Tribuna

Los barcos que venían a Sevilla a morir

  • La historia de la empresa sevillana Desguaces Guadalquivir representa a un sector silencioso y desconocido que logró un considerable volumen de trabajo en España hasta mediados de los 80

Un barco desguazado en el Puerto de Sevilla.

Un barco desguazado en el Puerto de Sevilla.

El desguace de un buque es uno de los trabajos más tristemente bellos. No sabemos qué es peor para un barco: acabar despedazado por los sopletes para que parte del mismo se entregue a otro más joven, sucumbir ante la fuerza engullidora de la mar, o ser abandonado en la espantosa soledad de un muelle u orilla (en el Guadalquivir hubo varios), sin que nadie se acuerde de sus viejas y oxidadas líneas.

Tras esta bucólica introducción, debemos mencionar que entre finales de los años cincuenta y mediados de los ochenta en casi todos los puertos españoles, y en un periodo de tiempo relativamente corto, florecieron instalaciones dedicadas al reciclaje naval. Para el caso de Sevilla tenemos Desguaces Guadalquivir, empresa fundada en 1975 por Francisco García Campos.

La horquilla de edad de la mayoría de los buques traídos a Sevilla para ser achatarrados se encontraba entre los 25-35 años de servicio, destacando algunos soviéticos, cargueros tipo «Liberty» subastados por lotes en la costa este de los Estados Unidos, embarcaciones militares (dragaminas español «Segura M-05», fragata portuguesa «Pero Escobar F335», etc.), dragas, remolcadores, y buques mercantes de diverso tipo y bandera. El remolque de algunos era asombroso, pues cruzaban las inmensidades de océanos, mares helados o tempestuosas olas para morir desguazados en el único puerto marítimo de interior de España.

Una vez atracados en el muelle de la Esclusa, en la primera fase de despiece se extraían salones de oficiales, maderas nobles, camarotes, cocinas, comedores, literas, maquinaria y elementos de navegación y mecánicos, pues eran susceptibles de ser reutilizados. En la segunda fase se iniciaba el total desguace del buque, para lo cual solo se necesitaban, aproximadamente, dos meses, empezando por la proa y superestructura. Soplete en mano, se retiraban los principales elementos de la cubierta e, incluso, como algunas veces se hizo, el puente por completo de la embarcación. Las operaciones seguían hasta dejar los grandes bloques convertidos en un montón de hierros inservibles o piezas ordenadas por tamaños para su más fácil acceso a los hornos de las siderúrgicas. Los motores también eran extraídos de las entrañas del casco. En una tercera fase se separaban los metales no férricos (cobre, estaño y bronce), pues se comercializaban aparte.

Gracias a la prensa local tenemos constancia del comercio que la empresa sevillana hacía de las piezas salvadas: anclas, cadenas, relojes, compases, lámparas de cobre… es decir, todo aquello que podía ser reutilizable por otro armador para su buque. En algunos casos, se llegó a vender camarotes completos de antiguos barcos de pasaje. Asimismo, los palos, balsas de salvamento, radar y embarcaciones auxiliares fueron otros tantos artículos útiles que los navieros solían adquirir en sus visitas a la empresa.

Desguaces Guadalquivir se convirtió en el particular mercadillo para los anticuarios o propietarios de bares, los cuales gustaban decorar sus casas o establecimientos con artilugios náuticos. Sus instalaciones eran un curioso mundo para estos aficionados. Llama poderosamente la atención que las propias oficinas de la empresa fueran el puente de mando de un carguero, íntegramente cortado y conservado, posado sobre tierra. Como recuerdo de todo ello, visitar hoy Sevitrade, empresa estibadora que en 1989 García Campos fundó tras el cese de la actividad de desguace, es pasear por multitud de pequeños recuerdos de barcos españoles y extranjeros ya desaparecidos. Maquetas, bitácoras, brújulas, telégrafos, ojos de buey, etc., adornan sus oficinas.

En total, y según nuestra investigación, por Desguaces Guadalquivir, entre 1976-1989 (13 años) pasaron 51 buques (9 nacionales y 42 internacionales), los cuales supusieron un total de 273.038 tn achatarradas.

Paradójicamente, junto al lugar de muerte de estos se encontraba Astilleros de Sevilla, donde se construían y reparaban nuevos barcos. Como curiosidad, hubo años en los que el número de buques desguazados superaron a los botados (1984, 1985, 1986 y 1987), momentos que coincidieron con la reestructuración del sector de la construcción naval española.

Sin embargo, la actividad de Desguaces Guadalquivir desapareció en 1989 por la crisis que a todo el sector occidental afectaba, debido a las competencias que los países asiáticos ofrecían.

La historia de la empresa sevillana Desguaces Guadalquivir representa a un sector portuario, silencioso y muy desconocido, que en una España industrial y en constante crecimiento consiguió un considerable volumen de trabajo para los puertos, pero que rápidamente inició su declive con el despertar de Asia, actividad que, desde entonces, en Europa ha quedado meramente testimonial.

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