El amor empata sin límites
calle rioja
Celebración. La novia es bética y trianera; el novio, sevillista y macareno. Van juntos a todos los derbis y mañana se casan en la Basílica de la Macarena tras diez años de noviazgo
Las nuevas tecnologías ya estaban en la teoría del amor de la carta de San Pablo a los Corintios que se lee en todas las celebraciones nupciales. "El amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca". Los novios que mañana dirán el sí quiero en la Basílica de la Macarena nacieron los dos el último año capicúa del siglo XX y son hijos de las nuevas tecnologías. De hecho, Andrés Manzanaro (Palma de Mallorca, 1991), el novio, conoció a Reyes Romero (Sevilla, 1991) por messenger. La vio por primera vez cuando fue a conocerla a la salida de las Esclavas, donde ella hacía cuarto de ESO.
Otro siglo, otro tiempo. Basta con comparar este romance con el de sus padres. El padrino, Félix Romero, conoció a la madre de la novia un día de los Inocentes, cuando ambos con amigos comunes organizaban un cotillón. Cuatro días antes de la boda de su hija, han celebrado treinta años de matrimonio. La madrina, Mercedes Martínez, conoció al padre del novio en Palma de Mallorca, donde ella fue de viaje de fin de curso con sus compañeras del colegio de las Mercedarias y él trabajaba en los barcos.
El amor no pasa nunca. Pese a chispazo tan tecnológico y etéreo, los novios llegan al momento decisivo con diez años de noviazgo. Hay cimientos detrás de un silbido, toneladas de afecto en una intuición. Son otros tiempos. Andrés, el novio, trabaja de programador web en una empresa de eventos y también hace sus pinitos como dj. Su sueño es ser armao de la Macarena. La niña de las Esclavas, a la que Adelaida le dio clase de Inglés, estudió Derecho y Finanzas Contables y en puertas de su boda esperaba las listas de un máster de abogacía.
Andrés se tomó las uvas en la Nochevieja de 2015 y en los primeros minutos de 2016 cogió el portátil y apuntó a la pareja en la lista de espera de las bodas en la basílica de la Macarena, donde el amor empata sin límites porque viene de empatía. Andrés y Reyes han salido varias veces en la prensa deportiva. No se pierden un derbi, que viven con la misma deportividad con la que llegarán al altar. Hijo de madridista y bética, un tío y un abuelo metieron baza para que Andrés se hiciera sevillista. En el caso de Reyes, todavía recuerda el berrinche que se cogió con seis años cuando Figo le marcó a Jaro el gol que le dio al Barcelona la Copa del Rey contra el Betis. Todavía vivía su abuelo Félix, que había sido maestro de escuela en Santa Olalla del Cala, el pueblo de su padre, el mismo donde la antorcha olímpica de los Juegos de Barcelona 92 pasó de Extremadura a Andalucía.
Van a todos los derbis. En Nervión paga el sevillista; en Heliópolis la bética. Para celebrar sus cinco años de relación, la novia bética logró que Andrés Palop, el héroe de Donetsk, le diera a su tocayo una camiseta con su nombre firmada por los jugadores. La pirueta del novio fue más rocambolesca. El sevillista tiró de familia. "José Curita, el utillero del Betis, es primo de Rosa Acuña, compañera de mi madre en las Mercedarias, y gracias a él conseguí que Joaquín le entregara una camiseta con su nombre cuando Reyes cumplió 25 años".
Desde que se apuntó en la lista de espera de contrayentes de la Macarena, se disputaron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Rajoy volvió a la Moncloa y el equipo del padre del novio ganó dos Copas de Europa. Tomás Manzanaro, alicantino de nacimiento, muy joven se metió en los barcos. A la boda llega desde su destino en una plataforma situada frente a las costas de Angola. Un oficio de las novelas de Joseph Conrad. El novio nació el 20-N de 1991 y lo bautizaron el quinto día de la Expo, el mismo día, 25 de abril de 1992, que sus padres contrajeron matrimonio.
Nació en Palma de Mallorca, donde se conocieron sus padres, pero, salvo otra etapa infantil en Fuengirola, siempre ha vivido en Sevilla, donde es acólito de la Cena, los Javieres y San Buenaventura. Son más de interiores que de conciertos. Les gusta tanto el universo Disney que de luna de miel se van a Orlando. La última película que han visto de solteros es Gru, el cómico villano al que idolatran los Minions.
El novio es sevillista y macareno, con lo que en cierta forma juega en casa. La novia, bética y trianera. "Mis abuelos paternos y maternos vivían en Triana, yo cruzaba el puente todos los días y aprendí a bailar sevillanas en una academia de la calle Rodrigo de Triana". El empate moral es la salsa de sus victorias y las derrotas sólo las dejan para la jerga del marinero. Si Andrés recuerda el gol de Oliveira que dejó al Sevilla sin jugar la Liga de Campeones, Reyes no olvida el efímero triunfo continental en Nervión anulado con la remontada, la tanda de penalties y la pifia de Nono que llevó al equipo de su novio en volandas hasta ganar en Turín la final continental al Benfica.
La rivalidad nunca es eterna, es el amor el que no pasa nunca. La primera vez que salieron tenían los quince años del amor de la canción del Dúo Dinámico. Ella, hija de una doctora y un ingeniero, tenía que estar en casa antes de las ocho y media. El amor espera sin límites. Y de regalo de Reyes, un derbi.
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