El 'alma de cemento' de la ciudad
Enrique Barrero presentó su libro sobre reflexiones urbanísticas y el pensamiento de José María Izquierdo
El Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla acogió ayer la presentación del libro Reflexiones sobre Sevilla como conjunto histórico y sobre el pensamiento urbano de José María Izquierdo, obra de Enrique Barrero González, presidente del Ateneo y académico numerario de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia, entidad que lo ha editado.
En el acto participaron el presidente del Círculo, Salvador Casado Sosa; el presidente en funciones de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, José Manuel Vázquez Sanz; el secretario general del Ateneo de Sevilla, Alberto Máximo Pérez Calero, y Víctor Pérez Escolano, catedrático de Composición Arquitectónica de la Universidad de Sevilla, quien presentó al autor y su obra, "manifestación de su la preocupación profesional, cultural y cívica de Enrique Barrero", según afirmó.
La obra, según el autor, constituye "un conjunto de reflexiones sobre los problemas y cuestiones que plantea la habitual tensión existente entre la dialéctica conservación-destrucción de las ciudades históricas, con una particular atención a Sevilla", y que tienen su origen tanto en su atención a estas cuestiones desde el aspecto teórico como en "las muchas experiencias que me ha brindado mi estancia en la asesoría jurídica del Ayuntamiento de Sevilla durante muchos años".
Allí conoció de primera mano asuntos de excepcional importancia, como "el pretendido derribo del Coliseo España y su salvación fachadista in extremis, la construcción de la Torre de los Remedios, la frustrada construcción del Jardín del Valle, las incidencias de la construcción de la fachada de El Corte Inglés, en el Duque, y otros muchos". En este sentido, constituyen precedentes sus libros sobre la calle San Fernando, de 1979, reeditado recientemente por el Colegio de Arquitectos, y el reciente Estragos de la Piqueta.
El libro actual tiene tres partes bien diferenciadas: una relación cronológica, detallada y, en muchos aspectos, enjuiciada de las normas estatales y municipales y recientemente autonómicas, que han regulado la conservación de la ciudad histórica. Un juicio sobre las causas que han propiciado la destrucción de las ciudades históricas, en general, y de Sevilla en particular, entre las que el autor destaca "la mentalidad histórica dominante hasta fechas relativamente cercanas; la regulación del régimen de ruinas de edificaciones y la importante, y no demasiado estudiada, incidencia de una legislación de arrendamientos urbanos descabellada; el impacto de la circulación de vehículos; la carencia de medios de las administraciones locales, las polémicas tradicionales sobre la existencia o inexistencia de un estilo sevillano y otras muchas cuestiones concordantes.
Hay un tercer capítulo en el que enjuicia la situación actual y apartándose, "creo que razonadamente -afirma Barrero- del pensamiento oficial dominante. Así, pienso que existe un cierto acoso de la propiedad urbana", asegura el presidente del Ateneo.
Asimismo, Barrero critica lo que denomina "conservaciones fachadistas", en concreto las "construcciones actuales a las que se obliga a mantener la cáscara del pasado en un intento de engañar al futuro", y aboga por una "cierta flexibilidad funcional en el famoso tema de las alineaciones", incidiendo de lleno en la cuestión de las obras en los espacios públicos y en las contaminaciones visuales de esos espacios, "en algunas ocasiones alarmantes", como la reforma de la plaza Virgen de los Reyes.
El libro se cierra con algunas reflexiones sobre el pensamiento urbano de José María Izquierdo, "un gran pensador y un gran sevillano del primer cuarto del siglo XX, que merece ser conocido por algo más que por haber fundado la Cabalgata de Reyes ".
Enrique Barrero analiza la opinión de Izquierdo sobre las reformas de Sevilla, "que él vivió intensamente, como consecuencia de la futura exposición, hasta su muerte en 1922"; escribe sobre su rechazo de la existencia de un estilo sevillano y sobre su repudio del pastiche, trata de hacer ver su equilibrio entre tradición y progreso, sobre el que hizo notables aportaciones rigurosamente actuales, y termina con el intento de reflexionar sobre el concepto de la gracia, "que Izquierdo definió como el quid divinum o, en definitiva, el alma de la ciudad".
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