Sevilla

El parón del ladrillo derrumba la compleja maquinaria de Contsa

  • La firma sevillana presidida por José Salas deja en el aire deudas de al menos 50 millones con más de 1.200 inversores · En su operativa hay ecos de las crisis filatélica y de las hipotecas 'subprime'

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La pérdida de revoluciones del motor inmobiliario en España está pasando factura tanto a las compañías plenamente dedicadas a este negocio como a las empresas satélites que nacieron al calor del boom iniciado en 1999. Una de ellas ha sido Grupo Contsa, fundada por el intermediario sevillano José Salas Burzón precisamente en el año 2000, aunque él operaba en este mercado desde mediados de los ochenta.

El holding, integrado por una treintena de sociedades, ha presentado proceso concursal en el juzgado mercantil de la capital ante la imposibilidad de afrontar los compromisos de pago adquiridos con sus inversores. Deja así en el aire deudas que podrían rondar al menos 50 millones de euros con un mínimo de 1.200 inversores y que fuentes consultadas elevan a más de 2.000. Entre ellos hay multitud de pequeños ahorradores de distintos puntos de Andalucía. Cartuja Financiera, una de las sociedades del grupo a través de la cual se captaban los fondos, tiene sedes por toda la comunidad. Junto a esos inversores hay profesionales liberales, conocidos artistas y deportistas, según fuentes del sector financiero muy cercanas al caso.

La empresa había explicado un día antes que, como consecuencia de la caída del mercado inmobiliario, unida a las fuertes restricciones del crédito actuales, tanto la actividad como los beneficios de Contsa han sufrido una fuerte caída que ha impedido "un puntual reparto de aquéllos a sus inversores". Y además señalaba con el dedo a los culpables de su desgracia: "La fuerte presión y exigencia de ciertos inversores y su negativa a aceptar ningún tipo de moratoria que pudiera permitir el relanzamiento de la actividad".

Santiago Herrero, presidente de la CEA, no dio la espalda a este escabroso asunto y al ser preguntado por el caso explicó que la desaceleración económica "tendrá repercusión en algunas empresas". E indicó que esto "ya se está viendo en el crecimiento del desempleo" en la construcción y "en situaciones concursales".

José Salas tiene previsto citar a los más de mil inversores el próximo 3 de marzo en el hotel Al Andalus para dar a conocer las razones de la suspensión de pagos. Los activos (patrimonio) con los que cuenta Contsa -suelo para desarrollo inmobiliario, así como edificios en España, Rumanía y Estados Unidos, empresas sanitarias y explotaciones agrarias- tiene un valor de mercado (el importe que se obtendría si se pusieran todos a la venta) máxima de 50 millones, según estas fuentes.

De ahí que parte de los inversores mostraran ayer su confianza en que el proceso judicial les permita cobrar aunque sea a largo plazo. No obstante, la asociación de consumidores Facua encendía otra luz de alarma al argumentar que muchos de esos inversores afectados están ligados a la empresa como deudores y como accionistas, lo que les impediría acudir al proceso concursal como acreedores (deudores) al ser parte de la empresa.

Las razones de la suspensión de pagos de Contsa recuerdan en cierta medida a la forma de operar de Forum Filatélico y Afinsa, por un lado, y a las hipotecas subprime (o de alto riesgo) de Estados Unidos.

Salas era en sus orígenes un subastero (acudía a las subastas de pisos embargados), por lo que estaba familiarizado con los estratos sociales con dificultad para suscribir créditos con las entidades financieras. Por otro lado, esta actividad también le permitió relacionarse con constructores y promotores. Estos dos colectivos forman la primera pata de su actividad. A ellos les prestaba el dinero -tanto préstamos personales como hipotecarios- con intereses que oscilaban entre un 25 y un 30 por ciento. En ambos casos, proveía de liquidez a personas que tenían dificultades para hacerlo en el mercado financiero.

De ahí la similitud con las subprime, hipotecas que contrataban estadounidenses con mal historial crediticio. La diferencia es que en ese país esos préstamos se cerraban con los bancos convencionales y en España con sociedades como Contsa.

Pero, ¿de dónde procedía el dinero prestado? José Salas captaba ahorros de pequeños inversores a los que se les prometía una rentabilidad muy superior a la que ofrecían en la última década bancos y cajas. Las mismas fuentes explican que los intereses que Contsa se comprometía a abonar oscilan entre el 10 y el 35 por ciento. Esto contrasta con la remuneración que el sector financiero convencional venía ofreciendo por los depósitos en esos años, cuya media era del 3 por ciento.

Esa atractiva propuesta de inversión, que era comunicada a través del boca a boca, se respaldaba con los enormes intereses que cobraba a sus clientes. Los altos intereses y esa manera de hacer publicidad de los mismos entre familiares y amigos asemejan esta operativa con la de Forum Filatélico y Afinsa, empresas de compraventa de sellos que quebraron en 2006.

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