Gusto y temple de Fernando Adrián en la Maestranza

2ª nocturna en la maestranza

El madrileño es premiado con una oreja en la segunda novillada de promoción por una bella faena, rematada con una estocada fulminante · El resto de novilleros, sin trofeos

Fernando Adrián terminando la faena antes de entrar a matar.   Foto: Victoria Hidalgo
Fernando Adrián terminando la faena antes de entrar a matar. Foto: Victoria Hidalgo
Luis Nieto

09 de julio 2010 - 20:37

GANADERÍA: Erales de Pallarés, en el tipo de su encaste santacolomeño y de comportamiento variado e interesante, destacando por su nobleza el primero, que fue ovacionado en el arrastre. TOREROS: Fernando Adrián, de oro viejo y oro. Estocada (oreja). Juan Leal, de tabaco y oro. Estocada (saludos). Daniel Soto, de rosa y oro. Media (silencio). Juan Romero 'El Zorro', de nazareno y azabache. Media (saludos). Antonio García 'El Nieto', de azul y oro. Cuatro pinchazos y un descabello (saludos tras aviso). Antonio Santana, de azul y oro. Estocada, pinchazo y estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Jueves 8 de julio. Nocturna de promoción. Menos de media entrada. En banderillas destacó Antonio Ronquillo en el quinto.

"Dios te libre de que te toque un toro bravo". Es uno de los asertos que se atribuyen a varios maestros de la tauromaquia y que explica que ante un ejemplar bravo se pueden comprobar las carencias del torero que hay enfrente de manera más patente y nítida.

La segunda nocturna de promoción en la Maestranza se abrió con un estupendo cárdeno, bravo, noble y repetidor, que fue merecidamente ovacionado en el arrastre por su buen juego. Como único incoveniente, el animal, con las fuerzas justas, perdió las manos tras ser banderilleado. Pero, sin duda, fue el más boyante del encierro de Pallarés que salió en el tipo de su encaste santacolomeño. Ante este buen material para el lucimiento descubrimos a un novillero madrileño que toreó muy bien tanto de capa como de muleta y no sucumbió ante el postulado del citado aserto. Un toreo en el que prevaleció el buen gusto; y, además, sin afectación. Por ejemplo, en el vuelo del capote a la hora de dibujar verónicas y una media, o en un quite por cordobesinas, que hizo justo honor a su creador, el mexicano Jesús Córdoba. Hubo ligazón en una faena intensa, en la que hilvanó bellos muletazos con la diestra y en la que corrió muy bien la mano izquierda en una serie; rompiendo la cintura al natural en la siguiente.

Si tuvo un pequeño defecto es que -suponemos que por hambre, por ambición- se pasó de faena y le sobraron un par de tandas. Se tiró a matar a ley y salió trompicado al enterrar el acero en una estocada de la que rodó el animal sin puntilla. Otras faenas de este calibre, y más teniendo en cuenta que era un festejo de promoción, se han premiado con dos orejas en la Maestranza. Quizá el público, al ser el primer novillo, todavía no había entrado en el festejo.

El resto de noveles tuvieron que luchar con las dificultades propias de novillos encastados y no siempre fáciles. El francés Juan Leal, con un animal que humillaba, se entregó de principio a fin, aunque no siempre con acierto. Además de recibir con una larga cambiada de rodillas, a portagayola, a su astado, estampó algunos muletazos de mano baja de buena factura.

El algabeño Daniel Soto se extendió en una labor desigual con un ejemplar deslucido. Plasmó sus mejores apuntes con el capote: a la verónica.

El cordobés Juan Romero El Zorro ganó terreno a la verónica hasta llegar a la boca de riego. Con la muleta, la faena resultó deslavazada, con muchos desplantes a destiempo, dos desarmes y un revolcón.

El alumno de la Escuela de Sevilla, Antonio García El Nieto, con un burel complicado, también manejó mejor el capote que la franela, con la que pergeñó una labor muy larga y marcada por varios desarmes, con la inclusión de una voltereta, afortunadamente sin consecuencias.

El malagueño Antonio Santana, muy verde para una presentación en Sevilla, fue quien peor lo pasó. Tuvo en suerte un animal que se quedaba corto y sabía lo que dejaba atrás.

En conjunto, interesante festejo por el variado comportamiento santacolomeño de los erales y el descubrimiento de un chaval de Torres de la Alameda, Fernando Adrián, que toreó con gusto y temple.

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