Toros

Espectáculo a medio gas

  • David Salvador, como triunfador, único trofeo de la tarde y vuelta al ruedo

  • Toñete, ovacionado, y El Adoureño, silencio en su lote

David Salvador, en un natural al segundo novillo del encierro de Rocío de la Cámara-Cortijo de la Sierra. David Salvador, en un natural al segundo novillo del encierro de Rocío de la Cámara-Cortijo de la Sierra.

David Salvador, en un natural al segundo novillo del encierro de Rocío de la Cámara-Cortijo de la Sierra. / reportaje gráfico: juan carlos vázquez

Después de la feria abrileña retomamos el contacto en Sevilla con el toreo a través de un ramillete de novilladas dispersadas en los meses de mayo y de junio.

En esta ocasión, retornaron Antonio Catalán Toñete y David Salvador y debutó el francés Yannis Djenibla El Adoureño. Toñete, con recorrido en el escalafón novilleril, fue ovacionado. David Salvador, con actitud, consiguió los mejores naturales, al natural, en el quinto, en el que dio una vuelta al ruedo y cortó una oreja al segundo tras una faena desigual. El Adoureño, sin antecendentes taurinos y que tomó su apodo del río Adour, plasmó el mejor toreo a la verónica en un quite. Su historia es curiosa. Tenía más papeletas para ser esquiador -nació en Saint Martin D' Heres, a un paso de Los Alpes- que torero. Se marchó de vacío.

Interesante novillada de Rocío de la Cámara, bien presentada y con dos buenos novillos

El festejo, a medio gas, no rompió a lo grande, con una novillada bien presentada de Rocío de la Cámara-Cortijo de la Sierra (misma casa ganadera y encaste) y de juego desigual; destacando el cuarto (ovacionado) y el quinto, yendo a menos. De los novilleros, sin dar en la diana, David Salvador, que contó con el mejor lote, se llevó el único trofeo de la tarde.

David Salvador recibió a su primero con una larga cambiada de rodillas frente a toriles. El novillo, salinero, picado con un picotazo al relance y un puyacete, resultó manejable. El novillero maño, entonado con la diestra, fue cogido tras unos muletazos por la espalda. Se libró por tablas de una cornada en el cuello, lo que encogió el corazón al público. Lo mejor lo consiguió al natural. Epílogo con unas manoletinas ceñidas. Mató de estocada efectiva y eso fue decisivo para la concesión del único trofeo de la tarde.

Ante el quinto, Salvador, tras la talla. Tras unos estatuarios ceñidos, de nuevo brilló al natural en dos series. La música arrancó cuando la faena estaba vencida y el novillero, que tenía en ese momento al público encandilado, se dilató en su labor, ya con el toro rajado, enfriando el ambiente. Cerró con unas bernadinas y recibió un aviso antes de entrar a matar, lo que hizo de estocada para dar una vuelta al ruedo.

Toñete, tras un desarme y tomar el olivo con el capote al recibir al castaño primero, vio como David Salvador apuntaba un quite por gaoneras marcado por la quietud. El madrileño, con la pañosa, no siempre encontró la colocación y cuando manejaba la izquierda fue cogido, afortunadamente, sin consecuencias. A la labor le faltó brillo y el toro no pasó de manejable. Mató de estocada y fue ovacionado.

El cuarto fue un buen novillo por movilidad y nobleza y porque humillaba tras la muleta, aunque se rajó. La faena de Toñete, en la que comenzó en la larga distancia y con temple, fue a menos, como el astado, que acabó buscando tablas. Falló con los aceros y fue ovacionado.

El Adoureño, con buenas formas en el capote, cuajó un quite a la verónica de suprema calidad en su primer novillo. En los medios, con la diestra, alternó muletazos por la espalda y logró una buena serie con un pase de pecho en circular, abrochando con uno del desprecio. Luego, la faena bajó el diapasón y tampoco estuvo acertado con los aceros.

El castaño sexto, que empujó en el caballo, se quedaba muy corto y El Aduareño resolvió con pundonor y un arrimón final para volver a matar mal. Tiene que resolver sus carencias en la suerte suprema. Ayer, no pasaba y... ya lo dijo Rafael el Gallo: "A quien no hace la cruz se lo lleva el diablo".

En resumen, espectáculo a medio gas en el que los novilleros debieron alcanzar mayores cotas con una interesante novillada de Rocío de la Cámara.

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