Decimo primera del abono de la temporada sevillana

Sólo Morante; mala corrida

  • El de La Puebla consigue el único trofeo en un festejo marcado por un mal encierro de Jandilla, descastado, con dos toros que se echaron a mitad del trasteo. Al tercero tuvieron que apuntillarlo

La corrida de Jandilla estuvo a punto de apuntillar la tarde, la Feria de Abril completa y hasta la Fiesta. Dentro de un encierro de Jandilla mal presentado, con varios toros feos, y que dieron un pésimo juego en su conjunto, el tercero, con instintos suicidas se echó en mitad del trasteo para dejar el mundo de los toros vivos, entregado y sin el más mínimo brote de sangre brava. De los toreros, Morante, con disposición y momentos aislados espléndidos, descolló y consiguió el único trofeo de una tarde desangelada, en la que Finito hizo de las suyas ante su segundo y Castella no encontró oponentes para su toreo de aguante.

Morante cortó una oreja por media faena o lo que es lo mismo, lo que duró el quinto, un toro sin ritmo en el capote, sin bravura en varas y que embistió bien por el pitón derecho en los primeros compases de un medido e inteligente trasteo, que el diestro de La Puebla aderezó con sus alegrías. El sevillano dibujó una verónica de cartel y una media que cerró un desigual quite por chicuelinas. Muleta en mano, en los tercios, cuajó una tanda con la diestra y un profundo pase de pecho y la música se arrancó para levantar los ánimos del público, que andaba por los suelos, como los toros de Jandilla. El público se entregó de inmediato. Pero el toro no quiso dejar muy mal a sus hermanos y en señal de mansedumbre comenzó a escarbar como queriendo encontrar algún tesoro escondido bajo el albero de la Maestranza. Morante, con poso y temple, arrancó otra serie diestra, con muletazos de mano baja. Un desarme en un pase de pecho por un hachazo fue el punto y aparte para una labor que descendió de nivel. El torero se salió a las afueras y allí pudo robar algún natural de buen trazo a un astado muy rajado, que acabó acobardado y refugiándose en tablas. Hasta hizo algún amago de querer echarse. El de La Puebla cobró una media, suficiente para que el toro cayera y afloraran pañuelos para la concesión del trofeo.

Morante cumplió ante su primero, también con mejor pitón derecho. Por ese lado logró una buena tanda inicial, superada por otra con muletazos de mano baja y otra ya muy corta, con el toro a menos. Por el pitón izquierdo, el toro le soltó un terrible hachazo. El torero sacó otra tanda entonada con la derecha. Excelente cambio de mano. La faena, sin ligazón, tuvo el contrapunto de bellos remates, como algún pase del desprecio.

Finito estuvo a la altura de sus últimas actuaciones en la Maestranza. No justificó su inclusión. Ejerció de telonero que no quiere molestar a sus compañeros. No hizo ni pudo hacer nada con su primero, al que le dieron excesiva cera en el caballo y que, muy descastado, acabó echándose. Pero ante el cuarto, el mejor del encierro, Finito anduvo dubitativo y por debajo del manejable ejemplar. Ya en los lances de salida, perdió el capote y tomó el olivo. El espectáculo, hasta ese momento, había sido desastroso y el público sacó a flote su guasa. En medio de lo que era un funeral, en lugar de un festejo taurino, una voz gritó: "¡Música!", al que se unió otra voz, resignada: "¡Que toquen Amargura!". El personal andaba en ese momento inquieto y cuando Finito, tras sus dudas, gritó al toro: "¡Vamos, p'alante!", escuchó una voz fulminante: ¡"P'alante, tú!". Finito, desconfiado, únicamente sacó una tanda con la diestra, de muletazos largos y tersos. Eso fue todo. Luego, con dudas y perdiendo pasos, acabó su trasteo. El cordobés, en ambos toros, manejó muy mal los aceros.

Sebastián Castella no tuvo material propicio para el éxito. A su primero le zurraron de más en varas y el animalito, tan flojísimo como descastado, se echó a mitad de trasteo para morir en el albero maestrante. Absolución y apuntillamiento. Con el manso sexto, siempre suelto, el francés únicamente pudo apuntar su decisión. Lo más impactante llegó en el comienzo de la faena. Quieto como una estaca, el torero dio tres soberanos estatuarios, rematando la apertura con un pase del desprecio, coreado con un ole. Castella anduvo tras el animal, distraído, suelto, sin una gota de bravura. El diestro cambió de terrenos y en los medios tampoco pudo sujetarlo. Algún muletazo de calidad, como una preciosa trincherilla y poco más. De allí se fue el toro a tablas, escarbó, amagó con echarse. Estocada. Y punto final a una tarde que hubiera sido una auténtica pesadilla si no es por la guasa del respetable y esas alegrías que se marcó Morante, triunfador en lo que fue en su conjunto un espectáculo desangelado, con un debacle ganadero de Jandilla sin parangón.

GANADERÍA: Corrida de Jandilla, en conjunto desigualmente presentada y de mal juego. En un hecho sumamente curioso, el tercer toro llegó a echarse en el trasteo y morir, en medio de una bronca.TOREROS: Juan Serrano 'Finito de Córdoba', de azul y oro. Dos pinchazos y cinco descabellos (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y un descabello (silencio). José Antonio 'Morante de la Puebla', de ciruela con bordados blancos. Media (saludos). En el quinto, media (oreja). Sebastián Castella, de azul y oro. Su primero se echó en mitad del trasteo y tuvieron que apuntillarlo (silencio). En el sexto, estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza. Domingo 26 de abril de 2009. Decimoprimer festejo. Lleno.

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