Tribuna de Opinión

La Fábrica de Artillería, un lujo desconocido para Sevilla

No tendría sentido que un conjunto tan unitario tuviera dos tratamientos distintos en su restauración

Los arquitectos han dejado acreditada su profesionalidad en la primera fase

La Fábrica de Artillería de Sevilla.
Europa Press / Eduardo Briones
Fernando Mendoza
- Arquitecto. Premio Nacional 2008 de Conservación y Restauración de Bienes Culturales

La Real Fábrica de Artillería de Sevilla fue la instalación militar fabril más importante del sur de Europa. Al quedarse sin función en el año 1991 se ha mantenido prácticamente intacto un extraordinario y enorme conjunto de dos edificios en el barrio de San Bernardo, desconocidos hasta ahora porque su acceso estaba prohibido por razones de seguridad.

Este complejo tuvo su origen en una pequeña fundición de bronce de la familia Morel en el año 1565, en pleno reinado de Felipe II. Uno de sus de sus trabajos más reconocidos, realizado por Bartolomé, fue la fundición del famoso Giraldillo, veleta que remata nuestra torre mayor y que le da nombre. Fue con Felipe III, en el siglo XVII, que el Estado adquirió la fundición convirtiéndola en Real Fábrica de Artillería. Más tarde, con Carlos III, en el siglo XVIII, se construyeron los edificios actuales, diseñados por ingenieros militares.

La fábrica suministró de artillería a las flotas de Indias y a todas las plazas fuertes de Sudamérica. Además de cañones, la fábrica realizaba otras fundiciones, por ejemplo los dos leones del Congreso de los Diputados que presiden su escalinata de acceso. Sus piezas de artillería tuvieron un gran prestigio porque los cañones se fundían macizos y, luego, el ánima se barrenaba para crear el hueco. Esto impedía que el cañón explotara cuando se disparaba.

La invasión napoleónica destrozó la fábrica, aunque se dice que los franceses intentaron fundir un cañón que superara la bahía para bombardear Cádiz, el último reducto nacional en el que se elaboró la primera Constitución española.

Centro cultural

El conjunto de la Real Fábrica de Artillería está compuesto por dos grandes edificios separados por una calle, continuación de la llamada Almonacid del barrio de San Bernardo. La restauración del complejo ha comenzado por el edificio situado al Oeste, llevada a cabo de forma ejemplar por los arquitectos Francisco Reina y Eduardo Martínez Moya. En la rehabilitación del edificio han aplicado la técnica de mínima intervención, buscando dejar testigos de la historia del edificio y de su historia fabril. Destacan la riqueza de espacios y la forma de construir las cubiertas de madera, con elaborados encastres y artesonados. Esta variedad de espacios permite al conjunto transformarse en un centro cultural de última generación.

Durante las obras ha aparecido una villa romana que fue excavada sólo parcialmente. Para su contemplación, los arquitectos han construido una cripta de 800 metros cuadrados, aunque su restauración y acceso al público necesitarán una inversión complementaria.

A final de 2018, la Unión Europea aprobó el proyecto presentado entre España y Portugal para el impulso de una estrategia conjunta cultural y de innovación que tiene como eje principal el desarrollo de la rehabilitación y transformación de la Fábrica de Artillería en el nuevo Centro Magallanes, como conmemoración de la primera vuelta al mundo. Recordemos, que aunque solo la nao Victoria completó el viaje, la flota inicial partió desde Sevilla.

"La Catedral"

Este proyecto de conservación y rehabilitación se enmarca dentro de una estrategia más amplia de generación de actividad económica y empleo, vinculada a la industria cultural que se desarrolla en colaboración con instituciones y agentes portugueses y de la Junta de Andalucía.

El Ayuntamiento de Sevilla, ayudado por la Unión Europea, ha comenzado la rehabilitación y puesta en valor de la Fábrica. Actualmente se están poniendo las bases para la rehabilitación del edificio Este, llamado “la Catedral” por la altura de sus naves. Es de esperar que el equipo que rehabilite la segunda fase sea el mismo que el que realizó la primera. No tendría sentido que un conjunto tan unitario tuviera dos tratamientos distintos. También sería una forma de reconocer y valorar el trabajo de los arquitectos que han dejado acreditada su calidad profesional en la primera fase.

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