Calle Rioja

La única iglesia que habla latín

  • El arzobispo de Sevilla honró a “los santos anónimos” en la función parroquial de Ómnium Sanctórum, en la calle Feria, en la que presidió la confirmación de 33 jóvenes

El arzobispo de Sevilla entre en la iglesia de Ómnium Sanctórum, junto al párroco y el diácono. El arzobispo de Sevilla entre en la iglesia de Ómnium Sanctórum, junto al párroco y el diácono.

El arzobispo de Sevilla entre en la iglesia de Ómnium Sanctórum, junto al párroco y el diácono. / José Ángel García

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ES una de las tres iglesias de la calle Feria, junto a San Juan de la Palma y Montesión. Ómnium Sanctórum es una parroquia que habla latín. La propia calle es una vía-templo que recorren la Hiniesta y la Macarena. Ayer cerró el mercado y abrió el Jueves, universal mercadillo. Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla, llegó poco antes de las doce de la mañana. Pedro Juan Álvarez Barrera, el párroco de Ómnium Sanctórum, lo esperaba en la puerta de una iglesia engalanada. La mañana era espléndida y rebosaban los veladores de los bares Central, Habanilla, Hércules, Guadiana y Quilombo.

Las campanas de misa de doce recorrían el espacio acústico de Peris Mencheta hasta una abigarrada Alameda donde ya se anuncia el festival de cine Europeo. La iglesia celebraba su santo patrón. El más original del santoral. Todos los Santos, como reza el título de su hermandad de gloria, honra, en palabras del arzobispo, a “los santos anónimos” que no figuran en ningún calendario ni en los méritos de ningún proceso de beatificación, pero que han podido pasar a nuestro lado sin percatarnos de su presencia. Los santos que cumplen “el ideal de las bienaventuranzas”. Ese manifiesto que formaba parte de las lecturas de la jornada, una propuesta que no ha conseguido superar ningún manual de las revoluciones.

Una de las feligresas estrenó con la lectura del Apocalipsis de San Juan el ambón donde se coloca el libro de los libros. Un elemento litúrgico que bendijo el arzobispo y que le han regalado a la parroquia los 33 jóvenes a los que ayer les administró el sacramento de la confirmación Asenjo Pelegrina. El mismo número de los 33 años que ayer se cumplían de la muerte del padre del pastor de la diócesis hispalense, ocurrida el día de Todos los Santos de 1985 en su Sigüenza natal.

Ómnium Sanctórum fue una de las muchas mezquitas transformadas en iglesias por el rey Fernando III, que la erigió en 1249. El hijo de este monarca, Alfonso X el Sabio, es el autor de las Cantigas de Santa María que cantó en el gallego original Joaquín de la Peña desde el coro de la iglesia donde sonaba el órgano. “Se cantan todos los días”. Pepe Márquez, sochantre y canónigo honorario de la catedral, se encargó de los cantos litúrgicos. En las primeras filas, una representación de las hermandades de penitencia de los Javieres y del Carmen Doloroso, y de gloria de Todos los Santos y del Carmen de Calatrava, cuya junta se desplazó ayer desde la capillita del Rodeo junto al teatro Alameda hasta el templo matriz.

Rey de reyes, se puede decir de este relevo del monarca que la fundó a su hijo que la honra con sus cantigas. Objeto ambos de sendas biografías del medievalista Manuel González Jiménez. El rey santo y el rey sabio en el día grande de los santos anónimos. Casi siete siglos después de su erección en la calle de la Feria, el 3 de junio de 1931 el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes de la República, Marcelino Domingo, firmaba el decreto que declaraba esta iglesia Monumento Histórico-Artístico. La II República llevaba cincuenta días desde su proclamación el 14 de abril, hasta el punto de que Niceto Alcalá-Zamora firmaba el decreto como presidente de un Gobierno provisional. El ministro firmante murió en el exilio de Toulouse y el presidente, cordobés de Priego, en el de Buenos Aires.

La festividad de Todos los Santos, en la víspera de los Difuntos, la celebra la Iglesia católica desde el siglo IV. Le saca bastante ventaja a la noche de Halloween. El 1 de noviembre de 1954 el Papa Pío XII proclamó en Roma “al orbe católico la realeza de la madre de Dios y medianera de todas las gracias”. El predecesor de Asenjo, Carlos Amigo Vallejo, presidió el 21 de junio de 2005 las bodas de oro de la hermandad de los Javieres, la primera en la Semana Santa de Sevilla que tuvo a una mujer, Maruja Vilches, al frente de su junta directiva.

Asenjo bendijo a los 33 confirmados, todos acompañados de sus respectivos padrinos. Colchonero irredento, su equipo, el Atlético de Madrid, venció por la mínima en partido de Copa del Rey a un equipo con nombre de santo, el San Andrés, el último santo del mes de noviembre. El arzobispo de Sevilla nació el mismo día, mes y año que el de Valencia, monseñor Cañizares. Asenjo y Cañizares, dos obispos con apellidos de porteros de fútbol. El guardameta del Villareal es sobrino del arzobispo de Sevilla. El meta internacional, hoy comentarista de fútbol, fue portero en la misma ciudad donde es obispo Cañizares.

El primer día de noviembre lució majestuoso, mejorando las prestaciones de octubre. Un Jueves festivo, como el de la Semana Santa y el del Corpus, privilegio de Sevilla y Toledo, dos diócesis por las que ha pasado Asenjo, que hoy presidirá junto al Cristo de las Mieles la misa de Difuntos.

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