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De seda y oro

El toro: una crisis siempre a las bravas

  • La dura realidad del campo bravo agudiza el diagnóstico de una Fiesta en crisis l Altos costes de producción, una sobrepoblación de hierros y una tremenda desunión asolan al protagonista toro

NO es nueva la situación para el particular mundillo de los ganaderos. Si hace más de un siglo eran el elemento imprescindible en los carteles y los carteles de postín llevaban su nombre, está claro a juzgar por todo lo que acontece en la actualidad taurina que de aquella gloriosa época donde los Aleas, Vicente Martínez, Veragua, Miura y otros muchos señores de encopetada cabeza e ilustre levita fundaron la Unión de Criadores ya queda más bien poco.

Al menos el don en los carteles los mantiene aparentemente por encima de los toreros, aunque eso es más ficción que otra cosa, porque en realidad el negocio de los coletas hace estragos con imposiciones y caprichos. ¿Para qué nos vamos a engañar?

Porque el negocio del toro, que anda añadido a ese concepto global de crisis conoce, sin embargo, desde hace mucho tiempo su particular crisis. Esa a la que le sometieron los toreros, los empresarios, la union europea, ministerios varios y CCAA. donde pastan la miscelanea de la cabaña brava española.

El negocio del toro no funciona desde hace ya mucho tiempo. A las inoportunas condiciones climatólogicas de muchos años, a la dehesa de bravo se le añaden desgraciadamente muchos problemas propios e impropios.

A la superpoblación de hierros, asociaciones y otras milongas, la aparición del mal de las vacas locas, la lengua azul y otras varias afecciones marcaron esa línea roja donde el ganadero de lidia comenzó a ver cómo los costes de producción iban variando al alza un año sí y otro, también. Cómo las habituales rastrojeras ya no servían para producir alimento para las vacas madre y cómo las camadas variaban su configuración en las posibilidades de ofrecer un producto variado para según qué plaza y todo se homologaba en torno al toro lo más amplio y granado posible, aunque su destino fuera una portátil. Actualmente y por lo general, euro arriba o abajo, producir un toro, incluyendo costos de mantenimiento de finca, personal, paja y piensos, veterinarios y saneamientos e inutilizacion por peleas o enfermedad, viene a suponer entre 3.500 y 4.000 euros.

Algo razonable era enteneder una cuenta de explotación que enrasara a la par la columna de gastos e ingresos y ello no hace más de 25 años el 70 % de los ganaderos lograba llevarlo a buen puerto. Hoy en día, apenas el 10 lo logra.

Hoy en día, a muchos ganaderos les cuesta reconocer que sus toros no van más allá de los 800 o1.000 euros en el precio, porque esa es la imposición de los compradores ante un mercado saturado.

Hay quienes por recursos o patrimonio se resisten a malvender la dignidad que exige la crianza de un animal que por carácter necesita mucho espacio y mimo durante 4 o 5 años.

Pero no es menos cierto que hierros con mucha tradición ya han pasado a la historia después de llevar a sus toros al matadero y que en esta historia de crisis y declaraciones favorables a la defensa de la Fiesta a pocos, por no decir a nadie, se les ha escuchado decir que los ganaderos de bravo son parte fundamental de esta historia. Que sin toros, sin el campo bravo, ésto no tiene razón de existir..., aunque hay sido el propio sector quien menos lo pensó.

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