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tribuna de opinión

Ramón Vila, colega y amigo

  • Mediados los setenta estrenaba yo el largo camino de la carrera y era a la sazón su ayudante y en cierto modo me dio la alternativa

No sé si este razonamiento se acerca a la verdad, pero en el argot profesional donde nos movemos, existen a mi entender dos expresiones. Una, la de compañero, que me parece que define a aquél que tiene tu misma profesión pero no es de tu especialidad o actividad. El colega lo entiendo como aquél que, siendo de tu profesión, practica una actividad igual a la tuya, que, como es lógico, en determinadas ocasiones entra en conflicto profesional, pues el acto lo tiene hacer uno u otro.

La grandeza de las personas se incardina cuando surge esta cuestión y, sin embargo, la nobleza se antepone de manera que pervive el respeto a otro tipo de intenciones.

Gracias por habernos iluminado el largo camino que nos queda por recorrer en la cirugía taurina"

En el fondo es la rivalidad, como en los toreros, donde a pesar de que el mayor enemigo es el de tu propia profesión, se impone el respeto, pero cuando llega el momento de el tercio supremo, en esa soledad que impone el momento cuando tú eres el único actor, es cuando se saca toda la profesionalidad, no existiendo más rival que el divino hacer profesional.

El personaje que quiero mentar nos ha dejado recientemente, era como es de suponer un compañero y además colega. Me refiero a Ramón Vila Giménez, con el que concurrieron estas circunstancias.

Mediados los 70 estrenaba yo el largo recorrido de la carrera profesional donde coincidí con él. Uno de los dos grandes maestros que más han influido en mi vida profesional, era yo a la sazón su ayudante. En una época donde no existía la ecografía, la TAC era una excepción y no había hecho aparición la RNM y se comenzaba a implantar las endoscopias, el doctor Gil Mariscal era un erudito de las vías biliares buscando una solución con sus colangios preoperatoria y las manometrías intracoledocianas, al síndrome poscolecistectomia. Coincidíamos con el doctor Vila en mesas redondas, donde él defendía, en nombre del Departamento de Cirugía de la recién constituida Ciudad Sanitaria Virgen del Rocío, una novedosa técnica de la Vagotomía de Células Oxinticas como tratamiento de elección de la úlcera duodenal, cuando no existían los inhibidores de la bomba de protones y la única alternativa era la gastrectomía, técnica ésta de una gran complejidad y con una gran morbi-mortalidad.

Con el devenir del tiempo, entré en el mundo de la cirugía taurina como siempre pasa, por casualidad, y van más de 35 años. Pasé a ser colega en vez de compañero.

A pesar de ello, que es lo que quiero resaltar, siempre vi en él un respeto hacia los compañeros a pesar de que lo tenían casi idolatrado, con sus brillantes éxitos profesionales y con la famosa frase que dio la vuelta al mundo: "Que llamen a don Ramón".

Me lo demostró en mi debut como cirujano de la plaza de toros de la Merced de Huelva. El doctor Vila acudía todos los años a las Colombinas, dada su amistad con la empresa. En el primer espectáculo tuvimos nuestro primer percance. Cuando estábamos con el dispositivo activado, un subalterno se acercó al burladero en el callejón que él ocupaba y le dijo: "Don Ramón, acuda usted a la enfermería, la cornada es grave". A lo que él respondió: "En la enfermería hay un equipo lo suficientemente cualificado que no creo que sea necesaria mi presencia". En cierto modo era como darme la alternativa en este complicado mundo de la cirugía taurina.

Posteriormente organizamos el Congreso Nacional de Cirugía Taurina en Huelva, donde hubo un antes y un después en las normas de funcionamiento de las enfermerías taurinas.

Él colaboró eficientemente en la elaboración de los reglamentos taurinos, tanto estatal como el autonómico andaluz.

Y he compartido y tenido pacientes derivados de las heridas de asta de toro, donde la presión mediática tanto social como de profesionales empeñados algunas veces en la relevancia de asistir al herido, entorpecía nuestra labor.

Sin embargo, el gran legado que nos deja es, junto al doctor García Padrós y Val-Carreres Guinda y quizás otros tantos, de poner orden en el mundo olvidado de las perdidas enfermerías del orbe taurino.

Esta generación ha hecho un avance esencial al luchar contra esa imagen de un lugar privilegiado generalmente en la sombra, donde tras una copiosa ingesta de todo, se convierta en un ambiente festivo porque nunca pasa nada, en vez de un lugar serio y formal, donde somos conscientes de la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros, cuando todo se frustra tras una cogida. Entonces se impone la seriedad y la profesionalidad para resolver lo que es posible de resolver y mitigar lo que no tiene arreglo.

Ramón formaba parte de aquellos que con su esfuerzo y buen saber han conseguido llevar la cirugía taurina al nivel de reconocimiento que se merece y, aunque no tenga categoría profesional de especialidad, sí debería ser acreditada como una vertiente importante del arte de la cirugía.

A nosotros, los cirujanos taurinos, nos corresponde recoger el testigo de su legado y luchar para que la cenicienta de la Fiesta, que es la taurotraumatología, tenga el protagonismo preciso para poder realizar correctamente su cometido, esforzándonos los profesionales en aprender de los compañeros en nuestro Congreso Nacional, donde acuden especialistas del otro lado del charco y de Francia y demandar a la sociedad y a los taurinos, tanto los que actúan en la Fiesta (que algunas veces se visten, más que de valientes, de inconscientes), así como a los empresarios y demás integrantes de la misma, hacerles llegar a la opinión que igual que se elabora un cartel con las mejores ganaderías y los mejores espadas, presuman también de contar con un equipo médico, que si bien consta con todos los preceptos que exige la Administración, deberá de contar con el reconocimiento al menos de los profesionales que integran la Fiesta.

Gracias compañero, colega y amigo por habernos iluminado el largo camino que nos queda por recorrer. Con tu buen hacer, ese camino de espinas se va a transformar en un camino de rosas y, con tu legado, quitaremos las espinas que tan bella flor conlleva, como es la cirugía taurina.

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