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Si no se calla el cantor

  • Emotivo homenaje a Pascual González, que contará con una plaza del Polígono San Pablo

Si no se calla el cantor

Si no se calla el cantor / josé ángel garcía

Se llama Rocío González Tenorio y venía con su guitarra. Electrizó al auditorio cantando por Mercedes Sosa. "Si se calla el cantor, se quedan solos los humildes gorriones de los diarios". "En casa, mi padre no cantaba sevillanas, cantaba a Jorge Cafrune, Horacio Guaraní, Chico Buarque…". El cantor no se calla, no se va a callar nunca, aunque Pascual González, el padre de Rocío, se muriera el 6 de febrero de este año. Él, que durmió tan cerca de la casa portuguesa de Sabrosa donde nació Magallanes, que lo encarnó en el espectáculo ¡Tierra!, también faltará como el mítico navegante para recibir a Elcano y los supervivientes de la nao Victoria en el quinto centenario del final de la primera vuelta al mundo.

Pascual le dio varias vueltas al planeta de la música. La Asociación Cultural de la Copla Marifé de Triana le organizó un emotivo homenaje en el Centro Cívico Ranilla, el que lleva los nombres de Soto, Saborido y Acosta, Cantores de Híspalis del sindicalismo, los tres mosqueteros del Proceso 1001.

En esos años setenta surge Cantores de Híspalis. Juani, Juan Luis Calceteiro, es el único superviviente de los fundadores del grupo que revolucionó las sevillanas. Preparó con mimo este tributo, que ya empieza a dejar sus frutos: una plaza del Polígono San Pablo, su particular Greenwich Village, llevará el nombre de Cantores de Híspalis. El barrio donde fueron vecinos y amigos de Rafa Gordillo, aunque el himno del Betis lo componen en 1985, el año que el vendaval poligonero ficha por el Madrid. "Mi padre tenía en el ordenador una foto de Gordillo y otra del Cristo de la Presentación", cuenta Rocío.

Para abrir boca, se proyectó el documental Pascual del Alma. Texto de Enrique Casellas, música de José Carlos Seco, imágenes de Carlos Valera. A Joana Jiménez le regaló la letra de una saeta que le cantó al Gran Poder en su salida misional de noviembre. Manolo Marvizón guarda tres reliquias: la Misa Cofrade, una producción con Pulpón y Cantores en la que Emilio Vázquez llegó a bailar en Doñana sobre una excavadora, probablemente de Gregorio Conejo, y el programa Que vivan las sevillanas grabado en la Hacienda La Boticaria donde en su visita a España le pusieron una jaima a Gadafi.

Entre el público estaba Manuel Melado, compositor de algunas de sus sevillanas más célebres. Una alianza entre un peluquero y un melenudo. Irene Gallardo lo conoció en un bar de la calle Baños gracias a su hermano, técnico de sonido, y allí le veía escribir letras en servilletas de papel, como se dice que hacía Rodríguez Buzón. Julio Vera, el fundador de la banda de las Tres Caídas que estaba con Távora en Nueva York el 11-S, dice que Pascual "nunca necesitó un atril en el Maestranza para pregonar Sevilla". El 11 de septiembre de 2021, veinte años después del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, Pascual y los Cantores llenaron la Plaza de España y sus torres gemelas de Aníbal González con sus sevillanas. La época de Diego Ramos, el que los estimula para ¡Tierra!.

Un trombón propició la amistad de Pascual González con Francisco Javier Gutiérrez, director de la Banda Municipal. "Lo conocí en 1989, buscaban un trombonista", dice este músico de Guillena. "Cuando se acaba la lógica, ahí está Dios". Pascual es para él un ejemplo de levantarse tras cada caída. "Tras el boom de las sevillanas vino la catástrofe y Pascual se levantó. La misma lección nos dio con su enfermedad". Cuando el músico de la Calzada se fue a Londres a grabar estaba tendiendo puentes como los de Lorca y Falla en el Congreso de Cante Jondo. Lo dice un músico que acaba de volver de Polonia de dirigir música de Debussy y Massenet y no se le caen los anillos por incluir sevillanas en su repertorio.

José Enrique de la Vega destaca su etapa hippie, Manolo Gordo evoca los festivales de Sevillanas que presentaba Nicolás Fernández Sevilla en el teatro Álvarez Quintero. Francisco Javier Montiel le hizo un réquiem de sevillanas en Radio Betis. Francisco de Juan fue vecino suyo en Valencina y compañero de viaje en el AVE cada vez que iban a Madrid a sus compromisos profesionales con Tele 5. Casi medio siglo de amistad con Paco Herrera. "Yo era el Canijo y él el Carioco". 1976. Parque Alcosa. Una vez Pascual lo vio cantando en el yate Margarita. Los dos tenían una pasión secreta: la música de Emerson, Lake & Palmer. Una última visión. "En el parking de Leroy Merlín. Mi nieta Daniela le dijo cuál era su canción favorita: Micifuz y Robustiana".

En el auditorio de la antigua cárcel de Ranilla había hasta compañeros de la tuna. Las bendiciones corrieron a cargo de Emilio Calderón, párroco de San Pío X, en el barrio de las Letanías. Estaba El Chozas, el Nano de Jerez, Jesús Molina, hermano de Manuel, el mundialista Biosca, Elcano del borceguí, Rosa del Estad, hija de Rafael. Tere Sánchez cantó dos canciones de Marifé y Alfonso de Miguel, mantenedor del acto, cantó unas sevillanas de Rafael del Estad que coreó todo el auditorio con la guitarra de José Manuel Tudela. Los Cantores (Juani, Carlos, Alex, Diego), siempre en la sombra, salieron al final para cantar En Sevilla. ¿Dónde si no?

Un día cargado de emociones para Rafa Gordillo. Por la mañana llevó la Copa del Rey a la unidad de Oncología infantil y por la tarde este encuentro con el legado de Pascual González, su amigo del alma, uno de los muchos que se le han ido. Al final descubrieron un retrato de Pascual González hecho por Laudelino Pino. De regreso al centro, cogí el 27. Por megafonía anunciaban la siguiente parada: "Luis Montoto-San Benito". Cerca del bar La Chicotá. La vuelta al mundo de Pascual. A su trastienda, tan ilustre e ilustrada, de Mañara a Gestoso, de Turina a Cernuda, de Al Mutamid a José María de Mena.

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