Greenpeace culmina su sexta acción para pedir el derribo del hotel del Algarrobico

  • Más de cien activistas pintan el inmueble sin producirse detenciones o incidentes de gravedad

"No importa lo que es verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad". La frase de Paul Watson, cofundador de Greenpeace, es el mejor resumen del continuo ir y venir de protestas y reivindicaciones del colectivo conservacionista con el hotel del Algarrobico. No han dudado en volver a tatuar la mole de 22 plantas situada en pleno corazón del parque natural con el lema "hotel ilegal" a sabiendas de que no lo es hasta que no lo determine la justicia. No habrá derribo hasta que llegue el fallo definitivo, posiblemente en el Supremo, que autoriza a las administraciones estatal y regional a poner en marcha la actuación ya planificada y presupuestada de demolición y restauración paisajística de los terrenos. Pero puede ser, sobre todo a raíz de la última sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que esa resolución nunca llegue porque se han abierto nuevas posibilidades de defensa a los precursores de la instalación que comenzó a construirse hace once años.

Ayuntamiento de Carboneras y la mercantil Azata del Sol se han vuelto a mostrar indignados por la ocupación ecologista del polémico edificio de 65.000 metros cúbicos de hormigón con la que Greenpeace quiere promover una costa libre de ladrillo.

Más de un centenar de activistas abandonaron en torno a las 11:20 horas de ayer el inmueble que han convertido en símbolo de la destrucción del litoral dejando a sus espaldas un punto negro de más de 8.000 metros cuadrados que comenzaron a pintar a primera hora del domingo. Es la sexta acción mediática. Esta vez no se han producido detenciones o incidentes de gravedad.

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