Insumisión

  • Más que el voto negativo de los parlamentarios sevillanos de IU, a Valderas y Griñán debería preocuparles la abstención de Manuel Baena, médico y sensato.

MÁS de 25.000 personas rebosaron aquel 27 de septiembre de 2009 el velódromo de Dos Hermanas; Rajoy iba en volandas hacia la Moncloa, mientras la marca ZP comenzaba a agonizar hasta convertirse en un logo zombi a base de practicar una política que no le gustaba. Ya había anunciado que subiría el IVA. En ese momento, en aquel populoso mitin que aventuraba las victorias posteriores del PP, el hijo menor de Juan Ignacio Zoido se acercó a Rajoy mientras éste hablaba al auditorio. A él, también -vino a decir-, "[Zapatero] le ha subido el IVA de los chuches". Menos de tres años después, Rajoy, más presionado aún que Zapatero por Bruselas y, en especial, por Alemania, se dispone a entregar a los hombres de negro una subida aún mayor del IVA, que se sumará al incremento del IRPF, del IBI y del pago de los medicamentos, incluido el de los jubilados, cuyo incremento mensual de las pensiones, de lo que el PP hizo bandera, se habrá esfumado ya. Lo vimos el jueves. Un Rajoy también trasmutado: no es que no se puede gastar lo que uno no tiene, es que no hay forma de tenerlo, vino a decir a la entrada de la última cumbre de Bruselas.

Mientras suben los impuestos, baja la recaudación y el consumo, y si algo se ahorrase, se lo llevan los intereses de la deuda. Queda demostrado: lograr una cifra muy baja de déficit en tiempos de recesión es como intentar atrapar un trozo de hielo entre las manos. Cuanto más presiones, más rápido se derrite.

Ante ello, sí cabe actuar. A Rajoy le corresponde convencer al resto del Eurogrupo de lo que a él le ha costado comprender -la cumbre de Bruselas ha sido, por fin, un hito en su mandato- y a José Antonio Griñán, presidente de la Junta, practicar un sueño de política socialdemócrata en un entorno restrictivo donde no posee la caja de los ingresos. Sólo la de los gastos. Su margen es estrecho: los pensionistas, por ejemplo, se ahorrarán pagar más del tope de su gasto mensual por medicamento gracias a la tarjeta electrónica; no ha cerrado hospitales; ni ha aumentado la ratio de alumnos por clase; ni cancelado los cheques libros, y ha optado por reducir el sueldo a todos los empleados públicos en vez de ponerlos en la calle. Era otra opción, pero él ha preferido la que consideraba menos mala. No obstante, dura. Arrancar 2.500 millones de euros de un presupuesto menguante es casi una ilusión.

Los salarios de muchos empleados de la Administración ya se acercan a los 1.000 euros, y el de profesores, sanitarios y médicos sufre un recorte del que sólo se darán cuenta, realmente, cuando lleguen las nóminas. Los médicos eventuales, que llegan a ser cerca de la mitad en hospitales como el Virgen del Rocío, cobrarán un 10% menos, una proporción similar al tiempo que le restarán a sus pacientes. También esto afecta a la sanidad. El parlamentario de IU Manuel Baena, médico, alcalde durante años de Puente Genil y persona sensata de la federación de izquierdas, no se fue al baño el miércoles pasado cuando se votó el plan de reequilibrio presupuestario de la Junta. Lo ha explicado él: no podía refrendarlo.

La palabra más repetida por los dirigentes de IU en esta semana ha sido insumisión. No es posible, explican. El hombre de negro de Cristóbal Montoro, que es Antonio Beteta -secretario de Estado de Administraciones Públicas y de ideología madrileña-, hubiera cortado el débil chorro de los ingresos de la Junta si el plan no hubiese sido aprobado el miércoles.

El líder de IU, Diego Valderas, mantuvo una reunión muy tensa con su dirección el lunes por la tarde para convencerles de la necesidad del plan, y aquello acabó con el mandato de que los parlamentarios votaran afirmativamente. Valderas contaba con el voto negativo de Juan Manuel Sánchez Gordillo, pero no con el de la también sevillana Marina Segura. Dos votos de IU con el mismo signo del PP, aunque por razones distintas. Y Baena que se sale por convicciones políticas y personales. De 12 votos de IU, sólo nueve. Al PP le faltarían sólo dos más para tumbar una votación, que, en este caso, hubiera acabado con el Gobierno bipartito.

