Científicos del CSIC descubren un aceite de orujo más saludable

  • Este nuevo producto no necesita disolventes para su extracción · Contiene unos componentes mínimos cuyo consumo prolongado evita la aparición de tumores

El equipo de trabajo de la doctora Valentina Ruiz, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de la Grasa de Sevilla, ha descubierto un nuevo aceite de orujo más "saludable". El "aceite de repaso o de segunda centrifugación", como lo denomina Valentina Ruiz, "es especial, no es aquél al que estábamos acostumbrados". Se obtiene mediante un novedoso método que no emplea disolventes ni altas temperaturas, elementos que derivan en los componentes tóxicos que, algún tiempo atrás, dotaron al aceite de orujo de mala reputación.

La principal ventaja de este producto es que contiene pequeñas cantidades de triterpenos, sustancias que actúan contra las enfermedades cardiovasculares. La ingesta prolongada de estos componentes mínimos "es muy positiva" porque evita la proliferación de las células que dan lugar al astrocitoma, un tipo de tumor cerebral. El aceite de oliva virgen también contiene esta sustancia pero en menor cantidad.

Según la profesora Ruiz, "estos triterpenos proceden de la cutícula de la aceituna", a lo que añade que "no todas las propiedades beneficiosas de este árbol se encuentran en la oliva" y asegura que "quedan por estudiar muchos elementos de otras zonas del olivo, como la corteza o la hoja, que pueden ser muy positivos para la salud".

La patente de este producto está en posesión del Consejo y en este momento se está desarrollando, por lo que se prevé que el aceite de repaso esté en el mercado en aproximadamente cuatro meses.

Éste no es el único descubrimiento relevante de Valentina Ruiz en relación con el aceite, a cuya investigación ha dedicado más de 25 años de su vida. En 1995 llevó a cabo un estudio junto a los doctores José Villar y Aurora Guerrero mediante el que demostraron la propiedad hipotensora del aceite de oliva virgen extra. Dicho hallazgo fue hecho público por primera vez en la revista norteamericana Journal of Hypertension.

Para llegar a esa conclusión introdujeron algunos cambios en la dieta de la comunidad de religiosas del Convento sevillano de Santa Paula. Estas monjas eran hipertensas y algunas también hipercolesterolémicas. El estudio consistió en completar las comidas de estas religiosas con aceite de girasol alto oleico y aceite de oliva. Los resultados desvelaron que entre las consumidoras de este último descendieron notablemente los niveles de hipertensión, no así en quienes tomaron aceite de girasol.

Dichas características saludables de este producto y el hecho de que Ancel Keys, un nutricionista norteamericano especializado en el estudio de la influencia de las dietas en las enfermedades cardiovasculares, desterrase el mito de que el aceite de oliva engorda han llevado a la doctora Ruiz a considerarlo "un lujo insólito para cardiólogos y especialistas en nutrición".

En el trabajo de Keys, habitantes de siete países se sometieron a un seguimiento de su consumo de grasas y concluyó que en la Isla de Creta, en Grecia, se consumía una cantidad de aceite de oliva superior a la media de grasas de otro tipo tomadas por los ciudadanos de otros Estados y, sin embargo, no engordaban. Por ello, la investigadora recomienda su consumo dentro de la dieta mediterránea e insiste en que hay que enseñar a los hijos a "comer bien" desde pequeños y a complementar una dieta sana con ejercicio físico y una relación fluida con los demás, ya que garantiza que "si tenemos problemas sociales, desarrollamos ansiedad y lo pagamos con la comida".

Actualmente, la profesora está enfrascada en la puesta en marcha de dos proyectos nuevos de los que no desvela más que su relación con el aceite de oliva y el de orujo.

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