El parto, la boda y un concierto de Sabina
El 11-S cogió a la futura novia preparando la Feria de Coria y al futuro padre en la cocina del Guggenheim de Bilbao
El 11 de septiembre de 2001, Carmen Rufo e Isabel Fernández tenían 21 años. Carmen estaba terminando Dirección y Administración de Empresas en Ramón y Cajal. Isabel, en cuarto de Historia. Las dos jóvenes universitarias disfrutaban de sendas jornadas agradables. Carmen estaba con su madre, María del Carmen Plata, visitando a su tía Lola en Rochelambert. Isabel estaba en plenos preparativos de la Feria de Coria que ese martes celebraba el día del Pescaíto.
Todo saltó por los aires desde una pantalla de televisión. Como Carmen e Isabel no le tenían miedo al futuro, ocho años después, el 11-S de 2009, no le tenían miedo al pasado. Ese día, Carmen Rufo dio a luz en el Virgen del Rocío a su primer hijo, Pablo, que hoy cumple un año de vida. "Nació por cesárea", recuerda la madre, "y David, el padrino del niño, cuando se enteró de la fecha, nos dijo que la anuláramos. Está la Seguridad Social para cambiar la fecha de un parto". Isabel tampoco cree en el maleficio de las fechas. El 11-S de 2009, viernes, se casó en el Ayuntamiento de Sevilla con Cristóbal López (Sevilla, 1969), pintor de viviendas. Están unidos a esa fecha. Se conocieron cuando Isabel fue a afiliarse como militante del PSOE a la Agrupación Centro de la que Cristóbal era secretario de Organización. "La Agrupación se llama Círculo Socialista Salvador Allende, que murió asesinado el 11 de septiembre de 1973", dice Cristóbal.
A Isabel y Cristóbal les coge la celebración del primer aniversario de su boda en Oviedo, en un viaje programado por la historiadora. Los casó Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y en el convite, celebrado en Bollullos, sentaron en la misma mesa de invitados a Celis, Susana Díaz y Carmelo Gómez. Isabel tiene dos conexiones americanas: su abuelo materno, Juan Verdugo, un agricultor que soñaba con ser clarinetista, nació en La Habana, hijo de emigrantes. "Volvieron a España, estalló la guerra y a mi bisabuelo lo fusilaron", dice Isabel, que trabajó de archivera en Santo Domingo. "Al volver de República Dominicana, me afilié al PSOE". Surgió el idilio entre Santo Domingo y el Lunes Santo: Cristóbal acaba de cumplir 25 años como hermano de la Veracruz. También es de la Bofetá. "Firmé un pacto con mi mujer. Nos casábamos en el Ayuntamiento, pero al día siguiente, 12 de septiembre, día del Dulce Nombre de María, le llevaríamos un ramo de flores a la Virgen".
Pablo pesó al nacer cuatro kilos y doscientos gramos. Llegó al piso de Rochelambert que estrenó de casado su abuelo José María, sevillano de El Real de la Jara. Los padres de Pablo disfrutaron de un largo noviazgo: ya niños bailaban sevillanas en la caseta del Banco Exterior en la que trabajaban los dos abuelos del niño que hoy cumple su primer año de vida. El padre de Pablo, José Manuel Marín, es cocinero de profesión. En 2001 se fue a Bilbao a trabajar en el restaurante que Martín Berasategui tenía en el Museo Guggenheim. "Vi el atentando mientras comía. Me había preparado un chicharro, aquí le dicen jurel, con guarnición de pisto manchego. Estaba viendo la tele, me quedé alucinado". Sonó el teléfono. Era Concepción García Romero, su madre. "Me dijo que me volviera cuanto antes para Sevilla, que eso sonaba a una guerra o algo peor". En la actualidad, es cocinero en el colegio que la ONCE tiene en el barrio de la Calzada, muy cerca de la iglesia de San Benito donde bautizaron a Pablo Marín Rufo.
Transcurrieron ocho años entre los atentados contra las Torres Gemelas y esta doble celebración: el nacimiento de Pablo y la boda de Isabel y Cristóbal, que rompieron el protocolo del fotógrafo para hacer un alto en Casa Morales. Primera cerveza de recién casados. Ocho años. Los que tenía Rubén Salcedo Vázquez. El 11 de septiembre de 2001, Rubén salió del colegio San Sebastián de La Puebla del Río. En lugar de ir a su casa, se quiso hacer un homenaje, cambió de planes y se fue a comer con su abuela Araceli. Allí vio el horror. "Yo era un niño, pero supe que algo muy grave había pasado, sobre todo cuando vi a los mayores tan melancólicos, tan preocupados".
