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El auge del reconocimiento facial aumenta el peligro de 'regalar' datos biométricos

Reconocimiento facial Reconocimiento facial

Reconocimiento facial

La cada vez más extendida tecnología de reconocimiento facial, que permite identificar personas fotografiando sus rostros y cotejándolos con extensas bases de datos, comporta el riesgo de ceder sin saberlo los datos biométricos a cualquier empresa, según alertan los expertos.

La tecnología de reconocimiento facial, que en Europa cuenta con las leyes más proteccionistas del mundo, no es nueva ya que en 2011 Android ya la usaba -sin mucho éxito en aquel momento- para desbloquear el móvil, y una década más tarde está presente en un gran número de aplicaciones.

Esta tecnología puede encontrarse, a día de hoy, en los sistemas de protección de aeropuertos, en las UCI de hospitales para prevenir del momento en el que el paciente va a despertarse o en los escaparates de las tiendas, para llevar la cuenta de las veces que un cliente pasa por delante y se detiene a ver los productos.

La evolución en el reconocimiento facial pasa, en los últimos años, por la combinación con otras tecnologías como el análisis de voz y movimiento; de este modo, los dispositivos pueden identificar el estado de ánimo del usuario, su reacción a un estímulo o el nivel de dolor analizando el tono de voz, la expresión facial o la gesticulación.

"Algunas empresas están introduciendo estos mecanismos en la selección de personal, identificando perfiles profesionales en función de sus movimientos y expresividad", ha advertido el profesor de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Xavier Baró.

Cómo funciona

Para obtener la información biométrica, los sensores calculan la información del rostro en tres dimensiones o bien lo hacen mediante la extracción de la luz. "Prácticamente todos los dispositivos que hay en el mercado pueden hacerlo", ha afirmado Baró, para quien el problema radica en "qué se hace con esos datos".

La aplicación de almacenamiento de fotografías Picasa fue una de las primeras en introducir el reconocimiento facial y permitía asociar nombres a las caras que aparecían en las imágenes, algo que se expandió rápidamente en la mayoría de redes sociales.

El caso de Facebook y otras aplicaciones

Facebook, acusada de recoger y almacenar ilegalmente datos biométricos de millones de usuarios sin su consentimiento, ha acordado recientemente pagar 550 millones de euros a usuarios que han denunciado a la empresa por esta práctica.

Para el profesor de Derecho de la UOC y abogado de Croma Legal, Sergio de Juan-Creix, España cuenta con "una ley muy proteccionista en la materia", hasta el punto que la aprobación de esta ley marco de ámbito europeo estuvo negociándose durante 7 años. Sin embargo, el problema viene "cuando se usan aplicaciones de dudoso origen", dice De Juan-Creix.

Al mismo tiempo que un usuario utiliza un filtro o aplicación, para verse con unos años de más por ejemplo, está regalando la imagen a la base de datos de esa empresa, que en caso que no esté domiciliada en la Unión Europea "no se puede garantizar que esté cumpliendo la normativa de protección de datos", ha alertado el jurista.

Estas brechas legales sirven para incrementar la información disponible en las bases de datos, que serán más efectivas en la identificación en función de la cantidad de imágenes que puedan cotejar. Estos sistemas son capaces de aprender, "funcionan mediante el deep learning o aprendizaje profundo", ha detallado Baró, que aclara son "algoritmos complejos que imitan el funcionamiento básico de las neuronas".

Uno de los problemas -según Baró- es que estas bases de datos tienen un importante sesgo: "Reconocen mejor a la población blanca que a la negra o asiática, y mejor a los hombres que a las mujeres" porque hay más hombres caucásicos que mujeres afrodescendientes con perfiles en las redes sociales, de donde provienen la mayoría de las imágenes.

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