Las fotos que habrían hecho las gárgolas
Devoción. Dejan pueblos, playas, campos y montañas para venerarla. Es de noche, las calles de la ciudad no están puestas pero los caminos a la Virgen de los Reyes están trazados
A esa hora no habían puesto ni las calles, pero el camino estaba perfectamente trazado. Una cita con la Fe y con la Historia. Josep Pla distingue en su Cuaderno Gris entre bosque y arboleda. La Alameda pertenece al segundo de los conceptos. El Museo del Prado ha puesto en marcha una iniciativa para diseccionar las imágenes y personajes del Jardín de las Delicias de El Bosco. Si la pinacoteca de las Meninas y las Hilanderas estuviera cerrada, una réplica del cuadro del pintor flamenco se podría encontrar en este espacio abierto contra las crecidas del río por el Conde de Barajas: cánticos de borrachera, estragos de botellona, hombres durmiendo de cualquier manera a la intemperie. Las Delicias habían dejado solo al Jardín.
Las horas previas de la salida de la Virgen de los Reyes son como una segunda Madrugada en el año sevillano. Peregrinos que han venido caminando desde La Algaba, desde Olivares, desde Santiponce. Alguien vino desde Bellavista y se encontró la Palmera llena de gente como si el Betis jugase a deshora. Todavía es noche cerrada y ya hay gente apostada en las gradas de Alemanes esquina con la Avenida, junto a la Punta del Diamante. Por la puerta de san Miguel salen algunos sacerdotes que han concelebrado la misa de las cinco y media de la mañana. En la de las seis y media hay que ocupar las dos naves laterales porque la central está completamente llena.
Termina la misa y en la puerta de Palos ya hay una multitud aguardando la salida de la procesión con la patrona de la ciudad. Sólo las monjas del convento de la Encarnación deben estar habituadas a estar despiertas tan temprano. Estarán asomadas desde sus discretos ventanales. Los músicos de la Banda Municipal, la Policía Local con traje de gala, la compañía militar. A quien madruga Dios le ayuda. Mañana de reencuentros. Luca tiene un mes. Sus padres lo miran con arrobo junto al Palacio Arzobispal. Contrasta la pequeñez del bebé con la monumentalidad de la Giralda, su mes de vida con los siglos de historia del antiguo minarete.
El alcalde que presidió el Santo Entierro Grande y el alcalde que no pudo procesionar en el Corpus van juntos en la procesión. José Luis Sanz y Antonio Muñoz. Aquí no hay siglas, sólo hay siglos. Siete siglos y tres cuartos, para ser exactos. El tramo de Placentines que pasó a llamarse Cardenal Amigo Vallejo es un embudo de gente. “Parece un Dardanelos”, dice alguien ducho en geografía transcontinental citando el Estrecho que dio nombre a una serie que rodaron en Sevilla Ava Gardner y Omar Shariff. En la misa de seis y media ha participado el hermano Pablo, que es el sereno de la calle Cardenal Amigo Vallejo. Nació en Aviñón, cantera de Papas, y por su jefe y amigo de Medina de Rioseco ya sólo reconoce el aire de Sevilla, cantera de cardenales.
La procesión de la Virgen de los Reyes es una procesión de interiores y campanas, una romería en la que los pueblos se acercan a la metrópolis, a la aldea global que fue capital del mundo y ahora según el Estatuto de Carmona lo es de Andalucía. Entre los feligreses de la misa de seis y media está Javier Rubio, autor del libro Buenos días y gracias a Dios, un centenar de meditaciones en su particular camino de Damasco. El día lo están haciendo en los hornos del tiempo. Ya hay vendedoras de nardos en las calles adyacentes y empieza la yincana de las Vírgenes dormidas: Santa Rosalía, Pozo Santo, Santo Ángel, las Mínimas de Pagés del Corro. Es un recorrido con reminiscencias de Semana Santa. En Pagés del Corro, además de la estatua de Rodrigo de Triana y la casa natal de Gitanillo de Triana, además de la iglesia de san Vicente de Paúl (autor de una frase para enmarcar: “el bien no hace ruido, el ruido no hace bien”) y de un corral de vecinos que data de 1909, hay una Virgen dormida. Está en el Monasterio de Monjas Mínimas de san Francisco de Paula donde el 21 de marzo de 1608, nueve años después del nacimiento de Velázquez, nueve antes del de Murillo, el clérigo Francisco de Lara fundó la hermandad de las Tres Caídas de Cristo.
La iglesia del Santo Ángel, en la calle Rioja, encierra muchos secretos, algunos de los cuales pueden verse en su museo. Una calle donde han vivido un hijo, un nieto y bisnietos de Aníbal González, donde en realidad se hizo la foto de la generación del 27 del Ateneo y se encuentra desde hace un cuarto de siglo la sede del Diario de Sevilla. En el Santo Ángel hay otra Virgen dormida y la iglesia llena. La noche del 30 de octubre de 1988, María Santísima de las Angustias, titular de la hermandad de los Gitanos, tras ser coronada canónicamente en la Catedral, se refugió de la lluvia en este templo. En agradecimiento, la cofradía de los Gitanos ofreció un cuadro a la Comunidad Carmelita “con el gozoso motivo de la coronación canónica de Nuestra Señora del Carmen el 10 de octubre de 2015”.
En Santa Rosalía, la cola para ver a la Virgen Dormida atraviesa la plaza del Pozo Santo y ocupa buena parte de la calle Jerónimo Hernández. Sale de verla Antonio Sánchez Carrasco, que dedicó un libro, el sexto de los suyos, a hacer un catálogo gráfico y literario de las Vírgenes desconocidas de Sevilla “y algunas de las menos conocidas”. El complemento de la Virgen de los Reyes, advocación fundamental en el cambio histórico que para la ciudad supuso la campaña de un estratega llamado Fernando III que cuatro siglos después se convirtió en San Fernando.
Antes de que saliera en andas de los costaleros, la Virgen de los Reyes presidió las dos misas para madrugadores. A su lado, estatuas de San Isidoro y san Leandro y los bustos de san Pío, san Laureano y santa Rosalía. Colas por doquier en toda la ciudad: no sólo para ver las Vírgenes dormidas (la Virgen en realidad nunca duerme, no hay nadie más despierto en los textos evangélicos), también para desayunar en las Setas esquina con Puente y Pellón, para comprar lotería de Navidad en El Gato Negro y hasta para adquirir higos chumbos en un puesto ambulante en Pagés del Corro esquina con san Jacinto, entre la Estrella y el ficus de la discordia.
El sol se adueñó de la ciudad. Las gradas frente a la Punta del Diamante cambiaron a los devotos por los turistas y la Virgen de los Reyes, porque por ella reinan los reyes, volvió a sus lares. La Alameda cambió su estampa del Jardín de las Delicias del Bosco por la estampa más familiar y costumbrista de los mediodías de agosto, la hora del Angelus y del aperitivo. La plaza de los Reyes había recuperado su relativa tranquilidad. La de fotos que habrían hecho las gárgolas con la plaza a rebosar y la Virgen, madre de un Dios hecho hombre, renovando su pacto de afecto y fidelidad con la ciudad que deja playas, campos y montañas cada 15 de agosto para venerarla.
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