"El cálculo infinitesimal era horrible, me lo saltaba por la Sevilla medieval"

Francisco Javier Sánchez Angulo. Estudió Ingeniería Informática por una tradición científica, llevó las redes del Banco de Alimentos y su blog musical tiene dos mil seguidores

"El cálculo infinitesimal era horrible, me lo saltaba por la Sevilla medieval"
"El cálculo infinitesimal era horrible, me lo saltaba por la Sevilla medieval"
Francisco Correal

30 de julio 2016 - 05:03

SU blog se llama El cajón de los Misterios. Así es la vida de Francisco Javier Sánchez Angulo (Sevilla, 1968). Puro misterio.

-¿Eso se hace o se nace?

-No sé si tiene que ver, pero yo nací cuando los Beatles sacaron Lady Madonna.

-¿El primer misterio?

-Con tres años nos mudamos de San José Obrero a Los Naranjos, en la Ronda de Capuchinos. Todavía no habían construido el hotel Macarena, vivíamos en un sexto piso y todas las noches veía la muralla iluminada.

-¿Una historia de familia?

-Tal vez la de mis abuelos paternos. Él, montañés de Bielva, se vino de niño a la tienda de ultramarinos de Cipriano González, en Camas. Ella, burgalesa de Briviesca. Se conocieron en Sevilla y se casaron el 29 en el Salvador.

-¿Su primera vocación?

-Estudié en los Salesianos de la Trinidad. Lo de Ciencias o Letras era como a cara o cruz. Se habla mucho de la Formación Profesional, pero entonces estaban separados físicamente por una tapia.

-¿Su afición a la música?

-En el Conservatorio hice hasta tercero de Solfeo. Los inductores fueron mis hermanos. El mayor, porque se trajo de un viaje a Irlanda una cinta en la que le grabaron por una cara Sargento Pepper y por la otra música tradicional irlandesa. Al segundo le regalaron por Reyes una guitarra. Los Salesianos para las misas compraron una batería y una guitarra eléctrica.

-En su perfil hay una mezcla entre el clasicismo (la historia) y los soportes más avanzados...

-Yo tenía la indecisión del adolescente. Cerca de los cincuenta años es cuando estoy definiendo las cosas que me gustan.

-¿Quién le inculca la afición a las cosas de Sevilla?

-Primero mi padre, un enamorado de las tradiciones. Pero el cambio fundamental fue leyendo el libro de José María de Mena Historias y Leyendas de Sevilla.

-¿Se metió en su formación?

-Un hermano se hizo físico, el otro médico. Las Ciencias eran una tradición de la familia y estudié Ingeniería Informática. El cálculo infinitesimal era horrible. Descubrí la colección de bolsillo de Morales Padrón, primero el de la Sevilla medieval. ¡Anda que no me saltaba clases para seguir los planos del libro.

-(Pasan a nuestro lado dos hermanas de la Cruz) ¿Hay misterios andantes?

-Una vez fueron a ver a mi padre en su casa de Jerez. Mi madre lo contaba emocionada, porque una de ellas se arrodilla y le besa los pies al enfermo.

-¿Su primer trabajo?

-Entré con una beca como informático y programador en la Consejería de Educación, en Torre Triana. Tenía un perfil muy apreciado, pero el problema de esas empresas es la deshumanización. Con el cambio de destino, cambió el equipo de trabajo y me entró agorafobia. En una de las bajas, coincidió con la reforma laboral, el 11 de mayo de 2011, martes de Feria, recibí el despido por burofax. Después de casi trece años con Sadiel y Ayesa.

-¿Cuál fue su paracaídas?

-Isabel, mi mujer. Ese sábado de preferia salimos a celebrar que había tomado posesión de su plaza como técnica de rayos. Ella me dio espacio para que me rehiciera. Como yo digo, una cosa es estar parado y otra estarse quieto y yo no me he quedado quieto en estos cinco años. Hasta abril fui community manager en el Banco de Alimentos. Hice cursos de corrección de estilo, diseño gráfico, fotografía digital. De eso no se come, pero cambié mi perfil.

-¿En qué cambió su vida?

-A raíz de la ansiedad de esa época, tuve que prescindir de todos los lujos que antes me podía permitir menos dos, internet y las clases de yoga. Practico diariamente la meditación.

-¿Y la música?

-Tengo cerca de dos mil seguidores en el Facebook, en el que estoy conectado con cincuenta músicos de todo el mundo. Una pareja de Canadá con los que había cantado virtualmente y vinieron a Sevilla. Más rockeros que Leonard Cohen, les hice una paella. Ella se puso a llorar cuando vio la puerta del Perdón. Mi mujer la imitó. El síndrome de Stendhal en primera persona.

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