El portavoz de IU, José Antonio Castro; el parlamentario gaditano Ignacio García; el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, y Diego Valderas ya se han referido al mismo hecho: la próxima elaboración de los Presupuestos de la Junta de 2013. Difícilmente, IU aceptaría un recorte más, y es posible que éste llegue. Valderas quiere sacar al Gobierno andaluz a la calle, a colocarlo detrás de las pancartas, quizás sueñe con otro 28-F, pero esta vez todo es peor. "2013 debe servir para dejar esta lógica suicida", dijo el izquierdista Castro a Griñán el jueves, y el presidente contestó: "Aquí no vamos a practicar la insumisión, pero tampoco la sumisión y la trágala".

La rebelión en IU ha sido un serio aviso a un Gobierno atado de pies y manos, y deja una legislatura abierta. Más que los votos negativos de Gordillo y de Marina Segura, debería inquietar la insumisión de Manuel Baena, porque representa a los que opinan que la lógica del hombre de negro hay que romperla y, para políticas ajenas, que la apliquen otros. El papel de IU en el Gobierno es "muy, muy difícil", aseguró el jueves pasado. Y Zapatero sin dimitir, que diría Pepe Caballos.

No hay más natillas

La votación del miércoles del plan de ajuste de la Junta en el Parlamento fue un tanto caótica. Muchos diputados se equivocaron. Las máquinas, no, como advirtió el presidente de la Cámara, Manuel Gracia. "¿Se puede repetir?", se oyó a la parlamentaria socialista de Algeciras Rocío Arrabal. ¿Repetir? ¿Como las natillas o la segunda vuelta de las elecciones francesas? Pues, no. Arrabal pagó su bisoñez al reclamar otra votación; sus compañeros optaron por el silencio.

Rajoy, el pacificador

Más de la mitad del PP va de observador, o de oyente, como asegura Alfonso Guerra que hacía en los Consejos de Ministros. Pero, tras la salida de Arenas, también hay guerritas entre los populares. Son más silenciosas, pero casi más punzantes que en el propio PSOE. Vamos, que ya están los del Antiguo Testamento y los del Evangelio de María Dolores [De Cospedal]. Si España gana hoy y la cumbre sirve para algo, un Rajoy más atento aterrizará mañana en Sevilla con su junta directiva nacional. Para apoyar a Zoido y a Arenas, sobre los que muchos ya ven un paralelismo con Griñán-Chaves. ¿Se acordará Rajoy de sus días negros después de perder sus segundas elecciones?

Un congreso distinto

Para qué mentir, los congresos del PSOE son más divertidos que los del PP. Los socialistas son seres noctámbulos que negocian y negocian hasta el último momento por puestos en la Ejecutiva de los que no se vuelve a saber más después de esa noche. El de Almería, que comienza el próximo fin de semana, camina por un sendero poco común en los socialistas. Los críticos, quizás contadas las fuerzas, se parapetan, y la única duda es quién será el número dos del PSOE. Quien más opciones tiene es Mario Jiménez, portavoz socialista en el Parlamento, de la generación de Susana Díaz y de Rafael Velasco, el que dimitió y se fue a su casa de verdad. Es posible que Griñán no quiera un segundo, un número entero, sino varios, un dos con decimales: diluir ese puesto. Mario Jiménez, el granadino Álvarez de la Chica, el gaditano Juan Cornejo. Es posible, pero, al final, las organizaciones locales y provinciales siempre tenderán a mirar a una persona y, al final, habrá de facto ese segundo que ocupe el puesto de San Vicente. Y si no, Susana Díaz se doblará desde San Vicente. En el PSOE pocos conciben que Díaz sea la segunda en el Gobierno -detrás, de Valderas, claro- y en el PSOE. Nadie nunca tuvo ese poder, sólo Guerra en tiempos de González. Casi imposible: Griñán y Díaz no son lo mismo, como ya se ha visto en Cádiz y Granada con los respaldos a Irene García y Teresa Jiménez.

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