Ecos de la extinta judería
En 'Sinagogas de Sevilla', Rafael Cómez retrata la historia y la arquitectura de estos templos
La segunda aljama más importante del Reino de Castilla fue la de Sevilla. Un pasado del que apenas queda rastro físico y del que pocos tienen conocimiento, probablemente porque la herencia de los judíos en la ciudad se fue borrando paulatinamente tras su partida. En Sinagogas de Sevilla, Rafael Cómez Ramos plantea un acercamiento al urbanismo de aquel barrio, en concreto, a través de los tres templos extintos que vertebraron la judería hispalense y cuyos espacios ocupan en la actualidad la iglesia de Santa María la Blanca, la parroquia de San Bartolomé y la plaza de Santa Cruz. Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz y colaborador de Diario de Sevilla, acompañó al autor en la presentación en la Casa de la Provincia de este libro, que supone el título número 104 de la colección Arte Hispalense, que edita la Diputación de Sevilla desde 1972.
Los primeros capítulos de la obra sitúan al lector frente al contexto y la trayectoria social del barrio, citando el autor, por ejemplo, que una antigua tradición dice que los primeros judíos habrían llegado a Sevilla tras la destrucción del primer templo de Jerusalén por Nabucodonosor en el 587 a. C. Entre éstos, en el capítulo La judería de Sevilla aparecen las primeras pinceladas sobre el urbanismo de la antigua aljama. En palabras de Rafael Sánchez Saus, Cómez es capaz de poner frente a los ojos de quien lee aquellos edificios que desaparecieron hace siglos. El autor, consciente de la escasez de restos arqueológicos de este periodo histórico, defiende una reconstrucción que es fruto de una minuciosa documentación.
Además de dar señas y recuperar para la memoria colectiva la distribución de las calles, con sus edificios y palacios más representativos, se detalla cuáles fueron los símbolos hebreos que aparecieron en la ciudad, concretamente desde la llegada de judíos castellanos tras la reconquista de Fernando III El santo, como los hechos que rodearon a las conocidas llaves de la ciudad y de la judería de Sevilla. Alfonso X El sabio, hijo y sucesor del anterior monarca en la corona castellana,fue quien donó a estos habitantes tres mezquitas en la zona que hoy ocupan los barrios de San Bartolomé y Santa Cruz para que fuesen adaptadas al culto hebreo. Son aquellas tres sinagogas las que protagonizan el libro de Rafael Cómez. Una de ellas estuvo en el espacio urbano conocido hogaño como plaza de Santa Cruz. Con la expulsión de los judíos, el templo se adaptó al culto cristiano y durante la ocupación francesa se demolió sin que se volviese a edificar en el solar. La de San Bartolomé sufrió el mismo proceso de adaptación religiosa y, finalmente, se destruyó para construir en el siglo XVIII la actual parroquia homónima. Es, por tanto, la de Santa María la Blanca de la única que se puede decir que mantiene bajo sus cimientos su pasado semita. De hecho, en una reciente restauración del templo se descubrió sobre el altar unos arquillos ciegos que presumiblemente pertenecieron a la originaria sinagoga.
La desmembración y desaparición de la aljama comenzó en 1483, cuando se expulsó a los judíos andaluces que no se bautizasen, después de que los Reyes Católicos instauraran en Sevilla la Inquisición para luchar contra el problema converso en 1478. Un barrio al que se podrá viajar a través de Sinagogas de Sevilla con la ayuda de la imaginación.
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