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Riego eficiente por partida doble

  • Las actuales tarifas eléctricas hacen que sea casi inviable la modernización

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Riego eficiente por partida doble

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La modernización de regadíos constituye una de las principales actuaciones en materia de aguas de la última década. Esto es indiscutible. La primera fase del Plan Nacional de Regadíos y el Plan de Choque, ambos ejecutados a finales de 2008, han representado un cambio radical en la gestión del agua, ya que los mecanismos actuales de riego por goteo o tuberías de alta presión permiten dosificar los recursos en lugar de inundar las parcelas como hacen los sistemas tradicionales por gravedad que, ciertamente, apenas ocupan ya una cuarta parte de la superficie agraria.

Sin embargo, también es indiscutible que para ser más eficientes se ha acometido una inversión de más de 5.000 millones de euros, tanto por parte de los agricultores, que nos hemos hipotecado a 50 años, como por parte de las administraciones con las ayudas pertinentes, pero lo que nos hemos encontrado como premio son unas tarifas energéticas que hacen casi inviable esta modernización.

"Pedimos el pago de la potencia realmente utilizada y no de la máxima contratada"

Y es que el escenario actual es muy diferente al que había cuando se diseñaron esos primeros proyectos. De hecho, estas primeras modernizaciones, que reducen más de un 20% el consumo de agua pero necesitan mucha más electricidad para funcionar, se calcularon de acuerdo a unos costes energéticos que en los últimos años se han disparado para cubrir el déficit tarifario.

Concretamente, desde que se suprimieran las tarifas especiales en 2008, el término de potencia se ha incrementado en más de un 1.000%, provocando que el aumento medio de la factura eléctrica para el regadío haya sido superior al 100%. Asfixiante e insostenible.

Ante este contexto, administraciones, técnicos y universidades deben aunar esfuerzos para poner el foco en sistemas de riego que ahorren agua y energía como base de una verdadera agricultura sostenible. De lo contrario, no será posible garantizar la viabilidad de la modernización de las cerca de un millón de hectáreas que quedan todavía pendientes de consolidación dentro de la próxima fase del Plan Nacional de Regadíos.

Precisamente, para poder hacer realidad esa doble eficiencia -hídrica y energética-, desde Fenacore no hemos dudado en embarcarnos e impulsar con fuerza un proyecto europeo como Irriman, que tiene el objetivo de promover a gran escala un sistema de riego inteligente capaz de ahorrar hasta un 30% de energía y hasta un 30% de agua, sin afectar a los estándares de calidad que los mercados exteriores exigen a los cultivos, lo que permitirá garantizar nuestra competitividad. Este proyecto se lleva a cabo en estrecha colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Consejería de Agricultura de la Comunidad de Murcia, la Universidad Politécnica de Cartagena (UPTC) o la Universidad de Córdoba (UCO), entre otras instituciones, siendo posible gracias a los fondos del programa Life, el instrumento de financiación de la Unión Europea para contribuir a la aplicación, actualización y desarrollo de una política ambiental y climática más sostenible.

El apoyo de la UE ha permitido que Irriman ya se haya puesto en práctica en zonas regables de Murcia y Córdoba, demostrando la viabilidad de esta solución inteligente y automatizada que, mediante un algoritmo, indica de forma muy sencilla al agricultor cómo, cuándo y cuánto debe regar, ajustando al máximo el consumo de recursos.

Sus resultados sirven además de referencia a los regantes de todo el arco mediterráneo, que comparten con los españoles la necesidad, por un lado, de producir más con menos agua en un entorno donde cada vez hay menos recursos per cápita y, por otro, de reducir los costes derivados del alto consumo energético de los sistemas modernizados.

Con las cifras del proyecto Irriman sobre la mesa, que se presentaron públicamente hace escasos días en la Universidad Politécnica de Madrid, los regantes pedimos al Ejecutivo que articule la normativa marco que permita no sólo avanzar en la modernización de regadíos de acuerdo a este doble ahorro de agua y energía, sino también impulsar la producción de energía distribuida para autoconsumo con el fin de hacer efectiva una reducción de las tarifas.

Si bien es cierto que recientemente se consiguió una fiscalidad eléctrica más ventajosa y una reducción de módulos, que está suponiendo ahorro anual medio de un 54 millones de euros al año, se necesitan soluciones complementarias que compensen los 300 millones de euros anuales de sobrecoste que los regantes venimos soportando en los últimos ochos años, basados principalmente en los costes fijos regulados por el Gobierno para compensar ese déficit de tarifa.

De ahí que esta iniciativa europea de riego inteligente, se sume a otras medidas impulsadas por Fenacore como el proyecto Maslowaten, una iniciativa también financiada por la Unión Europea con cinco millones de euros, que está permitiendo impulsar el uso de energía fotovoltaica en los sistemas de distribución del agua, ayudando a compensar las elevadas tarifas eléctricas.

Sin embargo, estas medidas son soluciones parciales, ya que sería esencial completarlas con soluciones como el pago de la potencia realmente utilizada y no la máxima contratada durante los doce meses del año, aunque las estaciones de riego no estén en funcionamiento. También sería crucial adaptar la norma para que en un único contrato podamos modificar dos veces al año la potencia contratada o aplicar un IVA reducido a las comunidades de regantes, igual que se aplica ya a los regadíos en Italia.

No estamos pidiendo un imposible ni tampoco una subvención. Simplemente, solicitamos costes energéticos justos porque con las tarifas actuales la agricultura en general y el regadío modernizado en particular están condenados a desaparecer. Estamos hablando de un sector que, no lo olvidemos, también actúa como motor de la economía del país, con una aportación al PIB del 2,8% en la producción, pero superior al 15% si se tiene en cuenta todo el complejo agroalimentario asociado. Confiemos en que el nuevo Gobierno haga valer también la importancia de estas cifras.

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