¿Quién fue Leonor Dávalos, la joven que da nombre a una calle de Sevilla?
Esta trágica historia de lealtad se remonta al siglo XIV.
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Sevilla tiene historia en todos sus rincones y los nombres de las personas que en mayor o menor medida dejaron huella en la ciudad se pueden encontrar en lugares como los nombres de las calles. Es el caso de Leonor Dávalos, cuya calle se encuentra cerca de la Alameda de Hércules.
La leyenda de Leonor Dávalos
Leonor Dávalos fue una mujer que vivió en el siglo XIV y cuyo trágico final llegó con las revueltas protagonizadas por Juan Alonso Pérez de Guzmán contra el rey Pedro I el Cruel. El primero, hijo del conocido como Guzmán el Bueno, pertenecía a la casa de Medina Sidonia y apoyaba a Enrique II de Trastámara como contendiente al trono. Estaba casado con doña Urraca Ossorio de Lara en segundas nupcias, quien es otro de los personajes relevantes de esta trágica historia.
En el año 1367 por los disturbios que tuvieron lugar en la ciudad, doña Urraca fue arrestada y acusada de incitar la rebelión y conspirar contra el y Pedro I. La noble fue juzgada y declarada culpable. Su sentencia fue ser quemada viva en la hoguera.
La ejecución tuvo lugar donde hoy en día se encuentra en la calle de Tinajas y cerca del lugar en el que la calle de Leonor Dávalos recuerda su papel en esta historia.
Al parecer cuando doña Urraca se encontraba ya en la pira, el aire caliente de la hoguera hizo que la falda de la mujer se levantara, dejándola casi desnuda ante el gentío. Esto causó que los asistentes a la ejecución comenzaran a burlarse de la mujer, algo que Leonor Dávalos, allí presente, no pudo aguantar más.
Leonor era una joven que se encontraba al servicio de doña Urraca, según las diferentes fuentes pudo ser una criada, su ahijada o simplemente la protegida de esta noble, aunque en lo que hay consenso es su lealtad hacia ella. Al ver a doña Urraca en esa situación, saltó hacia la pira con el objetivo de cubrir a su señora y proteger su dignidad en el momento de su muerte, algo que según se cuenta hizo con su propio cuerpo y, abrazada a la noble, pereció en la hoguera junto a ella.
Su acto marcó a los presentes e hizo que la joven fuera recordada, tanto en la tumba de doña Urraca en el convento de San Isidoro del Campo como en una calle cercana al lugar de la ejecución.
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