Fallas 2019 | Sexta corrida de la Feria de Valencia

Roca Rey continúa su idilio con Valencia

  • El limeño, con entrega y recursos, consigue su sexta salida a hombros consecutiva en el coso de la calle Játiva

  • El Juli y Jesús Chover, en su alternativa, se marchan de vacío

Andrés Roca Rey, en un muletazo por la espalda en la sexta corrida de Fallas. Andrés Roca Rey, en un muletazo por la espalda en la sexta corrida de Fallas.

Andrés Roca Rey, en un muletazo por la espalda en la sexta corrida de Fallas.

Antes de adentrarnos en lo que sucedió en la sexta de la Feria de Fallas, anotamos que por baja de Manzanares –sometido el pasado lunes a una Rizolisis–, el festejo de este sábado queda en un mano a mano entre Ponce y Ureña, quien reaparece tras el percance en el que perdió el ojo izquierdo. Lidiarán toros de Juan Pedro Domecq.

La tarde fue de principio a fin de Andrés Roca Rey, quien continúa su idilio con la plaza de Valencia, de donde salió a hombros –sexta Puerta Grande consecutiva– tras cortar tres orejas en una actuación marcada por la entrega, su facilidad para conectar con el público y sus innatos conocimientos para tirar de recursos. El limeño compartió cartel con El Juli y el local Jesús Chover, que tomó la alternativa, con un encierro de Victoriano del Río y Toros de Cortés (tercero y sexto), de desigual presentación y juego.

Roca Rey sacó el mayor partido a su lote. Con su primero se marcó un buen quite por chicuelinas y tafalleras abrochado con una airosa larga. El toro, al que no se picó, llegó con movilidad a la muleta y el diestro realizó una faena marca de la casa, con un comienzo explosivo, citando de largo con la diestra e intercalando dos muletazos por la espalda. Otra tanda por ese pitón estuvo enmarcada en la ligazón. De un pase de las flores salió apurado. Y con la izquierda afloraron algunos naturales sueltos con calidad. Cerró con guiños a la galería, como algún pase mirando al tendido. Tras un pinchazo y una estocada cobró la primera oreja del festejo.

Al flojo quinto, que perdió las manos en alguna ocasión, le cogió pronto el pulso. Lo dejó refrescar entre tanda y tanda en una labor muy larga –sonó un aviso antes de entrar a matar– que comenzó con unos estatuarios ceñidos y cerró con unas ajustadas manoletinas abrochadas por un pase de pecho. Mató en la suerte de recibir de estocada caída y le concedieron dos orejas –la segunda, excesiva si se tiene en cuenta la mala colocación de la espada–.

El Juli se mostró desdibujado ante su lote. Con su primero, al que le faltó motor, realizó una labor que no caló en los tendidos.

Con el otro, complicado, El Juli no dio con la tecla para imponerse con claridad.

Jesús Chover, que tomó la alternativa con dos figuras, fue todo corazón. Torero todavía sin rodaje, quiso emular con poco acierto a El Soro, su apoderado, en banderillas, –pares de moviola, remolino...–. Al que abrió plaza y con el que fue doctorado por El Juli, lo recibió con una larga cambiada de rodillas. Realizó una faena bullanguera a un toro noble para matar de estocada caída y dar una vuelta al ruedo tras petición de oreja.

Al que cerró plaza, de nuevo, lo recibió de hinojos frente a toriles. El toro, que no humillaba, se lo puso difícil al torero en un trasteo con demasiados enganchones.

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