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Profecía o lección por aprender: De la Biblia al 8M

La autora reflexiona sobre la necesidad de continuar con la reivindicación del 8M haciendo una revisión histórica de hitos relevantes sobre la vida de la mujer. Plantea una analogía entre situaciones contemporáneas y hechos tan remotos como los bíblicos

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Profecía o lección por aprender: De la Biblia al 8M / M. G.

08 de marzo 2026 - 06:55

El feminismo está en crisis, y si lo está, lo está también la seguridad individual y colectiva de mujeres, niños y niñas. Estamos en tiempos en los que da miedo hablar de feminismo, porque el desconocimiento y el odio se han colado en nuestras vidas con más fuerza que nunca; sí, con más fuerza, una vez más: por el poder de las redes sociales y la manipulación informativa; después de todo, una sociedad dividida es mucho más manejable.

Las mismas personas que desautorizan y se mofan del discurso feminista y “nos mandan a defender a las mujeres Afganas” diluyendo así la reivindicación occidental tras un turbio humo más misógino que igualitario; son las mismas personas que hoy apoyan la invasión estadounidense a Irán, basándose en un patriotismo económico que poco tiene que ver con los derechos humanos, y mucho menos, con los femeninos.

La opresión de la feminidad es histórica, cultural y económicamente rentable desde que el mundo es mundo (o al menos desde que lo conocemos -o creemos conocerlo-).

Ya en los textos sagrados de la Biblia encontramos uno de los relatos más escabrosos y turbios de la “obra santa”. En el Libro de los Jueces 19: “La concubina del Levita”, es la historia una mujer de la que no se conoce el nombre a la que su propio “amante” (el levita) la entregó a la multitud en Guibeá. Se interpreta que ella lo había engañado o dejado por algún enfado y tras la reconciliación, durante su viaje, el levita discute con ella y la entrega a los hombres de una de las tribus de Benjamín, quienes la violaron durante toda la noche hasta dejarla desfallecida. Cuando el levita se encontró con ella, la descuartizó en 12 partes y envió sus pedazos a las tribus de Israel: “28. Y él le dijo: Levántate, vámonos. Pero ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar. 29. Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y la envió por todo el territorio de Israel”.

Algunas interpretaciones hablan de la muestra de la total decadencia de la humanidad cuando nos acercamos al pecado, otras de la corrupción de Guibeá, sin poner el foco concretamente en la mujer sino en toda la sociedad Israelí antes de la monarquía; algunas teólogas como Lucía Riba en “La (in)visibilización de la violencia contra las mujeres en la Biblia: Una lectura feminista sobre la interpretación del relato del crimen de la concubina del levita”; muestra cómo diferentes enfoques interpretativos pueden visibilizar o invisibilizar la violencia de género en ese texto bíblico.

La mujer siempre ha sido torturada en la historia de la humanidad, aunque el crucificado que se toma como referente religioso fuese un varón

Sea como sea, no es un relato muy diferente al que nos rodea hoy; violaciones múltiples, el cuerpo de la mujer usado como estrategia política, la privación de derechos, asesinatos. La mujer siempre ha sido torturada en la historia de la humanidad, aunque el crucificado que se toma como referente religioso fuese un varón.

Desde la Salud Mental sabemos que en los años 20 la tortura a la mujer para “hacerla entrar en razón” si pretendía abandonar la su marido era una práctica, no solo privada sino también presentada como como clínica y con evidencia empírica, tenemos desde los masajes clitorianos aplicados por la psiquiatría para liberar a la mujer de la “histeria”, hasta en el siglo XIX y principios del XX, casos en Europa y Estados Unidos donde se practicó clitoridectomía con supuestos fines médicos.

Hoy hay quienes se preguntan aún el “por qué” del 8M si esta realidad no nos afecta ya.

Tenemos en Oriente Medio una nueva ley que aprueba la esclavitud de la mujer por parte de su marido o padre, la desautorización para acudir a servicios médicos o la validación de la violencia en el hogar como parte de la vida cotidiana.

Y lo realmente terrible es que se nos olvida que para que yo esté aquí escribiendo este artículo, hemos tenido que atravesar siglos de barreras que aún hoy no nos garantizan la libertad total en occidente.

Pero no hablo de libertad legal, sino de libertad real. La de caminar sin mirar atrás por la calle, la de no tener que enviar un mensaje a tu amiga cuando llegas a casa, la de no tener que vigilar la copa porque pueden someterte químicamente. La libertad de sentarte en un bar tranquila sin que nadie te atosigue, la de no tener miedo a salir a la calle por la noche: la libertad como la renuncia a la angustia vital que solo puedes experimentar si eres mujer y subes en el metro de noche.

Llevamos dos meses en 2026 y ya contamos con 10 víctimas mortales y dos niños asesinados en el marco de los crímenes machistas.

Continuamos con el bulo de las denuncias falsas cuando solo corresponden a tal descripción según la Fiscalía General del Estado el 0,04%, lo que supone unas 150.000 personas de las cuales solo 66 han sido confirmadas como falsas siendo el total de denuncias recibidas de aproximadamente 3 millones: las cifras no mienten; y solo contabilizamos a las víctimas denunciantes, cuando en la práctica sabemos que la mayoría de supervivientes ni siquiera denunciaron.

En estos tiempos de crisis de todo tipo, y la más potente la de fe; hay quienes dicen que la Biblia es la profecía real de lo que acabará pasando en la Tierra, hay quienes consideran que tan solo se trata de una obra que retrata una sociedad en un tiempo concreto y somos nosotros quienes tenemos que aprender de ella. Hay quienes consideran que esto no es para tanto, mientras la trata de niños y niñas, la explotación sexual en formato “granja” o la prostitución entendida como la libertad sobre el cuerpo y no cómo todo lo contrario; y quieren negar con rotundidad una verdad que está más actualizada que nunca, porque sea profecía o lección bíblica, está claro que no ha sido aprendida.

El discurso tiene que cambiar, la educación tiene que cambiar, y como afirma Marcela Lagarde: El feminismo trata de hacer de la sociedad una vida vivible, es la vida libre de violencia la que te permite una vida en libertad.

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