Sevilla

Un libertario en el ruedo

Eros y civilización, de Herbet Marcuse, liberó su mente y su cuerpo de la ortodoxia marxista. Se metió en todos los charcos de los revueltos 60: la militancia comunista y su posterior desengaño, la jerga estructuralista, París y el grupo de Ruedo Ibérico, las peregrinaciones para escuchar al gurú García Calvo, los viajes con LSD como sustituto del psicoanálisis... Lo que otros vivieron como una tragedia o una agonía él lo vivió como una fiesta, la gran fiesta de la vida. Un cura aficionado a la tauromaquia lo salvó de una cárcel de Barcelona con un argumento que dejó sin armas al juez militar: "es andaluz y le gustan los toros". Vázquez Montalbán no tuvo la misma suerte. Íntimo amigo de Savater, de Félix de Azúa, de Víctor Gómez Pin, trabajó en el gran mundo editorial de Barcelona en una época en la que los "escritores veían una vileza pretender hacerse rico con un libro. Se contentaban con regalarlo a los amigos en un almuerzo". Los que lo conocen saben bien de su generosidad, una generosidad que se manifiesta tanto en un restaurante como en su entusiasmo a la hora de animar las aspiraciones del prójimo. No se para de repetir que el yo es múltiple, que todos somos un poliedro. Él es el mejor ejemplo de esta teoría: taurino, libertario, cosmopolita, bon vivant... 

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