El parricida de Los Pajaritos ya intentó asfixiar a su mujer

Cristina Maestre Real se negó a declarar contra su verdugo en un juicio celebrado en 2006 · El asesino, que sigue muy grave, asestó 12 puñaladas a la víctima

Cristina Maestre Real y su verdugo, Pedro Campallo Martín, juntos en una fotografía tomada en febrero de 2006.
Cristina Maestre Real y su verdugo, Pedro Campallo Martín, juntos en una fotografía tomada en febrero de 2006.
Fernando Pérez Ávila

12 de febrero 2009 - 05:03

El parricida de Los Pajaritos había intentado asfixiar a su mujer con una almohada el verano pasado. Así lo expuso ayer el padre de la víctima, que atendió a este periódico en las puertas del Instituto Anatómico Forense mientras se practicaba la autopsia al cadáver de su hija. Los primeros avances de esta prueba forense apuntan que la mujer recibió 12 puñaladas en el cuello, en el pecho y en los brazos. Dos de las heridas resultaron mortales porque le afectaron al corazón, mientras que los cortes en los brazos pudieron ser producto de un intento de defensa por parte de la víctima.

Cristina Maestre Real, de 29 años y madre de dos niños pequeños, había sufrido malos tratos en numerosas ocasiones por parte de su marido, Pedro Campallo Martín. Sin embargo, Cristina siempre había perdonado a su verdugo, al que denunció en dos ocasiones pero contra el que se negó a declarar después. Tras pasar por un centro de desintoxicación por sus problemas con las drogas, Pedro pidió a Cristina una nueva oportunidad asegurándole que nunca más probaría los estupefacientes.

Un mes después, este joven de 27 años mató a puñaladas a su esposa, convivió con el cadáver entre 14 y 20 horas y decidió quitarse la vida a las cuatro menos cuarto de la tarde del martes. Saltó por la ventana del cuarto piso del número 46 de la calle Cigüeña en el que residía la pareja pero no llegó a matarse. Sufrió fracturas en la pelvis y en las piernas, la rotura del bazo y lesiones internas en el tórax. A la hora de cierre de esta edición permanecía ingresado en el Hospital Virgen del Rocío en estado muy grave y bajo custodia policial.

"Es un perro asesino, peor que los perros, que no vale ni para trabajar porque no lo ha hecho en su vida. Era mi hija quien mantenía a la familia con su tienda, harta de trabajar". José Maestre, padre de Cristina y a quien casi todos en Los Pajaritos llaman Antonio, expresaba de esta forma sus sentimientos hacia su yerno. "Le presté 80.000 euros para que montara la tienda y sólo me pudo devolver 3.200, la pobrecilla. No hacía falta que me diera nada porque lo que tiene que hacer un padre es ayudar a sus hijos, pero ya me he quedado sin ella".

La víctima tenía nueve hermanos, la mayoría de los cuales estaban ayer en el instituto anatómico. Todos coincidían en que había dado demasiadas oportunidades a su marido. "Era una madre de lo mejor. A mi hermana todo el mundo la quería para que ese perro le quitara la vida de esta manera", relató Francisca Maestre.

Cristina denunció dos veces a su asesino por malos tratos pero luego no quiso seguir adelante con los procesos judiciales abiertos y llegó incluso a declarar que convivían "sin ningún problema". La primera denuncia fue interpuesta el 8 de abril de 2005 en la comisaría de la Policía Nacional en Torreblanca. En ella aseguraba que su marido le había agredido a puñetazos, mordiscos y tirones de pelo. El juicio se celebró el 19 de enero de 2006 y el fiscal pidió tres meses de cárcel y seis de alejamiento. El juzgado de lo Penal 13 de Sevilla dictó la absolución del acusado porque la mujer se acogió a su derecho a no declarar contra su marido, y éste negó la agresión, ya que dijo que simplemente habían tenido una discusión.

Cristina presentó el 22 de junio de 2008 una segunda denuncia contra su marido por amenazas de muerte, insultos y malos tratos. El juzgado de Violencia sobre la Mujer 1 la citó a declarar dos días después y ella, que compareció asistida por un abogado, dijo que "no quería declarar contra su marido, que renunciaba a la orden de protección solicitada y que quería continuar su vida en común con él". Por ello, el juzgado archivó el asunto por renuncia de la víctima, una medida que el fiscal no recurrió ni solicitó diligencias adicionales de investigación. "Quitó las denuncias porque lo quería mucho y por sus hijos, que querían mucho a su padre", cuentan los hermanos.

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