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De las inundaciones del Ebro a la presa de Melonares

De las inundaciones del Ebro a la presa de Melonares

De las inundaciones del Ebro a la presa de Melonares / Jesús Diges / EFE

Entre la segunda y la tercera semana de diciembre se han producido catastróficas inundaciones en Aragón, Navarra, Rioja, Castilla y León y Tarragona, producidas por la crecida del Río Ebro, con pérdidas, por el momento sin cuantificar con exactitud, pero cifradas en millones de euros.

Las razones de estas inundaciones se han achacado a la borrasca Barra, que ha dejado miles de hectáreas anegadas en Navarra, Aragón y Rioja, o a la falta de limpieza del cauce del río. Esta última razón parece, como mínimo, ingenua en una inundación de estas proporciones. Pero es que, además, inundaciones semejantes se repiten cada cierto número de años, sin que se les ponga ningún remedio. Dejando aparte las grandes inundaciones históricas (1643, 1775, 1871 y 1961), las ha habido recientemente en 2013, 2015 y 2018 (aragondigital.es del 17 de diciembre). Por estas razones es interesante echar una mirada retrospectiva a las medidas que han tratado de tomar los Gobiernos de años anteriores.

En el año 1993, el Ministro de Felipe González José Borrell presentó el Plan Borrell, un trabajo técnico que interconectaba, entre otros, el Ebro al Levante español y no salió adelante por falta de acuerdo con el PP.

Cuando llega al poder el PP en 1996 retoma el trasvase del Ebro en el Plan Hidrológico Nacional de 2001, que incluía la construcción de numerosos embalses de regulación en la cuenca del Ebro, que hubieran evitado estas inundaciones, pero que no salió adelante porque el PSOE y los partidos gobernantes en Cataluña en ese momento (PSC, ERC, IU) lo tumbaron en 2004 y propusieron la desalación, inadecuada por su elevado coste para el riego, y solo válida para el abastecimiento humano.

La falta de un gran pacto de Estado entre PP Y PSOE sobre el agua ha llevado a esta situación.

El EBRO tiene el caudal de dos Guadalquivires y casi uno de ellos se va al Mediterráneo. No pasaría nada si un 10% de esos excedentes se trasvasarán a Levante, con todas las cautelas ambientales necesarias para preservar los caudales ecológicos de Ebro y del Delta. Es posible técnicamente pero cada vez más improbable dada la falta de consensos políticos entre PP y PSOE, cada vez más distanciados, mientras los problemas reales de la gente no se resuelven, y este es uno de ellos muy importante para el futuro de la tierra levantina y para evitar las inundaciones del Ebro. Pero es que, además, dirigentes de Ecologistas en Acción exigen que no se construyan más embalses en España (Santiago Martín Barajas, Diario Público, 26 de enero de 2021), y sin embalses será imposible evitar las inundaciones del Ebro. Esta política está siendo seguida, por el momento, por la Ministra de Transición Ecológica del Gobierno de España, que ha evitado la construcción de todas las presas programadas. El tema es algo más complejo, pero esto es una síntesis de por qué no se conecta la España húmeda con la seca. La clase política no ha estado a la altura que el país necesita, y no ha sabido aplicar el principio de que el agua no es de los ribereños, como era en la Edad Media, sino de todos los españoles.

Es cierto que las presas suponen una transformación radical del paisaje, pero un ejemplo de que se pueden conciliar los temas de abastecimiento y medioambientales está en la presa de Melonares, con una capacidad de 140 Hm3, frente a una capacidad de almacenamiento del resto de embalses que abastecen a Sevilla de 200 Hm3. donde se ha resuelto perfectamente hasta la vacunación de la población de conejos que sirven de alimento a las águilas. Donde la superficie de compensación ecológica ha igualado la superficie dedicada al embalse. Si no se hubiera construido Melonares, cosa que intentaron algunos, estaríamos ahora en Sevilla con restricciones.

Por otro lado, no hay una transformación del paisaje semejante a la que suponen las grandes superficies dedicadas a la ubicación de los paneles solares o a los molinos eólicos, pero esto se considera inevitable debido a la necesidad de energías renovables. También la energía hidroeléctrica es una energía renovable.

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