Hay música después de la muerte
Historia de un piano Un recuerdo puntual se convirtió en certamen de música
La Casa de Cataluña reunió a los cinco músicos sevillanos ganadores del certamen creado para honrar la memoria de la pianista Teresa Guardia, fallecida hace diez años en el derrumbe de la calle Bustos Tavera
El repertorio podía haber sonado en cualquier sala de conciertos de Francfurt, Viena o Milán: Debussy, Beethoven, Liszt, Schubert... Música interpretada al piano por músicos unidos biográficamente a topónimos mucho más domésticos: Pilas, Espartinas, Lora del Río. La historia que protagonizan, sin embargo, retrata la universalidad de la música.
Sonia Mendoza (23 años), Rafael Rivas (19), Francisco Montero (18), Daahoud Salim (18) y Juan Pérez Floristán (16) tienen toda una carrera interpretativa por delante, pero nunca olvidarán la circunstancia que les ha hecho participar en un mismo concierto. El escenario fue el Conservatorio Cristóbal de Morales. Fue la historia de un piano.
Eran cinco niños cuando el 6 de abril de 1999 el derrumbe de una fachada de la calle Bustos Tavera atrapó mortalmente a Teresa Guardia i Vidal, joven barcelonesa afincada en Sevilla que tenía en común con ellos la pasión por el piano. La desgracia ocurrió en el número 39 de la calle Bustos Tavera. En el número 43 tenía su floristería Marta Strohecker. Allí entraron los padres de la joven fallecida para comprar un ramo de flores y colocarlo donde todavía estaban sacando los escombros.
Marta había oído el grito desgarrador de la joven a la que alguien vio con su mochila negra y su chaleco rojo. Desde la floristería avisó a los bomberos, que nada pudieron hacer por salvar la vida de la joven. La floristería está en la plaza de San Marcos. Marta, con ayuda de Julio García, el párroco de ese templo, dedicaron sus energías a buscar el consuelo espiritual de aquellos padres afligidos que estaban desamparados.
"Nadie los acogió en Sevilla", recuerda Marta Strohecker. Cuando fueron a recoger los enseres de la joven en la casa de la calle Duque Cornejo donde residía, no supieron qué hacer con el piano. "En Barcelona, Teresa tenía un piano mejor", recuerda Marta, que provisionalmente se hizo cargo del instrumento. Cuando poco después fundó y se convirtió en primera presidenta de la Casa de Cataluña en Sevilla, pidió permiso a los padres de la joven para incorporar el piano al modesto patrimonio de la entidad. Ellos dieron su consentimiento.
El piano fue trasladado de Duque Cornejo a Bustos Tavera y de aquí a la calle Virgen de Guaditoca, donde se encuentra la sede del Casal de Catalunya. Se hizo el duelo, se produjeron cambios políticos en la alcaldía de Sevilla, comenzó el juicio contra las arquitectas y el promotor, pero la nueva depositaria del piano no quiso que se marchitara la memoria de quien de alguna forma había creado esos lazos culturales.
Como era un piano el elemento que había sellado esta ceremonia contra el olvido, la Casa de Cataluña organizó un concierto al que acudieron Jorge Guardia Puig-Pinos y María Teresa Vidal Rosell, padres de la joven pianista fallecida. También estuvo Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, que apuraba su último mandato como presidente de la Generalitat.
Aquel concierto dio el fruto de cinco becas consecutivas cuyos ganadores se reunieron el pasado jueves para honrar a su benefactora en el décimo aniversario de su muerte. La Generalitat sigue colaborando en las becas "aunque no volvió a venir nadie", dice Marta Strohecker. "Montilla nos mandó una foto suya muy grande que no pensamos colocar hasta que no venga en persona a alguno de los conciertos".
Las ayudas las reciben de Exteriores, el departamento que coordina Josep-Lluis Carod-Rovira. "Los catalanes de Andalucía tenemos el mismo tratamiento que los catalanes de Argentina o de Alemania", dice la artífice de esta iniciativa. El piano de Teresa la acompañaba en bodas y otros saraos a los que acudía con la orquesta de cámara que se había formado entre alumnos de Musicaula, el centro donde estudiaba.
Dos conciertos y cinco becas. Siete años de recuerdo de Teresa. Una iniciativa encomiable sin apenas medios, con escasa publicidad. Con el esfuerzo de un puñado de socios y la semilla de los propios pianistas premiados. Los cinco fueron obsequiados con una litografía que representa el baile de la sardana -baile para el toque, guiño muy flamenco- y con la actuación de Rafael García Moreno, pianista cordobés que hizo su particular versión del Rusignol que cada año los participantes en el certamen tienen que tocar. Este cordobés es profesor del Conservatorio y ha hecho música para teatro, desde La Celestina a obras de teatro infantil.
Juan Luis Pérez interpretó a Schubert y a Liszt. Daahoud Salim tocó a Chopin y la Sinfonía Diabólica de Prokofiev. Rafael Rivas repitió con Chopin. Francisco Montero eligió la Partita en do Menor de Bach y Sonia Mendoza, la ganadora de la primera beca, la Passionatta de Beethoven y Fuegos de artificio de Debussy.
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