hijos. La pregunta es por qué hay padres que quieren comprar el cariño de sus hijos y se dejan chantajear por ellos", anota Javier Urra. "El pronóstico es grave porque esta sociedad ya no sabe qué es el respeto, el esfuerzo y la autoridad. Se puede educar y también poner límites. Ser padres también es sancionar".
María Teresa Salces, asesora del Defensor del Menor de Andalucía, destaca tres perfiles de agresores distintos. Por un lado, los menores que han recaído en adicciones, cuyos problemas con los padres derivan de los límites impuestos y de la búsqueda de recursos económicos para sus adicciones. En el segundo grupo están aquellos menores que han recibido "una educación excesivamente permisiva", niños sin límites que no aceptan las normas. "Los problemas suelen empezar en el colegio, pero los padres no son conscientes. Luego pasa a la calle, pero los padres siguen sin reconocerlo y lo achacan a las amistades hasta que la agresividad entra en casa", anota Salces.
El tercer grupo son menores con problemas de salud mental que, en muchos casos, no están bien diagnosticados. "El 25% de estos infractores padecen Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad y no están diagnosticados", completa Javier Urra.
En Andalucía hay 15 centros de internamiento para menores, cuatro de ellos en Sevilla, concretamente en Dos Hermanas, Alcalá de Guadaíra y Carmona. Almería es la provincia con mayor número de plazas (236), seguida de Cádiz (204) y Sevilla (129). Pero también hay casos extremos como los de Granada y Málaga, con 14 y 15 plazas para toda la provincia, y en Huelva ni siquiera hay un centro.
El Defensor del Menor critica la distribución irregular de plazas en estos centros de internamiento entre las distintas provincias andaluzas, "una distribución que no se corresponde con los datos poblacionales de menores de 18 años en cada una de ellas". Según el último informe del Defensor del Menor, esta disparidad hace que Almería disponga de una plaza por cada 598 menores frente a Sevilla, con una plaza para cada 3.047 menores, o Málaga, con una para cada 21.030 menores.
A esto se suma que a estos centros no sólo acuden menores que agreden a sus padres, sino también otro tipo de infractores. El pasado año, 803 menores de 14 a 17 años fueron enjuiciados y se dictaron 633 sentencias penales, el 86% con imposición de medidas.
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