"¿Tú vas a decir algo de mi libro?"
calle rioja
Jesús Quintero salta de la Roma imperial a la Cuba 'antiimperialista' en la presentación de la novela de Félix Machuca sobre una conjura contra el emperador Trajano
Al final del salón de actos del Ateneo hay sendos bustos de Trajano y Adriano obra de Pérez Comendador. Hasta ellos llegaba la cola de quienes esperaban una rúbrica de Félix Machuca en su novela El sueño del búho (Algaida), la historia de una conjura contra Trajano a la que no fue ajeno su sobrino Adriano.
Volvieron los tiempos radiofónicos de El loco de la colina, genialidad radiofónica de Jesús Quintero en la que Machuca participó como guionista en aquel estajanovismo de las noches al pairo. Muchos reyes magos en este bautismo literario -el propio Quintero, Álvaro Ybarra, y uno inminente: Joaquín Moeckel-, una afrenta a Pilatos y a Tiberio.
El sueño del búho hace referencia a una superstición romana que explica su autor. "Soñar con búhos traía mal bajío, anunciaba ruina, anunciaba muerte". No las ruinas de los arqueólogos a los que homenajea en su novela, sino la que ha conocido en sus entrañas Quintero, el mantenedor de la ceremonia literaria. "¿De quién eres, de Adriano o de Trajano?". Como Joselito o Belmonte, Pedro o Susana. "Me va más la calle Teodosio". El tercer emperador sevillano de Roma, que dio nombre a la calle en la que estaba el Partido Comunista cuando lo legalizó Suárez el Sábado Santo de 1977.
La España actual le recuerda a Machuca a la Roma decadente del siglo III, la de Marco Aurelio, y en Cuba, país que le resulta tan cercano -"mi mujer es cubana, mi hija nació en Sevilla pero está bautizada en la Catedral de La Habana cuando la visitó el Papa"- echa de menos "un Suárez cubano". Quintero se quedó sin entrevistar al "último revolucionario" que creía que Estados Unidos era la Nova Roma sin pasteles ni Plácidos. Y fueron los dos juntos para intentarlo. Machuca y Quintero en La Habana en la inauguración del hotel Sevilla, "que fue de Al Capone".
La novela es un empeño personal de Félix Machuca "con Hispalis". El territorio del Latino de valle-Inclán y de los Cantores a los que doctoró Melado. Se mete en unos derroteros históricos que frecuentaron Edward Gibbon, Robert Graves, Gore Vidal o Marguerite Yourcenar.
"Es lamentable que el año que viene se cumplan 1900 años de la muerte de Trajano y de la ascensión al poder de Adriano y aquí como si nada". Machuca recoge el testigo de los versos de Rodrigo Caro que recita Quintero en la colina de Orfila: "Campos de soledad, mustio collado...". En España funciona más la figura política del cuñado que la del tío. "De Trajano a Adriano hay una sucesión un tanto escabrosa". Un búho onírico, conjura con sabor a conjuro en la que intervienen la señora de Trajano, senadores de la Bética "y el apoyo de la gran aristocracia económica del norte de África, que le arrebató a la Bética el control del aceite". El petróleo de la época.
Conjura. Media aritmética entre el beso y la puñalada. La fórmula es de la cosecha de Jesús Quintero, que aportó a un romano de carne y hueso: un video con fragmentos de entrevistas al Beni de Cádiz, un gaditano que pregonó el Carnaval y nació en la calle Hércules de Gades. La romanidad de Sevilla es menos explícita que la de la Cádiz fenicia y chirigotera y eso que aportó tres emperadores para el paseíllo de la Historia. Quintero y Machuca eligieron como padrino de la novela a Borges. Un bellísimo poema del argentino abre el libro. El loco de San Juan del Puerto recordó la entrevista al ciego iluminado en el hotel doña María, donde le dijo, recordó Machuca, que la Biblia es el primer best-seller y lo escribió "el espíritu".
Decadencia y caída de estos cristianos, avalados con la presencia entre el público de Alberto García Reyes, pregonero de la Semana Santa que conmemorará diecinueve siglos sin Trajano, por Amor de Dios. Una decadencia como la de Roma. "El mundo que he tenido en mente cada vez se parece menos a éste: es mucho menos humano, menos cálido, más agresivo, más competitivo".
El hilo conductor de la historia lo lleva un soldado auxiliar que viene a Hispalis de combatir en la Dacia. El segundo triunfo del Steaua de Bucarest, ecos de Lacatus y Piturca. "El tiempo convierte a los enemigos en amigos y al invasor en vecino". La tesis de Pirenne en Mahoma y Carlomagno que destaca Quintero del libro de Machuca, psiquiatra de este loco. "Dijo Chesterton que el loco pierde todo menos la razón".
El presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Moreno, regaló un pin del centenario de la Cabalgata de los Reyes Magos a los emisarios de los emperadores. Quintero se lo vuelve a llevar a Cuba y le pregunta al preguntador. "¿Tú qué le preguntarías a Raúl Castro?". "Que por qué le llaman la China. Los cubanos tienen la misma guasa que nosotros. Cuando lo vi por televisión, la China me recordó a Arias Navarro". A quien el Suárez español relevó en el Gobierno en julio de 1976, el año que el comandante Fidel Castro cumplía 50 años.
Muchos periodistas de la quinta de Machuca entre el público. Y políticos municipales de distintas etapas. El paréntesis del Beni fue saludado con una cerrada ovación. "¿Tú vas a decir algo de mi libro?". Machuca juega a Umbral y Quintero acepta el guante. "El libro es extraordinario". Hablan del Archivo de Indias, destino laboral del periodista que ha novelado la conjura de los dacios. Habla del gran desconocido, un arcón con diez kilómetros de documentos y legajos, muchos secretos de la Cuba prehispánica y la colonial, galeón anclado en la Avenida con nombre de parada de tranvía. Un laberinto de novelas vírgenes donde está el Tratado de Tordesillas, que mucho indocumentado vinculará con algún acuerdo municipal sobre la última solución al toro de esa población vallisoletana.
La gente salía con su libro ya firmado y volvían a quedarse en soledad los bustos de Trajano y de Adriano. Habían oído cosas muy fuertes de una sucesión tan familiar como el traspaso de Fidel a Raúl en Cuba, la patria de Sol, el bellezón que hizo a Félix Machuca caribeño consorte.
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