Rubén tiene 17 años y juega en los juveniles del Betis de defensa central. El noveno aniversario de tan fatídica fecha se habrá levantado muy temprano. Con su equipo cogerá un barco en Algeciras hasta Ceuta, donde mañana juegan un partido de la Liga de juveniles. El regalo es la moral que cruzará el Estrecho: hace más de dos meses sacó la entrada para ver a su ídolo, Joaquín Sabina, en el Auditorio Rocío Jurado. Otra forma de espantar maleficios. "A Sabina me aficionó mi padre. Cuando me llevaba en coche a los entrenamientos, siempre me ponía una cinta suya. Al principio no me gustaba, cuando cambió mi forma de ser, mi forma de ver las cosas empecé a identificarme con sus letras, con lo que transmite. Tengo su libro de sonetos y quiero conseguir su autobiografía". Rubén no irá solo al concierto. Le acompañarán Yolanda, su madre -el mismo nombre que la madrina de Pablo, el niño de Rochelambert- y Verónica, su hermana, 24 años, ingeniera aeronáutica con estudios en la Escuela de la Cartuja. A mí, Sabina, que los arrollo, usando el símil balompédico para este cantante que los regará con sus canciones de Vinagre y Rosas.
Los dos matrimonios, José Manuel y Carmen, Cristóbal e Isabel, que tienen mucho que celebrar cada 11-S, se regalaron sendos cruceros por el Mediterráneo en su luna de miel. Ambas parejas tienen Nueva York como asignatura pendiente. "Lo que nos echa para atrás es la duración del vuelo", dice Carmen, que trabaja en la sede del BBVA en la Palmera. "Hay un vuelo desde Portugal que acorta mucho. Es muy caro. Habrá que ir haciendo hucha". En Nueva York estuvo Tamara, una de las dos hermanas del cocinero, que trabaja en El Corte Inglés.
Marta Strohecker Pallarolas le tiene una manía particular a aquel maldito día. "El atentado a las Torres Gemelas me impidió hacer publicidad de la Casa de Cataluña que acabábamos de inaugurar", dice esta florista barcelonesa que hace treinta años llegó a Sevilla casada con un andaluz al que había conocido cuando hacía el servicio militar en el Ampurdán. Marta ha preparado la iglesia de San Marcos para una boda que se celebra este 11 de septiembre y también se encarga del exorno floral. Su floristería fue hace diez años la primera sede de un Casal de Catalunya que fue creciendo en todo, menos en presupuesto. "En este décimo aniversario no hemos celebrado nada porque el departamento de Exteriores, que depende de Carod-Rovira, no nos ha mandado ninguna subvención".
El 11 de septiembre de 2001 a Marta Strohecker la habían citado en Canal Sur para que hablara de la nueva sede de los catalanes afincados en Sevilla. La fiesta de sus compatriotas, como la consagra el Estatuto catalán: "La festa de Catalunya és la Diada de l'onze de setembre". "El catalán es cabezón y tiene que celebrar aunque sea una derrota. No está mal pensado, porque también hay que recordar los malos momentos para que no se repitan. Y eso es válido para Cataluña y para las Torres Gemelas". El 11 de septiembre los catalanes conmemoran la resistencia de la ciudad de Barcelona a un asedio de catorce meses que concluyó en 1714, un conflicto bélico librado entre los Borbones y los Austrias que se saldó con el triunfo de Felipe V y la consiguiente supresión de los privilegios nobiliarios, fueros e instituciones de autogobierno.
Todo eso quería contarlo Marta Strohecker Pallarolas. "Llegué a la emisora y nadie me echaba cuenta, me pareció una grosería total. Volví a mi casa y ya supe lo que había pasado. Ya le haremos la entrevista otro día, me dijo alguien. Por cierto, todavía los estoy esperando". Su hija Marta, sevillana nacida en Figueras, sí estuvo en Nueva York "antes de los atentados". Casi tres siglos con el 11-S que los catalanes celebran con una ofrenda floral al monumento de Rafael Casanovas y la interpretación del himno de Els Segadors. La fundadora y presidenta del Casal nunca estuvo en Nueva York. "Soy viajera, he estado en La Habana, en Moscú, pero allí no". La florista ve crecer sus plantas. Empezó con un alumno de Catalán "y ya son 28, con el título homologado por el Instituto Ramón Llull". Jordi Pujol visitó el Casal. De Maragall y Montilla nunca hubo noticias.
Antonio Muñoz Molina fue director del Instituto Cervantes de Nueva York. El protagonista de su última novela, La noche de los tiempos, tarda 563 páginas en llegar al corazón de Manhattan en plena guerra civil. Los ojos de Pablo, las flores de Marta, la sidra de Isabel y Cristóbal, una canción de Sabina echan tierra sobre los profetas del apocalipsis. Vida contra los sicarios de la muerte.
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