Sevilla-Chelsea | El otro partido Esperpento con tintes rosáceos

  • Consecuencia indirecta del Covid-19, la humillación sufrida habría llevado al sevillismo a recibir con una sonora pitada a su equipo ante el Real Madrid

De rodillas comenzaron y de rodillas acabaron. De rodillas comenzaron y de rodillas acabaron.

De rodillas comenzaron y de rodillas acabaron. / Antonio Pizarro

La noche comenzaba en azul, el color de la Champions, el color del Chelsea y el color que había elegido el Sevilla para iluminar el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán en los prolegómenos del encuentro. Un augurio de lo que sería el cuadro final, totalmente blue como el equipo londinense, que se presentó en la avenida de Eduardo Dato de rosa fucsia quizá para que la imagen final que dejaron los de Lopetegui fuera más criticable y ridícula.

Lo que podía ser una gran noche de Champions, con un partido cinco estrellas de dos equipos comiéndose el balón por ser primero de grupo se convirtió en un bolo digno de una pretemporada en cualquier ciudad asiática. Quizá todo es producto de esta pandemia infame que han apretado los calendarios de una manera insoportable para los profesionales y que obliga a aprovechar la mínima ocasión para relajar el músculo.Porque no se entiende de otra manera el once que puso en liza Lopetegui, demostrándose que la Premier está una vez más muy lejos de lo que tenemos en España. O que, al menos, el Sevilla está aún a mucha distancia de los grandes del continente. A nivel de plantilla, a nivel de recursos y a nivel de todo... para aguantar el nivel competitivo se le requiere al equipo de Lopetegui estar al límite y ello no siempre es posible.

La noche fue esperpéntica, terminándose por empañar con la caída a última hora del once de Tomas Vaclík, con el obligado oscurantismo por parte del club. ¿Lesión?, ¿molestias?, ¿enfado? Nada se puede descartar si no se aclara y su rajada el día anterior del choque sobre su renovación en un momento dado podría dar pie a todo tipo de especulaciones.

Imagínense por un momento una noche de Champions con los himnos sonando fuerte en megafonía, con Nervión a rebosar de público y todas las estrellas del equipo de Lopetegui sobre el campo para tratar de derrotar a uno de los mejores del continente. Como pasaron por este estadio la Juventus, el Manchester United, el Liverpool, el Manchester City, el Bayern Múnich... Una de esas noches mágicas en las que el público vibra con su equipo y éste se entrega contagiado por sus fieles.

Lo vivido sobre la pradera nervionense fue digno de ser borrado pronto de la memoria de todos los sevillistas, que a estas alturas no están ni habituados ni dispuestos a vivir una humillación así por mucho que el billete a octavos ya estuviera en el bolsillo. ¡Qué manera de emborronar una trayectoria intachable en Champions!

Tengan por seguro que el sevillismo, si hubiera público en las gradas, se lo recriminaría al equipo este sábado ante el Real Madrid con una sonora pitada a la salida de vestuarios. Un ridículo que, al no ser esperado, fue aún más esperpéntico. Un esperpento con tintes azules y rosas.

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