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La Traviesa de Changay, la segunda librería en la historia de San Jerónimo

  • La Traviesa de Changay es la primera librería en más de 20 años de la barriada sevillana

Interior de La Traviesa de Changay, ubicada en el número 6 de la calle Cantina (San Jerónimo).

Interior de La Traviesa de Changay, ubicada en el número 6 de la calle Cantina (San Jerónimo).

El barrio de San Jerónimo, ubicado en el distrito norte de la ciudad sevillana, ha visto pasar por sus locales numerosos comercios, sin embargo, parece haber tenido un asunto pendiente con las librerías. Algunos vecinos más antiguos de la barriada recuerdan cómo, en la calle Valencia, se instaló, allá por la década de los 70, una librería llamada García Lorca. Sea como fuere, este comercio literario no tardó en convertirse en papelería, perdiendo así la primera librería de la historia del barrio.

Hace escasamente dos años, Jesús Madera se instaló en la calle Cantina de la barriada sevillana para inaugurar uno de los reclamos más deseados de los vecinos: una librería. Llegado de Ayamonte, este hombre, que ya es vecino, apostó cuanto tenía en abrir este nuevo comercio literario. “Cuando me planteé qué podía hacer con mi vida caí en la cuenta de que esto era la único que sabía hacer. Sé beber cerveza, pero no sé tirarla, sin embargo, me gusta leer y sé llevar esta clase de comercios”, explica Jesús.

Exterior de La Traviesa de Changay, en el número 6 de la calle Cantina (San Jerónimo). Exterior de La Traviesa de Changay, en el número 6 de la calle Cantina (San Jerónimo).

Exterior de La Traviesa de Changay, en el número 6 de la calle Cantina (San Jerónimo).

El espacio es tan acogedor como su dueño y es que, pese a tratarse de un lugar pequeño, todo está armoniosamente orquestado para regalar al público un ambiente del que no quiere irse. ¿El responsable de esta sensación de hogar? Jesús, que es el encargado de organizar el escaparate y el interior del local.

Tal ha sido el encanto que ha rodeado a La Traviesa de Changay, que su fama ha corrido como la pólvora a través del boca a boca, y es que este establecimiento no ha podido tener mejor acogida por los vecinos. Por ello, cuando se le pregunta por las ventajas de tener una librería en un barrio periférico, Jesús lo tiene claro, y es que, pese a no poder competir con grandes librerías de la talla de La casa del libro, tener su comercio en San Jerónimo le permite conocer a sus clientes y entablar relaciones con ellos. “Es enriquecedor conocer a cada uno de los clientes e ir estudiando cuáles son sus preferencias literarias. A mí me gusta leer, pero es imposible leer todo y conocer todo, por lo que uno va descubriendo nuevos autores y nuevas lecturas gracias a la gente que entra por la puerta”.

Además, explica que, pese a que apenas lleva dos años, ya hay niños a los que ha tenido la posibilidad de ver crecer. Concretamente, cuenta la historia de uno que entró en el establecimiento “en un saquito” y que ahora “recorre la librería a pie y siempre que pasa tiene que pararse a saludar desde la puerta”.

Más allá de esta preciosa anécdota, es innegable que otra de las ventajas de estar ubicado en San Jerónimo es la posibilidad del aparcamiento, lo que supone un punto extra de comodidad a los clientes. Además, la librería se emplaza en la parte nueva del barrio, una zona que desde hace apenas cinco años para acá está empezando a cobrar mucha vida por sus extensos parques infantiles y sus numerosos locales de restauración.

En otro orden de cosas, igual que existe la cara más beneficiosa de un oficio, todo tiene su lado malo. En este sentido, Jesús reconoce que “es duro ser librero. Por un lado, tienes la parte buena de que trabajas para ti, pero ahí también está la trampa, porque el que trabaja para otro cierra la puerta y se olvida. Yo no puedo hacer eso”.

Igualmente, y pese a al cargo adicional de trabajo, este librero y su comercio han llegado a San Jerónimo para hacerse un hueco en el corazón de los vecinos. Ejemplo de ello es José Boza, uno de los usuarios más habituales del establecimiento, quien ha reconocido que “es aire fresco para el barrio. Era necesario tener este tipo de locales que fomentan la cultura y la lectura en un barrio descuidado por las instituciones”.

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