Con música de George Brassens
Calle Rioja
Las vidas de Manuel Jurado y Salvador Compán se han cruzado muchas veces. La última, el jueves de la semana pasada. En la segunda planta del FNAC de la Avenida, Compán figuraba entre el público que asistía a la presentación de la novela de Jurado Los meteoros. Lo sé de buena tinta, porque a mí me encomendaron la presentación.
Son escritores que han dedicado su vida laboral a la docencia. Conciliación de afanes que jalonó su trayectoria de notables galardones: Jurado López ganó el Adonais de novela y Salvador Compán fue finalista del Planeta de novela el año 2000 que lo ganó Maruja Torres. El poeta se jubiló como profesor de Literatura en el instituto Velázquez, el novelista en el San Isidoro.
Compán nació en Úbeda y en esa patria chica de Sabina y Muñoz Molina estudió Manuel Jurado, sevillano del Cerro del Águila. La presentación de Los meteoros (Paréntesis) se aplazó cuatro meses porque aquel día de noviembre su autor recibió el premio Aljabibe de Poesía con su obra Territorio vedado que dedica a sus compañeros del Portaceli. El jurado poético lo presidía Rafael Escuredo. El ex presidente de la Junta de Andalucía iba a presentar en Madrid mañana, 29, la última novela de Compán, Palabras insensatas que tú comprenderás, título extraído de una canción de Georges Brassens. El acto se ha pospuesto, esta vez no por un galardón poético sino por poderosas y prosaicas razones: la convocatoria de huelga general. Dos autores que comparten el mecenazgo literario de Escuredo, que hace treinta años barrió en las autonómicas del 82 y ahora se faja en el sufragio de las librerías. La novela de Compán tiene como hilo conductor la vida de María Lejárraga, autora de las piezas que firmaba su marido, Gregorio Martínez Sierra.
Compán y Jurado López tienen en común otra circunstancia bien curiosa que los convierte en pioneros del europeísmo. Una vocación muy anterior a Maastricht. El primer destino como profesor de Compán fue Ibiza, isla que fue refugio de Alberti en la guerra. Ya con plaza en el San Isidoro, no pudo rechazar una tentadora oferta: la posibilidad de dar clases de Lengua y Literatura en Bruselas durante tres años a hijos de funcionarios y de emigrantes.
Manuel Jurado añade a la poesía y la novela sus trabajos como traductor. Una faceta que alimentó los siete años que trabajó como profesor en la ciudad suiza de Saint-Gallen, a la que pronto volverá para una velada literaria. La villa helvética en la que jugaba el chileno Iván Zamorano antes de fichar por el Sevilla.
En la presentación de Los Meteoros hubo protagonistas de la novela. El Cerro del Águila de unos niños que no se acostumbran a llamar Hytasa a la avenida Héroes de Toledo, nombre del que en su infancia hacían abstracción de cualquier connotación bélica imaginando quizá centauros manchegos, rocinantes alados.
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